No es una temporada sencilla para Colón, ni desde lo deportivo ni —mucho menos— fuera del rectángulo de juego en la Liga Argentina. A los flojos resultados se le suma un contexto institucional cada vez más complejo, con una Comisión Directiva que cambió con la temporada en marcha y una serie de incumplimientos que, lejos de resolverse, se profundizan con el correr de los meses.
Tras la derrota ante Villa San Martín, el plantel tomó una decisión contundente: no volver a entrenar hasta que se regularice el pago de los haberes adeudados. Una medida extrema que refleja el nivel de desgaste y malestar puertas adentro.
Pero los problemas no se agotan en lo salarial. En las últimas semanas también se registraron faltantes de comidas para los jugadores, inconvenientes en las viviendas y situaciones logísticas difíciles de explicar en el profesionalismo actual, como realizar un viaje en el día a Mercedes para disputar un compromiso oficial.
Todo ese combo termina haciendo aún más pesada la mochila de un equipo que, además de intentar ordenar su presente institucional, debe luchar en la cancha por no cerrar la temporada en el último lugar de la Conferencia Norte. Un escenario adverso que excede lo estrictamente deportivo y expone una crisis profunda que Colón todavía no logra encamina.
