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Lunes 16 de Diciembre de 2013 - 16:47 hs

Murió Peter O' toole

El legendario actor de “Lawrence de Arabia” murió el sábado, a los 81 años, en Londres. Estuvo nominado a ocho Oscar, pero sólo recibió la estatuilla por su trayectoria.

Será recordado como Lawrence de Arabia. Como el dueño de uno de los rostros masculinos más finos que hubo en la historia del cine. Y, también, como el actor que más veces fue nominado al Oscar (ocho) sin ganarlo jamás. El sábado, a los 81 años, murió en el hospital Wellington de Londres, a raíz de “una larga enfermedad” no precisada, Peter O’Toole.

Hijo de un irlandés y una escocesa, había nacido entre junio y agosto de 1932, aparentemente en Connemara, Irlanda: la fecha y el lugar nunca estuvieron del todo claros. Sí que creció durante la Segunda Guerra Mundial en Leeds (Inglaterra), donde su padre, un ex futbolista, trabajaba como corredor de apuestas. A los 14 años abandonó la escuela y entró como aprendiz en el diario The Yorkshire Evening Post. No le gustó demasiado el periodismo, pero sí los periodistas: “Los tipos se emborrachaban después de entregar alguna nota decente”. Empezaba su vínculo con el alcohol, una adicción que lo llevaría a ganarse fama de conflictivo y, a mediados de los ‘70, a una pancreatitis y un cáncer de estómago. Entonces tuvo que someterse a varias operaciones para que le extrajeran parte del aparato digestivo. “Me sacaron La mayoría de mis cañerías”, bromeó él. Y dejó el alcohol.

Pero volvamos a su primera juventud: a los 19 años, se enroló en la Marina y pasó catorce meses en un submarino. Cuando volvió, decidió sumergirse en otras aguas: las del teatro. Ya había hecho algunos papeles en la adolescencia, y ahora se tomó el asunto en serio: se anotó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art, a la que también asistían Albert Finney, Alan Bates y Richard Harris, que serían amigos de O’Toole y compartirían con él el destino de estrellas cinematográficas.

Después de algunos papeles menores, su primera gran oportunidad en el cine le llegaría al ser elegido para protagonizar Lawrence de Arabia, el personaje que lo inmortalizaría. Su caracterización del teniente T. E. Lawrence, el militar inglés que soñaba con la fundación de un gran imperio árabe, le abrió las puertas de Hollywood junto a toda una camada de grandes intérpretes británicos, tan famosos por su dotes actorales como por sus juergas. Algunos de sus compañeros de parranda eran Harris, Laurence Harvey, Peter Finch y Richard Burton. “Sí, pregonábamos los ’60. Bebíamos en público y hacíamos abiertamente lo que todo el mundo hacía entonces en privado”, declararía O’Toole años más tarde.

Pese a su fama de bon vivant, sostuvo durante dos décadas su matrimonio con la actriz Sian Phillips, con quien tuvo dos hijas. Luego tuvo un varón con su otra pareja duradera, Karen Brown.

Su elegancia llevó a que fuera frecuentemente elegido para interpretar a miembros de la nobleza: hizo de tres reyes, dos emperadores, un príncipe y varios lores. Y hasta de un presidente. “En los sets -decía- hay un dicho tan viejo como el cine: si se quiere determinar quién puede ser un protagonista, hay que comprobar si puede llevar una corona. El papel de rey es el mejor, tanto en la vida como en la ficción. Cuando a uno no le gusta algo, chasquea los dedos y listo, ruedan las cabezas”.

La calidad de sus criaturas llevó a que a lo largo de las décadas fuera acumulando nominaciones al Oscar: por la mencionada Lawrence de Arabia (1962, perdió con Gregory Peck); Becket (1964, perdió con Rex Harrison); El león en invierno (1968, perdió con Cliff Robertson); Adiós Mr. Chips (1969, perdió con John Wayne); La clase dirigente (1972, perdió con Marlon Brando); El especialista del peligro (1980, perdió con Robert de Niro); Mi año favorito (1982, con Ben Kingsley); y Venus (2006, con Forest Whitaker).

En 2003, finalmente, la Academia de Hollywood le dio un Oscar honorífico, que él intentó rechazar. Pidió que lo retrasaran hasta que cumpliera 80, argumentando que aún estaba en actividad y podía ganarse “a ese mocoso”. Cuando le comunicaron que se lo darían, fuera él a recibirlo o no, accedió al reconocimiento.

Lo que también rechazó, por motivos “personales y políticos”, fue el título de caballero de la reina Isabel II, en 1987. Es que O’Toole solía decir lo que pensaba, como por ejemplo: “Al contrario que los actores, el público y los críticos están absolutamente faltos de preparación. Unos sólo piensan en divertirse, y los críticos, que por lo general son artistas frustrados, derraman sobre nosotros su bilis, insatisfacciones y complejos”.

Como suele suceder con tantos actores, pese a que la mayor fama le llegó por el cine, consideraba al teatro su medio natural. Transitó los escenarios más prestigiosos de Londres, Nueva York y Dublín, donde interpretó toda clase de papeles shakespearianos, de Samuel Beckett, de George B. Shaw, de Anton Chejov. Era un gran lector y declamador, sobre todo de los sonetos de William Shakespeare.

Hacia fines de los ‘80 había perdido un poco de terreno. Entonces declaró: “Si no hay un buen papel, hago cualquier cosa con tal de pagar el alquiler. El dinero siempre es una presión. Y si esperás al papel justo, podés esperar para siempre”. En julio del año pasado, luego de haber aparecido en casi un centenar de películas, anunció su retiro: “Mi vida profesional de actor me trajo el apoyo del público, satisfacción emocional y confort material. Estuve en contacto con gente maravillosa, buenos compañeros con los que compartí lo que inevitablemente ocurre a todos los actores: éxitos y fracasos”.