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Viernes 19 de Octubre de 2012 - 10:43 hs
La mortalidad por infarto bajó a casi la mitad entre los internados
El infarto agudo de miocardio –una obstrucción total o parcial en una de las arterias del corazón– sigue siendo el gran cuco de las personas adultas, y con motivos. Sin embargo, el ser consciente de esa amenaza y el conocerlo cada vez más, también permiten desafiarlo: en los últimos quince años, el número de muertes por infarto en pacientes internados en la Argentina se redujo a casi la mitad.
Hace 25 años que la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) viene haciendo estos relevamientos, y “es la primera vez que vemos cambios en la mortalidad”, destaca el doctor Claudio Higa, director del Área de Investigación de la SAC, y coordinador de la Unidad Coronaria del Hospital Alemán.
El estudio SCAR (Registro de Síndromes Coronarios Agudos en Argentina), del que el doctor Higa es el investigador principal, fue presentado en el reciente Congreso Argentino de Cardiología y, debido a la importancia de los datos, tuvo inmediata repercusión en los medios científicos internacionales. El especialista aclara que el estudio se llevó a cabo en centros de salud de mediana y alta complejidad, “por lo que no podemos decir que sean representativos de la realidad de todo el país; pero lo más probable es que en los demás centros también se dé la misma tendencia”.
Los investigadores evaluaron, con la misma metodología, los datos de pacientes internados por infarto –cerca de la mitad de quienes sufren un infarto– en los mismos 47 centros, durante 1996 y en 2011. Y se encontraron con una buena noticia: en ese tiempo, la mortalidad se redujo del 11,3% al 6,4%.
Los especialistas lo atribuyen a varios factores. En primer lugar, a la presteza: los pacientes dejan pasar menos tiempo desde que sufren los síntomas hasta que piden atención médica; los sistemas de traslado al centro de salud son más veloces; y el lapso hasta que los cardiólogos tienen el primer contacto con el paciente es más breve.
“La velocidad y también la calidad del tratamiento”, completa Higa. La desobstrucción de la arteria –llamada reperfusión– puede hacerse, según el caso, con un medicamento trombolítico por vía endovenosa, o con una angioplastia.
“Hay mayor uso del tratamiento de reperfusión, y mayor utilización de la medicación basada en la evidencia”, señala el cardiólogo, en referencia a la generalización del uso de drogas farmacológicamente eficaces durante estos 15 años.
Desde ese aspecto, entre las personas internadas por un infarto ahora may más pacientes que ya venían siendo medicados. El número de quienes tomaban aspirina creció más del 50%. Casi se triplicó la cantidad de pacientes que ya recibían betabloqueantes, un tipo de fármacos empleados para tratar diversas patologías cardíacas.
En similar proporción creció el número de quienes eran tratados con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), un nombre complicado para tratar la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca crónica.
Pero lo que más aumentó –del 2,9% al 26,2%–, es el grupo de pacientes que, antes de ser internados por infarto, recibían estatinas, aplicadas para bajar el colesterol. Sucede que, por otra parte, entre quienes llegan al centro de salud por esa causa hay más personas con hipercolesterolemia. Y también son más quienes sufren de hipertensión.
Sin embargo, el doctor Higa lo atribuye a que los argentinos y las argentinas se hacen más chequeos y consultan con mayor frecuencia al médico, por lo que ahora son más quienes conocen que tienen esos factores de riesgo. Así lo demostraron las Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo, realizadas en 2005 y 2009 por el Ministerio de Salud de la Nación.
En cambio, entre los hospitalizados ha disminuido sensiblemente el número de fumadores, del 53,6% al 38,9%. “El reducir el consumo de tabaco tiene un doble efecto: hay menor número de infartos, y mejor pronóstico cuando ocurren”, subraya el cardiólogo.
Sin embargo, apunta, “el perfil del paciente que llega con infarto es más grave: tiene más antecedentes de infarto (un 68% más), de angioplastia (8 veces más), y de cirugía de by pass previo (el doble). Pero aún siendo más grave –precisa Higa–, el efecto de darle todo el tratamiento de reperfusión y el resto de la medicación es tan beneficioso, que se logra disminuir significativamente la mortalidad”.
Hace 25 años que la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) viene haciendo estos relevamientos, y “es la primera vez que vemos cambios en la mortalidad”, destaca el doctor Claudio Higa, director del Área de Investigación de la SAC, y coordinador de la Unidad Coronaria del Hospital Alemán.
El estudio SCAR (Registro de Síndromes Coronarios Agudos en Argentina), del que el doctor Higa es el investigador principal, fue presentado en el reciente Congreso Argentino de Cardiología y, debido a la importancia de los datos, tuvo inmediata repercusión en los medios científicos internacionales. El especialista aclara que el estudio se llevó a cabo en centros de salud de mediana y alta complejidad, “por lo que no podemos decir que sean representativos de la realidad de todo el país; pero lo más probable es que en los demás centros también se dé la misma tendencia”.
Los investigadores evaluaron, con la misma metodología, los datos de pacientes internados por infarto –cerca de la mitad de quienes sufren un infarto– en los mismos 47 centros, durante 1996 y en 2011. Y se encontraron con una buena noticia: en ese tiempo, la mortalidad se redujo del 11,3% al 6,4%.
Los especialistas lo atribuyen a varios factores. En primer lugar, a la presteza: los pacientes dejan pasar menos tiempo desde que sufren los síntomas hasta que piden atención médica; los sistemas de traslado al centro de salud son más veloces; y el lapso hasta que los cardiólogos tienen el primer contacto con el paciente es más breve.
“La velocidad y también la calidad del tratamiento”, completa Higa. La desobstrucción de la arteria –llamada reperfusión– puede hacerse, según el caso, con un medicamento trombolítico por vía endovenosa, o con una angioplastia.
“Hay mayor uso del tratamiento de reperfusión, y mayor utilización de la medicación basada en la evidencia”, señala el cardiólogo, en referencia a la generalización del uso de drogas farmacológicamente eficaces durante estos 15 años.
Desde ese aspecto, entre las personas internadas por un infarto ahora may más pacientes que ya venían siendo medicados. El número de quienes tomaban aspirina creció más del 50%. Casi se triplicó la cantidad de pacientes que ya recibían betabloqueantes, un tipo de fármacos empleados para tratar diversas patologías cardíacas.
En similar proporción creció el número de quienes eran tratados con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), un nombre complicado para tratar la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca crónica.
Pero lo que más aumentó –del 2,9% al 26,2%–, es el grupo de pacientes que, antes de ser internados por infarto, recibían estatinas, aplicadas para bajar el colesterol. Sucede que, por otra parte, entre quienes llegan al centro de salud por esa causa hay más personas con hipercolesterolemia. Y también son más quienes sufren de hipertensión.
Sin embargo, el doctor Higa lo atribuye a que los argentinos y las argentinas se hacen más chequeos y consultan con mayor frecuencia al médico, por lo que ahora son más quienes conocen que tienen esos factores de riesgo. Así lo demostraron las Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo, realizadas en 2005 y 2009 por el Ministerio de Salud de la Nación.
En cambio, entre los hospitalizados ha disminuido sensiblemente el número de fumadores, del 53,6% al 38,9%. “El reducir el consumo de tabaco tiene un doble efecto: hay menor número de infartos, y mejor pronóstico cuando ocurren”, subraya el cardiólogo.
Sin embargo, apunta, “el perfil del paciente que llega con infarto es más grave: tiene más antecedentes de infarto (un 68% más), de angioplastia (8 veces más), y de cirugía de by pass previo (el doble). Pero aún siendo más grave –precisa Higa–, el efecto de darle todo el tratamiento de reperfusión y el resto de la medicación es tan beneficioso, que se logra disminuir significativamente la mortalidad”.
Fuente: clarin.com
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