Un scrum suspendido, apoyo a la convocatoria a sesión en el Senado y desaire a la CGT: la Casa Rosada consiguió en los últimos días distintos guiños de los gobernadores rumbo a la discusión por la reforma laboral en la Cámara alta el próximo 11 de febrero. Como contrapartida, las provincias esperan ahora un gesto para compensar las pérdidas en Ganancias que incluye el texto original.
Los caciques planeaban un encuentro en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) el pasado miércoles para presionar a Javier Milei y explorar caminos para morigerar el golpe a la coparticipación que significará la iniciativa de modernización laboral. La convocatoria, impulsada en el tramo final por el peronismo, terminó cayendo en saco roto y evitó una foto incómoda para el Gobierno pero también para algunos mandatarios subnacionales.
Lo cierto es que, más allá de la intervención libertaria, el mitín estaba en duda de antemano. Varios líderes querían ahorrarse una postal que le generara ruido en las conversaciones con Nación. Los aliados Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco), Claudio Poggi (San Luis) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos) avisaron de antemano que no formarían parte.
Otros gobernadores de corte dialoguista admitieron nunca haberlo tenido en agenda. En las horas previas a su suspensión, el encuentro había quedado reducido a un llamado de los jefes provinciales opositores, hoy representados por Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur).
En el medio, el cordobés Martín Llaryora y su vecino santafesino Maximiliano Pullaro esquivaron un encuentro con la conducción de la CGT, que planeaba una gira federal para sumar voluntades contra el proyecto. Sin aval de los caciques por fuera de la órbita PJ, ahora los gremialistas apelan a los gobernadores peronistas para hacer caer la sesión y patear la discusión para adelante.