Cuando el verano pega fuerte, el cuerpo transpira más y pierde líquido casi sin que lo notes. La combinación de altas temperaturas y humedad —el llamado índice de calor— hace que la hidratación no dependa solo del agua que tomás, sino también de lo que comés a lo largo del día. En ese escenario, las frutas aparecen como una solución simple, fresca y efectiva.
Además de sumar líquido, las frutas aportan electrolitos y nutrientes que ayudan a reponer lo que se pierde con el calor. Tenerlas listas en la heladera no solo resuelve colaciones rápidas, sino que también evita el cansancio y la falta de energía en jornadas largas.
Entre las frutas que más hidratan se destacan el pepino, con hasta un 96% de agua, y el tomate, que ronda el 94%. Muy cerca aparecen la sandía y la frutilla, con alrededor del 92%, ideales para una colación liviana o para cortar la tarde. También el melón y el pomelo, con cerca del 90% de agua, son opciones rendidoras para sumar frescura.
Otras frutas bien de verano son el durazno, el ananá, la frambuesa y el arándano rojo fresco, que superan el 85% de contenido hídrico. Fáciles de comer y de combinar, funcionan tanto solas como en ensaladas, postres livianos o batidos naturales.
La hidratación es clave porque, cuando no se repone lo que se pierde, aparecen señales claras: cansancio, dolor de cabeza, menor concentración y una sensación general de malestar. En chicos y chicas, el riesgo aumenta durante las vacaciones, ya que se mueven más y no siempre piden agua. Como referencia general, se recomienda sostener entre 2 y 2,5 litros de agua por día y acompañar con frutas bien jugosas.
Detectar la deshidratación a tiempo es fundamental. La sed persistente, la sequedad en labios o piel y la orina más oscura o escasa son alertas frecuentes. Si a eso se suma un bajón de energía o dolores de cabeza, conviene reforzar la ingesta de líquidos y sumar frutas con alto contenido de agua.
Para no olvidarse, una buena estrategia es tomar agua en sorbos chicos y frecuentes, incluso sin sed, y dejar siempre una botella a mano. En las comidas, incorporar frutas y verduras frescas suma líquido, potasio, magnesio y fibra. Y un consejo clave: moderar bebidas azucaradas y alcohol, que juegan en contra de la hidratación. En su lugar, frutas bien frías o batidos naturales pueden marcar la diferencia para bancar el calor.