Netflix se unió a la ofensiva legal liderada por Disney y la Motion Picture Association (MPA) contra ByteDance, acusando a su nuevo modelo de inteligencia artificial, Seedance 2.0, de utilizar contenido protegido sin autorización.
La plataforma de streaming envío una carta de cese y desistimiento en la que amenaza con emprender “litigios inmediatos” si la tecnológica china no retira su propiedad intelectual de los conjuntos de datos de entrenamiento. La denuncia surge tras la difusión de vídeos generados con IA que muestran un realismo profesional, incluyendo representaciones de actores y elementos icónicos de series originales.
La directora de litigios de Netflix, Mindy LeMoine, fue contundente al describir el impacto de esta herramienta en la industria cinematográfica. Según detalló en la misiva, la compañía considera que Seedance “actúa como un motor de piratería de alta velocidad, generando grandes cantidades de obras derivadas no autorizadas utilizando los personajes icónicos, mundos y narrativas guionizadas de Netflix”.
Además del retiro del contenido, Netflix exige que ByteDance implemente salvaguardas tecnológicas para evitar futuras infracciones de derechos de autor. LeMoine sentenció que la plataforma no permitirá que sus activos sean explotados sin permiso.
Es una locura lo que lograron con IA: Brad Pitt y Tom Cruise peleando en una terraza. Ya ni los van a llamar para una próxima película. pic.twitter.com/GWHIF2IMpN
— Gonzalo (@gonziver) February 11, 2026
Para ello, la empresa otorgó un plazo de tres días a la firma china para responder a las exigencias planteadas en el documento legal. Ante la creciente presión de Hollywood, ByteDance anunció recientemente que está tomando medidas para reforzar las salvaguardas de su modelo multimodal, diseñado para generar imágenes y vídeos con efectos visuales realistas y sonido estéreo.
Sin embargo, la tensión se mantiene elevada tras la publicación de piezas audiovisuales altamente convincentes, como una pelea entre Tom Cruise y Brad Pitt compartida por el director Ruairi Robinson. La industria insiste en que estas herramientas no pueden operar a costa de la propiedad intelectual ajena bajo el pretexto de la innovación técnica.