Hay derrotas que pesan más que otras. Y la de Colón en el Nuevo Francisco Urbano entra en esa categoría. No solo por el rival, Deportivo Morón, que llegaba golpeado, sino por la forma en la que el equipo de Ezequiel Medrán transitó el partido: sin reacción, sin solidez y sin señales de carácter.
Una oportunidad desperdiciada
El contexto era ideal para dar un paso firme en la pelea por la cima. Enfrente estaba un competidor directo, con la posibilidad de estirar diferencias o, al menos, sostener la ventaja. Pero Colón no supo aprovechar el escenario y terminó siendo dominado de principio a fin.
Nunca logró meterse en partido. No hubo rebeldía ni capacidad de respuesta ante un rival que, con orden y decisión, lo superó en todos los sectores.
Un equipo que se desarma lejos de casa
La constante empieza a repetirse. Cada vez que Colón sale de Santa Fe, su rendimiento cae de manera marcada. Lo que muestra en el Brigadier López o incluso en algunas visitas puntuales, desaparece en compromisos de mayor exigencia.
Y esta vez no fue la excepción. Morón encontró espacios con facilidad y lastimó cada vez que se lo propuso, dejando en evidencia un equipo vulnerable y desordenado.
Fallas individuales que agravan el cuadro
El bajo nivel colectivo estuvo acompañado por actuaciones individuales lejos de lo esperado. Pier Barrios y Federico Rasmussen no lograron sostener la última línea, mientras que por las bandas Emanuel Beltrán y Conrado Ibarra fueron superados con frecuencia.
En la mitad de la cancha, Federico Lértora nunca logró imponer condiciones y terminó involucrado en una acción que derivó en un gol rival. A eso se sumó la expulsión de Matías Muñoz, que terminó de complicar un panorama ya adverso.
Arriba, el equipo tampoco encontró soluciones. Ignacio Lago estuvo desconectado, Lucas Cano no aprovechó una situación clara para instalarse en el equipo nuevamente y Alan Bonansea quedó aislado, peleando en soledad. Dentro de un contexto negativo, Ignacio Antonio fue uno de los pocos que intentó darle algo distinto al equipo.
Lo que más inquieta es el contraste. Hace apenas unos partidos, Colón se mostraba sólido, con triunfos convincentes ante San Miguel y Racing de Córdoba, además de una victoria de carácter en Paraná frente a Patronato.
Sin embargo, esta versión en Morón pareció la de un equipo completamente distinto, más cercano a los que luchan en el fondo que a un candidato al ascenso.
Más allá de lo táctico, el interrogante pasa por lo mental. Colón necesita sostener una identidad que hoy aparece de manera intermitente. Si no logra regularidad, su objetivo de ascenso empezará a complicarse. Por ahora, la sensación es clara: el Sabalero alterna demasiado. Y en una categoría tan exigente como la Primera Nacional, esa irregularidad se paga caro.