Mientras en el Congreso se discute una reforma laboral que no promueve la creación de empleo, el panorama económico para el sector empresarial argentino es crítico y se consolida una tendencia de retracción que no parece encontrar un piso cercano. El último Monitor Mensual de Empresas elaborado por la fundación Fundar, con datos a noviembre, registró el cierre de 892 unidades productivas en todo el territorio nacional con respecto a octubre.
Esta cifra, que representa una reducción del 0,2% respecto al mes anterior, no debe leerse como un dato aislado, sino como el síntoma de una enfermedad estructural: se trata de la décimo cuarta caída mensual consecutiva en la cantidad de empresas registradas, refleja el estudio realizado por Guido Zack, Nicolás Sidicaro y Daniel Schteingart.
La magnitud del fenómeno adquiere dimensiones todavía más preocupantes cuando se analiza la perspectiva temporal extendida. En el último año, la destrucción de empresas ascendió a un total de 10.123 unidades, lo que equivale a una baja del 2% interanual y marca la vigésimo primera caída consecutiva en esta comparación.
Sin embargo, uno de los datos más contundente del informe surge al observar el acumulado desde el inicio de la actual administración nacional. Desde noviembre de 2023, la economía argentina perdió 21.938 empresas, lo que representa una sangría del 4,3% del total del parque empresarial del país. Los especialistas de Fundar, este proceso constituye la peor caída en la cantidad de empresas para los primeros 24 meses de un gobierno de la que se tenga registro.
La situación en Santa Fe
En la región, el impacto es significativo. La provincia de Santa Fe es uno de los distritos que muestra la caída absoluta más grandes en la cantidad de establecimientos. La crisis golpea de manera transversal a diversos sectores, pero tiene un ensañamiento especial con la industria manufacturera y los servicios.
El informe cita algunos casos emblemáticos. Un caso que ilustra crudamente esta realidad en el ámbito local es el de Fornax, la metalúrgica rosarina dedicada a la fabricación de hornos y elementos gastronómicos, que se vio obligada a cerrar sus puertas definitivamente. Este cierre se suma a otros casos de resonancia regional y nacional, como el de Lácteos Verónica, que procedió al cese de actividades en tres de sus plantas, dejando tras de sí una estela de salarios adeudados que se arrastran desde diciembre.
El informe de Fundar detalla que la caída es generalizada y afecta a la gran mayoría de los sectores de la economía. De hecho, 13 de los 19 rubros analizados mostraron un retroceso intermensual, mientras que 15 de ellos operan hoy con menos empresas que hace dos años. El sector de transporte y almacenamiento se posiciona como el más castigado, liderando las pérdidas tanto en términos porcentuales como en cantidades absolutas.
Por su parte, la industria manufacturera continúa perdiendo actores clave en su cadena de valor; ejemplos de esto son el cierre definitivo de la fabricante de neumáticos Fate, que derivó en el despido de 920 empleados, o la clausura de la planta textil de TN & Platex en Tucumán. También se destaca el impacto dominó que generan las grandes firmas, como sucedió con el cierre de Whirlpool, que arrastró consigo a empresas de logística como Translog y a proveedoras de piezas plásticas como Novax.
Crisis en diferentes provincias
A nivel geográfico, el mapa del país se tiñe casi por completo de rojo. En el último mes, 18 de las 24 provincias registraron una disminución en su stock de empresas, siendo La Rioja, Misiones y Formosa las jurisdicciones más afectadas en términos relativos. Si se amplía el foco a los últimos dos años, la desolación es casi total: 23 de las 24 provincias argentinas tienen hoy menos empresas que en noviembre de 2023. Santa Fe, a pesar de su robusta base productiva, no ha podido escapar a esta lógica de contracción, registrando una caída interanual del 2,12%.
Este proceso de destrucción de unidades productivas no solo implica la pérdida de capital y conocimiento acumulado, sino que se traduce directamente en una crisis social por la pérdida masiva de puestos de trabajo. Casos como el de la alimenticia Paty, con el despido de casi 200 operarios, o la textil Alal en Corrientes, que dejó a 260 trabajadores en la calle, son solo la punta del iceberg de un modelo que, por ahora, arroja más perdedores que ganadores en el ámbito de la producción nacional.
La persistencia de catorce meses de caída ininterrumpida sugiere que el entramado empresarial argentino se encuentra en un estado de fragilidad extrema, donde la supervivencia se ha vuelto el único objetivo para las pocas firmas que logran mantenerse en pie frente a la caída del consumo y el aumento de los costos operativos.