Ciencia - Animales

Sábado 24 de Enero de 2026 - 11:35 hs

Beso esquimal: la ciencia revela el lenguaje secreto de los mamíferos

Un simple roce de narices entre animales podría ser amor, poder o supervivencia: la ciencia descifra su lenguaje secreto.

Actualizado: Sábado 24 de Enero de 2026 - 11:36 hs

 Al tocarse la nariz, un murciélago reconoce a un amigo; un erizo queda paralizado por la intensidad de la señal química; una rata topo desnuda siente la autoridad de su reina. Ese gesto diminuto, aparentemente trivial, conocido como “beso esquimal”, no es solo un símbolo de ternura. La ciencia contemporánea lo interpreta como un sofisticado lenguaje social que atraviesa especies, culturas y millones de años de evolución.

La investigación de la bióloga Sophie Lund Rasmussen, publicada en Evolution and Human Behaviour, desmonta la idea de que el contacto nariz con nariz es solo un gesto afectivo. Tras estudiar animales tan distintos como murciélagos, castores, cerdos, ratones y erizos, Lund concluye que este comportamiento cumple funciones múltiples: desde el reconocimiento de miembros del grupo hasta la transmisión de información sobre salud, estado reproductivo y jerarquía social. “Si las señales químicas indican que el otro individuo es fuerte y saludable, quizá deciden no pelear”, explica la experta, asociada a la Universidad de Oxford y al Museo Nacional de Historia Natural de Dinamarca. 

Aunque en los humanos el beso suele relacionarse con la intimidad o la excitación sexual, en los mamíferos el “beso esquimal” se convierte en un mecanismo de supervivencia, cohesión y comunicación. Los murciélagos, por ejemplo, saludan y refuerzan la confianza dentro de la colonia con un breve roce de narices; los castores transmiten reconocimiento y lazos familiares; y los cerdos muestran que la cantidad de contactos nasales está ligada al crecimiento y la supervivencia de los lechones. Incluso entre especies solitarias como los erizos, el contacto nariz con nariz puede provocar una “sobrecarga sensorial”, dejando a los animales inmóviles mientras procesan la información química recibida.

El poder oculto del contacto nariz con nariz

En ratones y ratas topo desnudas, el gesto va más allá de la simple comunicación: establece jerarquías y refuerza el poder. La reina de la colonia subterránea utiliza empujones nariz con nariz para controlar la reproducción de los subordinados, un recordatorio de que un roce puede decidir quién domina y quién obedece. La investigadora Carmen Agustín Pavón, experta en ne urobiología, subraya que la señal olfativa llega directamente al centro social y emocional del cerebro en solo dos conexiones neuronales. En otras palabras, un breve contacto puede cambiar el comportamiento de un animal de manera inmediata y profunda.

Un lenguaje ancestral que atraviesa culturas

El beso humano, tal vez, no es más que la transformación cultural de este comportamiento sensorial milenario. Desde el frotamiento de narices en Hawái y Nueva Zelanda hasta la tradición inuit de Groenlandia, distintas culturas han perpetuado esta práctica. Según Lund, que lleva años estudiando los besos humanos y animales, el hecho de que persista indica su relevancia: “Si no cumpliera una función, habría desaparecido”. 

 

Un lenguaje ancestral que atraviesa culturas

El beso humano, tal vez, no es más que la transformación cultural de este comportamiento sensorial milenario. Desde el frotamiento de narices en Hawái y Nueva Zelanda hasta la tradición inuit de Groenlandia, distintas culturas han perpetuado esta práctica. Según Lund, que lleva años estudiando los besos humanos y animales, el hecho de que persista indica su relevancia: “Si no cumpliera una función, habría desaparecido”.

Fuente: Mundiario