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Viernes 19 de Agosto de 2011 - 09:38 hs
Hallaron un santuario y veinte kilos de droga en un "quiosco" rosarino
Una casa precaria, dos ventanas tapiadas y mucho movimiento a toda hora. Eso hacía presagiar el funcionamiento de un quiosco de drogas, aunque recién cuando los vecinos lo denunciaron, la Policía Federal puso manos a la obra. Ayer los efectivo llegaron con una orden de allanamiento y comprobaron que la vivienda era un punto de venta de estupefacientes. Secuestraran una importante candidad de marihuana y cocaína pero la mayor sorpresa fue hallar en una de las habitaciones un santuario de San La Muerte, figura venerada en el mundo del delito. Como corolario del procedimiento, se llevaron arrestado a un menor de 15 años que anoche ya había regresado con sus padres.
Todo se inició hace un par de meses cuando a la Delegación Rosario de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal llegó una denuncia anónima en la que se sostenía que en Tarragona 1150 bis, en el barrio Fisherton Norte, se vendían estupefacientes. Entonces se inició una investigación que se profundizó el sábado pasado, cuando en Juan B. Justo al 7900 fue asesinado de un disparo Iván Bisbal, un chico de 14 años que estaba junto a un grupo de amigos. Ese día, cuando La Capital llegó al barrio para recabar testimonios sobre el homicidio, algunos vecinos dijeron que el problema era que muy cerca de allí "funciona un quiosco de venta de drogas" al que iban todos los chicos de la zona.
Menor al frente. Ese dato impulsó a los agentes federales que ayer, con una orden de allanamiento librada por el juez Marcelo Bailaque llegaron al lugar. Tras ingresar, los pesquisas se toparon con un chico de 15 años que tenía en su poder un revólver calibre 22 con proyectiles y que dijo estar "encargado" de atender a los clientes que llegaban al quiosco para comprar a través de un pequeño agujero que había en una de las ventanas tapiadas del frente. La presencia del menor, algo que parece habitual en este tipo de emprendimientos debido a su inimputabilidad, "tapa a los verdaderos dueños del negocio", dijeron los hombres de azul que actuaron con el apoyo de el Grupo de Respuesta Inmediata Federal (Grif).
En su recorrida por la casa, "desamoblada e inhabitable", los oficiales federales encontraron 800 bochitas de cocaína de unos 2 gramos cada una y cuyo pesaje final hasta anoche no había sido confirmado; y 18 ladrillos de marihuana con un peso promedio de un kilo cada uno.
Pero lo más llamativo aún no se había presentado a la vista de los policías.
Todo negro. En una de las habitaciones de la casa, toda revestida con "finos cerámicos negros", encontraron un santuario dedicado a San La Muerte, un santo originario de la religión guaraní no reconocido por la iglesia católica y cuyo origen se remonta a la veneración de los huesos de los antepasados, a quienes sus devotos piden protección contra los fenómenos naturales y las fuerzas espirituales malignas.
Imágenes religiosas, claveles rojos, velas y una caja de vidrio con la figura del santo pagano, daban marco al lugar que llevó a los pesquisas a pensar que allí no sólo funcionaba un quiosco de drogas sino también un templo al que concurrirían maleantes del barrio antes de salir de tropelías. Es que San La Muerte está asociado con algo diabólico y algunos, incluso, lo relacionan con delincuentes, narcotraficantes, asaltantes y mafiosos.
El arresto de un chico de 15 años en el quiosco de drogas allanado ayer puso de relieve la reiteración de procedimientos en los cuales aparecen menores atendiendo esos lugares. El lunes se conoció el caso de dos hermanos al frente de un quiosco de la zona oeste y el presunto secuestro de uno de ellos por parte del narco en el marco de un conflicto.
Todo se inició hace un par de meses cuando a la Delegación Rosario de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal llegó una denuncia anónima en la que se sostenía que en Tarragona 1150 bis, en el barrio Fisherton Norte, se vendían estupefacientes. Entonces se inició una investigación que se profundizó el sábado pasado, cuando en Juan B. Justo al 7900 fue asesinado de un disparo Iván Bisbal, un chico de 14 años que estaba junto a un grupo de amigos. Ese día, cuando La Capital llegó al barrio para recabar testimonios sobre el homicidio, algunos vecinos dijeron que el problema era que muy cerca de allí "funciona un quiosco de venta de drogas" al que iban todos los chicos de la zona.
Menor al frente. Ese dato impulsó a los agentes federales que ayer, con una orden de allanamiento librada por el juez Marcelo Bailaque llegaron al lugar. Tras ingresar, los pesquisas se toparon con un chico de 15 años que tenía en su poder un revólver calibre 22 con proyectiles y que dijo estar "encargado" de atender a los clientes que llegaban al quiosco para comprar a través de un pequeño agujero que había en una de las ventanas tapiadas del frente. La presencia del menor, algo que parece habitual en este tipo de emprendimientos debido a su inimputabilidad, "tapa a los verdaderos dueños del negocio", dijeron los hombres de azul que actuaron con el apoyo de el Grupo de Respuesta Inmediata Federal (Grif).
En su recorrida por la casa, "desamoblada e inhabitable", los oficiales federales encontraron 800 bochitas de cocaína de unos 2 gramos cada una y cuyo pesaje final hasta anoche no había sido confirmado; y 18 ladrillos de marihuana con un peso promedio de un kilo cada uno.
Pero lo más llamativo aún no se había presentado a la vista de los policías.
Todo negro. En una de las habitaciones de la casa, toda revestida con "finos cerámicos negros", encontraron un santuario dedicado a San La Muerte, un santo originario de la religión guaraní no reconocido por la iglesia católica y cuyo origen se remonta a la veneración de los huesos de los antepasados, a quienes sus devotos piden protección contra los fenómenos naturales y las fuerzas espirituales malignas.
Imágenes religiosas, claveles rojos, velas y una caja de vidrio con la figura del santo pagano, daban marco al lugar que llevó a los pesquisas a pensar que allí no sólo funcionaba un quiosco de drogas sino también un templo al que concurrirían maleantes del barrio antes de salir de tropelías. Es que San La Muerte está asociado con algo diabólico y algunos, incluso, lo relacionan con delincuentes, narcotraficantes, asaltantes y mafiosos.
El arresto de un chico de 15 años en el quiosco de drogas allanado ayer puso de relieve la reiteración de procedimientos en los cuales aparecen menores atendiendo esos lugares. El lunes se conoció el caso de dos hermanos al frente de un quiosco de la zona oeste y el presunto secuestro de uno de ellos por parte del narco en el marco de un conflicto.
Fuente: lacapital.com.ar
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