La ciudad de Santa Fe se prepara para un encuentro este fin de semana que pone en el centro del debate al fenómeno Therian, un movimiento de personas que se autoperciben como animales. En diálogo con LT10, el psicólogo Osvaldo Chiarlo analizó esta tendencia que crece en Argentina, distinguiendo entre quienes eligen identificarse con un animal por juego (conocidos como furries) y los therians, quienes sienten un impulso o "mandato interno" de que, aunque habitan un cuerpo humano, su esencia pertenece a otra especie, como un felino o un canino.
Chiarlo explicó que este fenómeno puede abordarse desde dos ópticas muy distintas. Desde una visión del siglo XX, ligada a la psiquiatría tradicional, podría catalogarse como una disfuncionalidad o un cuadro de psicosis. Sin embargo, el especialista propone una "escuela integrativa" que contemple la lógica del siglo XXI, donde conceptos como la perspectiva de género y el movimiento LGTB+ han llevado a la sociedad a cuestionar la dicotomía entre lo normal y lo anormal. Según el profesional: "Hay una sociedad que está comenzando a interpelar lo que es el fenómeno de la divergencia más que el fenómeno dicotómico de la normalidad o anormalidad".
Sobre el comportamiento de quienes adoptan esta identidad, el psicólogo advirtió que, si bien puede generar extrañeza, es fundamental evaluar si existe un riesgo real. Si la persona no atenta contra sí misma ni contra la paz social, Chiarlo sugiere a los adultos y padres acompañar el proceso con paciencia, dándose un tiempo de entre 3 y 12 meses para observar si se trata de una "cuestión cool de moda" o una búsqueda de identidad frente a las figuras de autoridad. En este sentido, fue tajante al afirmar que: "Si los adultos se enojan, pierden. Hay que ser en ese sentido de tener mucha cintura emocional".
Para el especialista, este tipo de manifestaciones operan como un mensaje de la sociedad actual que interpela nuestra capacidad de empatía y flexibilidad. Chiarlo comparó el fenómeno con subculturas previas, como la de los "emos", señalando que muchas veces estas expresiones de divergencia ponen en crisis lo establecido y nos obligan a aceptar aquello que, aunque nos resulte extraño, no es necesariamente patológico.
Finalmente, la recomendación para las familias es evitar reacciones agresivas que puedan cerrar los canales de comunicación. La clave reside en la aceptación siempre que se respeten los derechos y la intimidad de terceros, entendiendo que la falta de aceptación suele generar más estrés y patología que el fenómeno en sí mismo. Mientras tanto, la reunión programada en Santa Fe promete ser un espacio de visibilidad para esta comunidad que busca su lugar en la diversidad contemporánea.