Colón tomó una decisión que no pasó inadvertida y que rápidamente generó ruido: prescindió de los servicios de Adrián Marini, histórico exjugador y trabajador del club durante las últimas dos décadas.
La determinación fue comunicada en las últimas horas por el área de recursos humanos, en una acción que muchos consideran poco cuidadosa teniendo en cuenta la trayectoria, la pertenencia y el vínculo afectivo que Chupete construyó con la institución. Su salida marca un final de ciclo inesperado, tanto para él como para buena parte del universo rojinegro.
La desvinculación de Marini no es un hecho aislado. Forma parte de una decisión general de la nueva conducción, que ya había comenzado con la salida de Martín Minella y la disolución de la estructura formativa anterior, en el marco de un profundo reordenamiento impulsado por la dirigencia y la dirección deportiva. Sin embargo, el caso de Chupete tocó una fibra sensible.
Es que Marini no fue un nombre más dentro del club. Ídolo, exjugador y referente de notable sentido de pertenencia, su figura siempre estuvo asociada al compromiso con Colón, más allá de los cargos que le tocó ocupar. Por eso, la noticia abrió un fuerte debate entre socios, hinchas y el ambiente interno, donde muchos cuestionaron no tanto la decisión en sí, sino el modo y el contexto en el que se ejecutó. Asímismo, se le quiere pagar por solo los últimos dos años, cuando tiene 20 de antigüedad.
Ya se trabaja en el acuerdo económico correspondiente a la indemnización, para cerrar formalmente el vínculo laboral. Mientras tanto, el impacto emocional de la medida sigue latente y expone una vez más la tensión que suele generarse cuando los procesos de reestructuración chocan con la historia y los símbolos.
La decisión deportiva es q no continúe en el club. La idea económica es pagarle los dos últimos años trabajados. Si no me equivoco, chupete tiene casi 20 años en el club....... pic.twitter.com/dKvXnPF9UH
— Matias Lorefice (@MatiLorefice) January 13, 2026
Para Adrián Marini, se trata del cierre de una etapa extensa y significativa. Para Colón, una decisión que deja heridas abiertas y que obliga a la dirigencia a administrar no solo un cambio de nombres, sino también la sensibilidad que rodea a sus emblemas.