Cada vez que entramos a los Tribunales no podemos dejar de pensar en lo que significó la administración de justicia en aquellos albores del siglo en que los argentinos ubicaron en este magnífico Palacio la importancia que reviste la aplicación de la ley. Frente a la Plaza Lavalle se yergue su sólida estructura así como, muy cerca, el Teatro Colón sigue una tradición de cultura que esperamos jamás abandonar. A pocas cuadras (construido pacientemente durante varios años) se levanta el Congreso de la Nación seguramente más frecuentado entonces por los legisladores que, sin embargo, hoy juraron dedicarse a legislar.
Por todo este recuerdo de magnificencia apreciamos particularmente, como ciudadanos, la importante obra que, a través de una iniciativa de la doctora Elena Highton de Nolasco, cumple la Suprema Corte de Justicia.
El horror del femicidio y la violencia familiar ocupan las páginas de nuestros diarios y la crónica callejera no hace sino registrar nuevos hechos en los que no se respeta ni la debilidad, ni la infancia, ni las uniones que alguna vez fueron verdad.
Por esto subrayamos que no hay tregua en la labor que cumple la Corte en este campo.
“Hemos creado esta Oficina de Violencia Familiar –explica la doctora Nolasco– porque allí pueden acudir las personas que tengan que buscar amparo en el refugio, cuya ubicación obviamente no se difunde pero que está destinado a brindarles protección contra la violencia. Hace ya más de siete años que estoy en la Corte y, desde un comienzo, pusimos en marcha este Plan. Finalmente, hace tres años que la Oficina está permanentemente abierta. Necesitamos un tiempo prudencial para poner este mecanismo en marcha y capacitar a las personas que se desempeñan allí.”
—La Oficina no se detiene nunca: no hay sábados ni domingos ni feriados en los que allí no se reciban los casos que se presentan.
—Está abierta todos los días. Nunca hemos cerrado esas puertas. Funciona diariamente y las 24 horas. No para jamás.
—Esto por suerte ha trascendido pero, en realidad hoy estamos aquí, doctora, por el incremento impresionante que se ha registrado en la violencia contra la mujer… Cada día aparece un nuevo caso.
—Sí. No sé exactamente cuántos son porque depende de cuál violencia estamos hablando –explica la doctora Nolasco–. Cada vez aparecen más homicidios o femicidios. Lo que no sabemos es si aumentan ¡o si recién ahora se están comenzando a reconocer como tales! Lo cierto es que la violencia doméstica existe en el mundo desde siempre y abarca a todos los países por igual. Lo que me parece importante es que por lo menos haya hoy una concientización. Son hechos que se reconocen. No son crímenes pasionales (por aquello de “¡la amaba tanto que la mató por celos!”) sino que llevan el nombre que les corresponde. En la violencia doméstica, si la mujer quiere dejar al hombre no es posible que la respuesta masculina sea esta atroz violencia.
—Como usted dice, doctora, seguramente hoy los maltratos por estos temas se hacen públicos, pero lo tremendo es que la violencia se extiende a los chicos como un efecto multiplicador.
—Bueno, es cierto. En la violencia muchas veces las víctimas son menores. Incluso ahora (en los casos más graves) vemos que el niño resulta muerto. “Es” el muerto. En general, en estos casos, eran víctimas secundarias. Es decir que presenciaban terribles escenas, escuchaban los gritos. A veces contemplaban asesinatos que para ellos se convierten en violencia psicológica y no es menos terrible. En todas estas historias también, a veces, les toca alguna cachetada (porque el violento difícilmente se detiene), pero este horror de matar niños… por lo menos yo no lo he visto nunca. Quizás es porque recién sale a la luz.
—Es posible, también, que por eso, en este momento, se hable tanto del avenimiento: esa especie de perdón condicionado por una relación enferma y que, a través de un matrimonio, permite la libertad de un violado. Porque, ¿acaso no está comprobado que los violadores reinciden?
—Bueno, todas estas cosas son relativas. Como poner un dogma, un paradigma. En realidad, el avenimiento como figura, como tal, está presente desde el año 1999. Pero antes, aparecía siempre y estipulaba que “el que se casaba con la víctima también se eximia de pena”… Porque la idea en todo esto de los delitos sexuales es que hay, más que nada, una ofensa al honor… Y entonces, como está ofendido el honor de la mujer, la idea antigua es que se repara casándose. Esto, claro, no es así. Empezando porque son, ambos, iguales. Lo que sí, en esta figura, como se ve que hay relaciones previas (por ejemplo, en el caso de La Pampa que ocupa la opinión pública), se trata de de dos años. O sea que no es un mero caso de alguien que está caminando por la calle y la violan en la plaza sino que hay un conocimiento previo. Ciertamente puede ocurrir (suponiendo que se casen), pero no necesariamente implica que tenga que violar de nuevo porque no estamos hablando de un violador frente a un extraño. Pero, bueno, en cuanto a la estadística de violación… no la tengo. Pero se viola mucho, aparentemente hay también reincidencia, pero no sería éste ese tipo de caso puesto que hay una relación previa.
—Pero, desde el sentido común, considerar que el matrimonio de por sí es una especie de institución benéfica es desconocer la vida.
—Sería, claro, un absurdo y más bien una antigüedad. Lo que pasa es que la figura está en el Código y los que se engañan son los legisladores. Hay que derogarla ya. Esto es lo mismo que cuando, en su momento, se habló tanto del infanticidio… En eso, al fin, los legisladores no se pusieron nunca donde debían estar.
—Como ciudadana, espero que hagan un jury político a los jueces. Incluso, uno de ellos en el caso de La Pampa, ni siquiera habló con la víctima. Se limitó a ver el video de las declaraciones de la víctima. No estuvo con ella. Y todos sabemos que el miedo es algo personal que se transmite.
—Yo no quiero juzgar ese caso y sus jueces. Y si estarán o no sometidos a un jury… La libertad de someterlos o no está en la población. Normalmente un error judicial no da lugar a jurys y, por otra parte, es más fácil juzgar con el diario de mañana porque ha habido muchos casos de avenimiento donde estas cosas no pasan. Tampoco se puede, sabiendo lo que pasó ex post, dejar de ponerse ex ante. En una situación siempre hay que ponerse ex ante y ver qué se decide o cómo se puede decidir en una determinada situación.
—¡Qué tarea difícil la de impartir justicia! En su caso, por ejemplo, es toda una vocación de vida…
—Así es. Es una vocación de vida –repite pausadamente la doctora Nolasco–. Yo empecé hace 28 años. Lo que no es poco. Primero, como defensora oficial; después como jueza de Primera Instancia, de Cámara, y luego aquí en la Corte. Es una vocación, pero también el día a día es un desafío. Uno siempre se encuentra con algo distinto. Por eso es tan… sí, tan dramático…–reflexiona–, pero también tan interesante. Le reitero, todo un desafío.
—Por ejemplo, doctora, cuando usted fue defensora, ¿cuáles fueron (sin mencionar, obviamente, los nombres) los casos que marcaron su propia vida?
—Bueno, yo fui defensora civil y no penal. Y tal vez el caso que más me marcó fue el de una niña de alrededor de 12 años que vivía con la madre en un departamento muy pequeño pero que era de ellas. Aunque parezca inverosímil, el padre alquiló ese departamento. Podía hacerlo. Y ellas quedaron en tal desamparo que ni siquiera tenían para comer. Hubo allí todo un juicio de desalojo, de legitimación, y estas chicas quedaron marcadas. Alguna fue luego alumna mía. Seguí el caso y resultó una situación tremenda que fue más allá del expediente. Esto ocurre por las personas, claro, porque justamente cuando uno toma contacto con las personas y no sólo con los papeles, adquiere una visión muy distinta.
—¡Ahí está! Porque usted se ocupó personalmente. Pero, me da la sensación de que, en general, no es usual que los jueces o los defensores tengan una dedicación personal para solucionar los casos.
—Bueno, yo pienso, en cambio, que sí. Que la mayor parte de los jueces y de los defensores se ocupan y se preocupan. Lo que pasa es que los casos más conocidos, los que trascienden, son justamente aquellos en los que el drama surge después de una actuación judicial. De los miles y miles de casos en los que todo salió bien nadie dice nada. Y esto es así. El trabajo normal no llama la atención. En cambio, el error o la posibilidad de error es lo que los medios destacan. Lo demás, no vale la pena.
—¿Hay más casos de defensa de mujeres que de hombres? Porque los hombres también son maltratados. Incluso, golpeados.
—En materia de violencia doméstica tenemos la estadística. Sí, las víctimas, en más del 80% son mujeres. Hay también algunos casos... aproximadamente el 5% son hombres adultos. Los otros varones son niños. Es desde ya un porcentaje mucho menor que el de las mujeres, pero existe. Aquí, en la Oficina, recibimos esos casos, pero el problema es de género y prevalecen las mujeres. En el mundo el tema de la violencia contra la mujer es, incluso, algo más generalizado que la violencia doméstica. Por ejemplo, en las guerras, las violaciones ocurren como parte del botín de guerra. Incluso esto se consideraba como un hecho normal cuando los vencedores entraban al territorio derrotado. Al producirse una invasión los ganadores entraban a los pueblos, tomaban a la niña que más les gustaba y esto era considerado algo normal. Derechos en los que las víctimas eran, claro, mujeres indefensas o, eventualmente, los niños. Y no los hombres. Por eso es importante recordar que hay muchas cosas más que están incluidas en la violencia contra la mujer… La propia Ley lo dice: “hay violencia mediática y de muchas otras formas contra la mujer”.
—¿Cómo es la violencia mediática?
—Se entiende como violencia mediática cuando se exhibe a mujeres desnudas o en situaciones de semidesnudez como objetos y no como sujetos. Esto, desde luego, es parte de una actitud de toda la sociedad que lo permite. Muchas veces las chicas se prestan, sacan dinero y se convierte en un modo de trabajo. Pero, en realidad, si se evitara, no existiría este tipo de violencia que abarca a la mujer en general convirtiéndola en un objeto sexual.
—¿Cuánto influye la droga en todo esto, doctora? Hace cincuenta años (y aun menos) no era un flagelo tan difundido.
—En la violencia doméstica influye la droga pero más el alcoholismo. Incluso hay un estudio realizado por el grupo de lucha contra la droga encabezado por la fiscal y que dirigía la Jefatura de Gabinete, de donde surge que el alcoholismo es una causa mayor que la drogadicción. Se convierte en una drogadependencia pero del alcohol. Y está más generalizado por lo menos en estos casos de violencia doméstica.
—La estadística que antes mostraba a más hombres alcoholizados parece haberse modificado. Las mujeres beben tanto como ellos.
—No tengo esta estadística, pero es cierto que antes había pocas mujeres alcohólicas y hoy, por lo visto, son muchas. Hay situaciones, como la soledad, que agudizan este problema. Observamos una proporción importante de mujeres alcohólicas.
—Es quizás un fenómeno de la gran ciudad....
(La doctora Highton de Nolasco tiene respuestas muy directas. Sonríe pero es muy firme:)
—Mire, a mí me gusta opinar de lo que me consta. De los números que hemos comprobado. Lo demás… bueno, son más bien especulaciones.
—Es verdad. Pero la experiencia periodística nos enseña que el drama de la gran ciudad tiene mucha importancia. La chica que llega del interior y no conoce a nadie y… ahí puede caer en manos de sujetos nefastos. En el mundo, el tema de la trata de personas es tan terrible que parecería un hecho absolutamente establecido.
—Es un delito transnacional, figura en la Convención de Delitos Transnacionales al cual nuestro país ha adherido. Es un flagelo muy grave justamente porque es una fuente de ingresos que está a la par con el tráfico de armas y la droga. Tenemos el tema de la trata sexual y laboral, y la Asociación Internacional de Mujeres Jueces (y en Argentina hemos adherido) se ha movilizado con programas y capacitaciones relacionadas con la trata. Hay que erradicar la trata. Sin duda es difícil pero creo que concientizando a la población y sobre todo a las jóvenes, podremos detectarla con mayores resultados. Por una parte vemos el cuadro de las víctimas: están un poco drogadas, con dificultades económicas, y la situación es grave porque se pierde la conciencia. Esto quiero aclararlo: a la Oficina de Violencia Doméstica que funciona en la Corte Suprema tambien pueden concurrir víctimas de trata porque tambien es violencia doméstica. Está en el ámbito donde conviven y el patrón es muy parecido.
—¿Por qué?
—Porque es un patrón de sometimiento a través de la violencia y la minusvalía de las mujeres a las que además se las convence de que no sirven para nada. Un patrón muy parecido al de la violencia doméstica, y lo importante es que nuestra Oficina está abierta a cualquier hora del día y de la noche. Durante las 24 horas las mujeres pueden venir aquí, a Lavalle 1250, y cuando esto ocurre se las refugia para protegerlas y ponerlas en contacto con un juez o un fiscal que les aconseje cómo seguir adelante.
—Daría la sensación de que estas situaciones se están dando en todas las clases sociales. Esto nos lo comentaba también Eva Giberti, a través del trabajo que cumplen auxiliando a quienes llaman al 137. Lo que ocurre es que en los barrios acomodados son los vecinos los que llaman para denunciar los gritos de las víctimas.
—La violencia doméstica está en todos lados. Puede ser que una persona con mayor poder económico tenga más facilidad para poder salir de la situación, irse de la casa y encontrar un lugar en el que refugiarse, pero tambien hay muchas víctimas que se ocultan por vergüenza social. A veces, hasta la propia madre aconseja a la hija: “¡Aguantá, nena, ya va a cambiar!”. Entonces, frente a promesas de que la conducta va a mejorar, hay enamoramientos intermedios que son hermosos en apariencia, pero allí hay tambien hay un patrón de conducta que es un círculo vicioso. Incluso hay promesas, luna de miel, etc., en las que se cumplen esas promesas hasta que todo se rompe otra vez. Es un círculo vicioso y así ocurre, desgraciadamente.
—Volviendo a la trata de personas, doctora, daría la impresión de que existe una organización internacional tan fuerte que es casi imposible combatirla. El caso, por ejemplo, de Marita Verón, es emblemático. La chiquita que desaparece en el Sur hace ya dos años… La lista es larga y parece que nos encontramos frente a un poder cada vez más fuerte.
—Son redes realmente muy poderosas y, como le decía, es una de las fuentes de dinero más importantes dentro del delito. También es difícil detectar su camino, porque cruza fronteras, les quitan los documentos a las víctimas… Y, a propósito, a nuestra Oficina (repito: Lavalle 1250) pueden venir personas indocumentadas. Las aceptamos porque en muchas ocasiones el explotador les ha quitado los documentos y las ha llevado a lugares donde ni siquiera conocen el idioma. Son organizaciones de extrema peligrosidad y muy difíciles de vencer. Por eso tambien es muy importante que la sociedad tome conocimiento de todo esto, y que tanto madres como hijas (a veces de parajes lejanos) en situaciones vulnerables deben ser protegidas y debe difundirse la práctica de extremar los cuidados.
LT10 - Advertencia sobre la violencia mediática
Domingo 15 de Enero de 2012 - 13:04 hs
Elena Highton de Nolasco: "Cada vez aparecen más femicidios"
La jueza de la Corte Suprema de Justicia considera que la violencia doméstica siempre existió, pero ahora se la reconoce más. Resalta el trabajo de la Oficina de Violencia Familiar, que ella creó, donde se reciben denuncias las 24 horas.
Fuente: Perfil