En el marco del auge de las criptomonedas y el blockchain, las stablecoins dejaron de ser un instrumento exclusivo de dicho ecosistema para comenzar a consolidarse como opción para operar en dólares en América Latina y Argentina.
El uso de de las stablecoins crece tanto en personas físicas como en empresas en busca de poder acceder a una moneda estable en economías atravesadas por la inflación y las restricciones cambiarias, así como limitaciones en el sistema financiero tradicional.
Se trata de una variante de las criptomonedas cuyo valor, a diferencia del bitcoin y otras divisas digitales, se encuentra atado a un activo estable. En la mayoría de los casos, su precio replica al del dólar estadounidense en una relación de 1 a 1. Las más utilizadas con USDT (Tether) y USDC (USD Coin).
Otra diferencia con las criptomonedas autónomas es que las stablecoins no tienen un valor volatil al estar atadas al dólar y otras divisas estables. Son como dólares virtuales que pueden almacenarse en billeteras virtuales y pueden enviarse o recibirse desde cualquier parte del mundo sin intervención directa del sistema bancario tradicional.
Según la plataforma de análisis RWA.xyz, el mercado de las stablecoins superó los USD 300 mil millones a mediados de marzo de 2026, y cuenta con 236 millones de usuarios en todo el mundo, un indicador de que se está ante un fenómeno estructural.
En este contexto, América Latina surge como una región en donde el uso de estos activos se encuentra en aumento. En Brasil, por ejemplo, el 90% del flujo cripto se encuentra relacionado a stablecoins, especialmente en pagos y compras internacionales.
Argentina refleja una de las tasas de adopción más altas de la región de estas divisas digitales: un 20% de loa adultos utiliza criptoactivos, incluyendo stablecoins, pero su uso se concentra en el resguardo de valor.