Interés General - Fiesta Popular

Martes 17 de Febrero de 2026 - 08:32 hs

Carnaval: historia, trabajo y una fiesta que transforma ciudades

En diálogo con LT10, la gestora cultural y comparsera Ana Bradanini repasó la historia de esta celebración en el país, su impacto económico y el rol social que cumple en los barrios. También señaló las deudas en materia de género dentro de las agrupaciones.

El fin de semana largo de carnaval vuelve a poner en escena una de las celebraciones más convocantes de la Argentina, con una identidad particularmente fuerte en el Litoral. En este contexto, la mirada de Ana Bradanini —licenciada en Comunicación Social, especializada en gestión cultural y con formación específica en artes del carnaval— aporta una lectura que combina historia, presente y proyección de un fenómeno que excede lo festivo.

Comparsera de Concordia y jurado en distintos corsos del país, Bradanini explicó en una entrevista con LT10 que el formato de comparsa que hoy predomina en Corrientes, Entre Ríos y parte de Santa Fe tiene un origen relativamente cercano.

“El carnaval comparsa llega a nuestro país a través de Paso de los Libres, por el vínculo con Uruguayana y la herencia carioca. Ahí nace Carumbé, la comparsa vigente más antigua de la Argentina, y a partir de eso empieza a expandirse por todo el Litoral”, repasó. Asimismo, diferenció esa estructura organizada de las celebraciones más antiguas vinculadas al juego con agua, los disfraces sueltos y las carrozas.

Origen y trayectoria

Al analizar los antecedentes, ubicó al carnaval dentro del calendario cristiano, pero como resultado de tradiciones previas: “El carnaval en general es un invento de la religión católica en el sentido de ordenar fiestas populares que ya existían y darles un lugar antes de la Cuaresma. Es el amontonamiento de celebraciones como las saturnales o las fiestas de Dionisio”.

En la historia argentina, la festividad tuvo avances y retrocesos. Bradanini recordó que durante la última dictadura militar “ni siquiera se lo prohíbe directamente: desaparece del calendario”, lo que en la práctica lo volvió marginal durante décadas, hasta la restitución de los feriados. También desmitificó la figura de un prócer: “Sarmiento era el emperador de las máscaras, salía a desfilar y fomentaba los carnavales”.

Industria cultural e integración

Más allá de lo cultural, puso el foco en el impacto económico y laboral. “Se ha profesionalizado muchísimo. Hoy hay coreógrafos, escultores, realizadores de vestuario y compositores. La universidad empezó a pensarlo como una industria cultural porque genera trabajo, es un motor económico y un atractivo turístico”, afirmó.

Ese crecimiento convive con un fuerte componente social. “Un chico que encuentra en una batucada un lugar para expresarse está siendo contenido. El carnaval sigue siendo un espacio de integración”, describió. Sin embargo, señaló que el sentido de pertenencia barrial ya no es tan marcado, dado que muchas comparsas pasaron a vincularse con clubes o estructuras mayores.

Perspectiva de género

La equidad aparece como una de las cuentas pendientes. “Es la primera vez en cien años que una mujer dirige una batería en el carnaval de Río. En nuestros carnavales también es muy difícil encontrar directoras, compositoras o diseñadoras”, advirtió. Y marcó una paradoja: “Las comparsas empiezan siempre en la casa de una mujer que presta su patio y su comida, pero cuando se consolidan, la conducción suele quedar en manos de hombres”.

Finalmente, Bradanini resumió el sentido de la celebración: “Es el momento en que una comunidad se da permiso para festejar, para construir algo colectivo y para habitar un espacio mágico”.

Fuente: LT10