La Universidad Nacional del Litoral (UNL) avanza en un ambicioso proceso de transformación de Ciudad Universitaria a partir de la ejecución de obras de infraestructura que impactan directamente en la calidad de vida de la comunidad universitaria y en la proyección futura del predio. Cloacas, energía eléctrica, agua potable y nuevas sendas peatonales conforman un paquete de intervenciones que, en conjunto, representan una inversión aproximada de 900 millones de pesos.
Las obras fueron presentadas en el marco de la aprobación del Plan Maestro de Infraestructura por parte del Consejo Superior de la casa de estudios, un documento estratégico que ordena el crecimiento de la Ciudad Universitaria a mediano y largo plazo y que reconoce a este espacio como el principal campo de destino de los futuros proyectos.
“Es un documento muy importante porque marca las líneas hacia adelante y ordena las cuestiones del crecimiento a mediano y largo plazo”, explicó Marcelo Saba, director de Obras y Servicios Centralizados de la UNL. “De todos los polos de la universidad, Ciudad Universitaria es el lugar donde podemos crecer por su ubicación estratégica y por contar con un suelo disponible de 45 hectáreas”.
Actualmente, Ciudad Universitaria alberga a cinco de las diez unidades académicas de la UNL, además de institutos de doble dependencia, instalaciones deportivas, residencias, hotelería y servicios complementarios. En ese contexto, se estima que el 50% de la capacidad instalada de la UNL tiene asiento en este polo de desarrollo, configurando un entramado urbano complejo que funciona como una verdadera “mini ciudad”.
Un plan para crecer de forma ordenada
El Plan Maestro de Infraestructura fue desarrollado bajo la coordinación del Arq. Miguel Irigoyen y el equipo técnico del Programa de Planificación Edilicia de la Dirección de Obras de la UNL, y establece criterios de uso del suelo, densidad edilicia, movilidad, servicios y sostenibilidad ambiental.
Según detalló Saba, el predio se organiza en tres grandes áreas: una recreativa-deportiva, una académica consolidada —sobre la traza de la Ruta Nacional 168— y un nuevo sector crecimiento Este, de siete hectáreas consolidado mediante refulado, espacio considerado estratégico para el crecimiento futuro.
“En esas nuevas hectáreas decidimos proyectar aulas comunes de uso compartido con una escala compatible con lo que ya existe”, señaló. “Pero para poder construir, primero necesitábamos garantizar toda la infraestructura que no se ve: la que está enterrada y que es absolutamente fundamental para cualquier expansión”, agregó el arquitecto.
El plan establece, además, una consigna urbanística clara: solo se podrá edificar sobre el 50% del suelo disponible, manteniendo una fachada urbana promedio de media densidad —planta baja y dos niveles— y reservando el resto para espacios verdes y la reserva ecológica central, concebida como el “pulmón” del predio.
Cloacas, energía, agua y veredas
Las obras ejecutadas durante el último año responden a esa lógica de preparación del territorio. La primera intervención fue la ampliación del sistema cloacal, con una inversión de 60 millones de pesos, que permite colectar los efluentes de las nuevas manzanas y derivarlos, mediante un sistema de bombeo, a la cloaca máxima de la ciudad.
A esta obra se sumó la instalación de una nueva subestación de energía eléctrica de 200 KVA, ubicada en un punto estratégico del predio, con una inversión de 150 millones de pesos. La infraestructura permite ampliar la capacidad energética y mejorar la iluminación urbana de estacionamientos y áreas verdes.
La tercera intervención corresponde a la ampliación del suministro de agua potable, actualmente en etapa final de ejecución, en articulación con Aguas Provinciales. “Calculamos el crecimiento en metros cuadrados de cada manzana y diseñamos una distribución de red domiciliaria, para que cada edificio tenga provisión de agua en la puerta”, explicó Saba.
Finalmente, se concretó una de las obras más visibles: la construcción de 1.500 metros de sendas peatonales de hormigón raspinado, con baldosas podotáctiles para personas con capacidades diferentes, por un monto de 450 millones de pesos.
“Son veredas de altísima calidad, con tres tramos bien diferenciados: uno que conecta las unidades académicas con el Parque Tecnológico, otro que une el área recreativa con el área de la Dirección de Salud y un tercero que vincula el pórtico de ingreso del Predio UNL – ATE con la rotonda de la costanera”, detalló el funcionario.
Movilidad y sostenibilidad
Las nuevas sendas no solo mejoran la accesibilidad interna, sino que también fortalecen la seguridad y promueven una movilidad más sustentable. “Buscamos generar recorridos seguros para que los estudiantes puedan salir de noche por dentro del predio, sin transitar por zonas externas”, indicó Saba.
En paralelo, la UNL impulsa políticas para desalentar el uso excesivo del automóvil, fomentar el uso transporte público, la bicicleta, la caminata y todas las prácticas saludables. Actualmente, a Ciudad Universitaria ingresan alrededor de 280 unidades del transporte público de pasajeros por día, correspondientes a cinco líneas urbanas e interurbanas.
“El auto tiene que tener un límite. No puede ocupar toda la composición del espacio”, sostuvo. “Las bicisendas, las sendas peatonales y la mejora en la iluminación ayudan a construir otra cultura de movilidad”.
En un contexto económico complejo, la inversión representa un esfuerzo significativo para la institución. “Fue un aporte muy importante en un año muy especial para la economía universitaria”, reconoció el funcionario. “Pero planificar en tiempos de crisis es una tradición de la universidad”, concluyó Saba: “preparamos los proyectos para cuando las condiciones mejoren. Y cuando eso pasa, las obras ya están pensadas, consensuadas y listas para concretarse”.