Los vasos reutilizables que muchos usan a diario para café, jugos o agua pueden convertirse en un foco silencioso de bacterias si no se lavan correctamente.
Con cada sorbo, la saliva y el contacto de las manos dejan microorganismos adheridos en el interior del recipiente. Si la limpieza es rápida o superficial, esos gérmenes se multiplican en pocas horas, especialmente cuando el vaso contiene bebidas azucaradas o con grasas y proteínas.
Especialistas advierten que jugos, café o té con azúcar generan un ambiente ideal para el crecimiento bacteriano, mucho más que el agua sola. El riesgo no es menor: una higiene deficiente puede estar vinculada a cuadros de diarrea, vómitos e incluso intoxicaciones alimentarias.
El paso a paso
Para reducir la carga bacteriana y evitar problemas de salud, la recomendación es realizar una limpieza profunda y frecuente. El procedimiento es sencillo, pero debe hacerse bien:
- Desarmar todas las piezas: separar tapas, sellos de goma y pajitas para acceder a cada rincón donde suelen acumularse restos.
- Lavar con detergente y agua caliente: frotar el interior, el borde por donde se bebe y los pliegues internos.
- Prestar atención a zonas difíciles: cepillar roscas, boquillas y rincones, donde suele formarse la biopelícula en la que crecen las bacterias.
- Dejar en remojo si estuvo varias horas sin lavar: unos diez minutos en agua con detergente ayudan a desprender residuos.
- Enjuagar con agua a más de 60 grados: el agua fría no alcanza para reducir de manera efectiva la carga bacteriana.
- Secar por completo: dejar el vaso abierto y al aire hasta que esté totalmente seco antes de guardarlo.
Aunque el recipiente luzca limpio, los estudios muestran que los microorganismos no siempre son visibles a simple vista. Por eso, repetir este procedimiento después de cada uso —o al menos varias veces por semana— es clave para evitar malos olores, sabores extraños y riesgos innecesarios para la salud.