En el marco del debate que se reabre en el Congreso Nacional por el tratamiento de la Ley Penal Juvenil, impulsada por el Gobierno en sesiones extraordinarias, la Iglesia Católica volvió a fijar su posición contraria a la baja de la edad de imputabilidad y reclamó un abordaje integral de la problemática.
La postura fue expresada por el padre Dante Debbiagi, capellán de la cárcel de mujeres de Santa Fe e integrante del equipo de Pastoral Carcelaria de la Arquidiócesis de Santa Fe, quien recordó que la Iglesia viene analizando el tema “desde hace tiempo” y que su posición quedó plasmada en una declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, difundida en marzo del año pasado.
“El documento se llamó Más oportunidades que penas y planteaba que es una idealización creer que la solución de la inseguridad es bajar la edad de imputabilidad sin considerar sus causas”, señaló el sacerdote.
Debbiagi explicó que el régimen penal juvenil requiere un tratamiento “muy distinto al de los adultos” y advirtió que las respuestas meramente punitivas no resuelven el problema de fondo. “Sabemos que muchas veces la cárcel no es una solución para reinsertar a las personas. Incluso, en muchos casos, son personas que nunca estuvieron realmente insertadas en la sociedad”, afirmó.
Desde su experiencia pastoral, el capellán remarcó la falta de oportunidades que atraviesan muchos jóvenes en contextos vulnerables: dificultades en el sistema educativo, ausencia de contención familiar, falta de capacitación laboral y un entorno social que no ofrece alternativas reales. “Cuando se deja la escolaridad, empiezan a aparecer muchos otros problemas que hacen muy difícil que un chico pueda construir un proyecto de vida”, sostuvo.
Consultado sobre la posibilidad de reinserción, Debbiagi reconoció que es un proceso complejo, pero posible si existen políticas sostenidas en el tiempo. Como ejemplo, mencionó experiencias como el sistema APAC en Brasil, donde se trabaja en la recuperación integral de la persona y en la reinserción gradual al mundo laboral y social.
El sacerdote también hizo hincapié en el impacto que tiene el encarcelamiento de mujeres en sus familias. “La ausencia de la madre genera una problemática distinta y mucho más compleja, porque suele ser la principal referente del hogar y de los hijos”, explicó.
En relación con casos recientes que reavivaron el debate público, como el de Jeremías Monzón, Debbiagi aclaró que el documento de la Iglesia no se refiere a situaciones puntuales, sino a una realidad estructural. “Entendemos el dolor de las familias y la gravedad de estos hechos, pero el planteo es más amplio: poner a un chico en la cárcel, ¿qué sentido tiene si no hay un proceso que lo recupere como persona?”, reflexionó.
Finalmente, el capellán subrayó que la responsabilidad no recae únicamente en el Estado. “Esto no es solo del gobierno: es de toda la comunidad. Tenemos que preguntarnos qué hicimos como sociedad antes de que esos chicos llegaran a delinquir”, concluyó.