La velocidad con la que una persona toma decisiones no depende sólo de su personalidad o experiencia, sino también del entorno en el que se formó. En la era de la hiperconectividad, las notificaciones permanentes, las múltiples pantallas y la necesidad de comparar opciones de manera constante modificaron el funcionamiento de la atención y los tiempos de elección.
Diversos estudios en psicología y neurociencia sostienen que quienes crecieron sin internet estuvieron expuestos a un volumen mucho menor de estímulos simultáneos. Esa diferencia en la carga de información diaria favorecía procesos mentales más directos, con menos interferencias y menor agotamiento cognitivo.
El concepto de sobrecarga cognitiva, desarrollado por el psicólogo John Sweller, plantea que el cerebro tiene una capacidad limitada para procesar datos al mismo tiempo. Cuando ese límite se supera, el rendimiento baja y las decisiones se vuelven más lentas. En contextos previos a la hiperconectividad, la cantidad de variables a evaluar era menor y, por lo tanto, el proceso de elección resultaba más rápido.
A eso se suma el impacto de la multitarea digital. Un estudio de la Stanford University comprobó que quienes alternan de manera frecuente entre múltiples fuentes de información tienen más dificultades para filtrar lo irrelevante y sostener la concentración. La fragmentación de la atención obliga al cerebro a reiniciar el proceso de análisis una y otra vez, lo que demora la decisión final.
El estrés también juega un papel clave. El informe Stress in America de la American Psychological Association vincula el uso constante de tecnología y redes sociales con mayores niveles de tensión y menor capacidad de enfoque, dos factores que afectan la rapidez para resolver.
Otro punto central es el exceso de alternativas. En The Paradox of Choice, el psicólogo Barry Schwartz advierte que tener demasiadas opciones genera ansiedad y lo que denomina “parálisis por análisis”. Antes de internet, muchas decisiones cotidianas implicaban comparar pocas variables; hoy pueden requerir revisar reseñas, precios, plataformas y opiniones en simultáneo.
La teoría de los dos sistemas de pensamiento del Nobel Daniel Kahneman, desarrollada en Thinking, Fast and Slow, aporta otra explicación: cuando la información es excesiva, el sistema analítico —más lento y demandante— permanece activo por más tiempo, lo que retrasa la elección.
A esto se suma la llamada fatiga decisional. Investigaciones publicadas en el Journal of Personality and Social Psychology muestran que tomar muchas decisiones consecutivas reduce el autocontrol y afecta las elecciones posteriores. En la vida cotidiana previa a la digitalización, el número de microdecisiones era considerablemente menor.
En síntesis, la evidencia científica indica que la rapidez para decidir no está asociada a una supuesta “ventaja generacional”, sino a un contexto con menos estímulos, menos interrupciones y menos opciones simultáneas. Un escenario que permitía concentrarse en lo esencial y resolver con mayor agilidad.