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Jueves 01 de Septiembre de 2011 - 10:15 hs
Una organización criminal detrás del homicidio
Actualizado: Sábado 12 de Marzo de 2016 - 12:42 hs
A Candela Sol Rodríguez no la mató un asesino solitario. Más de 2000 policías bonaerenses fracasaron en la búsqueda de la niña de 11 años, que estuvo oculta durante nueve días a pocas cuadras de su casa.
Sólo las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, a la trata de personas o a la piratería del asfalto que operan en el área metropolitana cuentan con la estructura suficiente para tener cautiva a una persona, matarla y abandonarla en el mismo lugar que, horas antes, había sido revisado por la policía.
Dos de las hipótesis que manejaron los investigadores indican que la desaparición de Candela apunta a dos integrantes del entorno familiar: el padre, que está preso, acusado de integrar una banda de piratas del asfalto, y otro miembro de la familia que mantenía una relación con un hombre que operaba en la zona de villa Corea, en el partido de San Martín, acusado en varias causas por narcotráfico.
En la historia policial reciente sobran ejemplos contundentes de hechos en los que los autores de secuestros y asesinatos "movieron" a las víctimas con absoluta impunidad y sembraron pistas falsas para desviar las investigaciones.
Esa lista va desde la banda de secuestradores VIP, que tomaba a sus víctimas en ambos lados de la avenida General Paz y pagaba coimas a policías bonaerenses para que no los detuvieran, hasta la organización que mató en Quilmes a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, y abandonó sus cuerpos en un zanjón en General Rodríguez.
También en los casos de trata de personas aparece la corrupción policial. En la justicia bonaerense existen varios expedientes en los que se determinó que los dueños de prostíbulos pagaban coimas a la policía para poder funcionar.
Hasta anoche, ningún responsable de la policía bonaerense pudo explicar qué pasó con Candela. Ningún jefe policial informó si la niña fue secuestrada por una organización de trata de personas o por una banda de piratas del asfalto o por un grupo de narcotraficantes que tomó a la pequeña como moneda de cambio para cobrarse una deuda de un integrante del entorno familiar.
Tampoco nadie explicó cómo pudo ser que una niña sea secuestrada a plena luz, a la vuelta de su casa y pueda estar cautiva durante nueve días a pocas cuadras de su hogar.
O bien la búsqueda falló por la inoperancia de algunos de los investigadores o porque los que secuestraron a Candela contaron con una estructura importante que les permitió moverse impunemente entre los más de 2000 policías que pugnaban por hallar a la pequeña.
Desde que Candela desapareció, los responsables de la investigación establecieron un blindaje en derredor de Carola, la madre de la niña, para evitar que, en sus declaraciones, aportara algún dato que pudiera alertar a los secuestradores sobre los indicios que tenía la policía.
Los hechos demostraron que de nada sirvió esa medida. El grupo que tenía cautiva a Candela asesinó a la niña. De nada sirvieron los rastrillajes montados para reflejar en los medios los esfuerzos volcados a la búsqueda de la pequeña. El cadáver de Candela fue abandonado en pleno día con la misma tranquilidad e impunidad con la que fue secuestrada.
DESORIENTACIÓN
Estos detalles abonan la presunción de que el rastreo de Candela estuvo dominado por la desorientación de aquellos que debían conducir la investigación.
También prevaleció la falta de información. Los responsables de la pesquisa negaron hasta el cansancio la existencia del llamado extorsivo en el que se pedía rescate por la niña y una prueba de vida. Ambas comunicaciones se habían recibido al día siguiente de la desaparición de la menor.
El sábado pasado, uno de los responsables del caso afirmó que investigaban la desaparición de Candela como si fuera un secuestro extorsivo. Fuentes policiales negaron esa afirmación y aclararon que, en realidad, el representante del Ministerio Público se refería a que se designaron los mismos recursos humanos y materiales a la búsqueda de Candela como si se tratara de un secuestro extorsivo.
Para que un delito sea considerado un secuestro extorsivo deben darse tres presupuestos: una víctima que es privada de su libertad, el llamado extorsivo y la prueba de vida. Durante la semana pasada, tanto desde la familia como desde el Ministerio de Seguridad se negó la existencia de la prueba de vida y del llamado extorsivo. Sin embargo, ayer trascendió que hubo una comunicación pidiendo un rescate.
Dos de las líneas de investigación indicaban que, posiblemente, Candela fue secuestrada a raíz de un ajuste de cuentas contra el padre de la niña, preso porque integraba una banda de piratas del asfalto, o bien contra otro integrante del entorno familiar relacionado con un personaje de la denominada villa Corea, en el partido de San Martín, que tiene varias causas por narcotráfico.
Al principio de la búsqueda, a los responsables de la pesquisa les convenía apuntar a que la desaparición de Candela estuviera vinculada con las relaciones del entorno familiar. Pero, cuando el cuerpo de la niña apareció, algunos jefes policiales intentaron minimizar el hecho y afirmar que se trató de un episodio más de inseguridad.
Sólo las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, a la trata de personas o a la piratería del asfalto que operan en el área metropolitana cuentan con la estructura suficiente para tener cautiva a una persona, matarla y abandonarla en el mismo lugar que, horas antes, había sido revisado por la policía.
Dos de las hipótesis que manejaron los investigadores indican que la desaparición de Candela apunta a dos integrantes del entorno familiar: el padre, que está preso, acusado de integrar una banda de piratas del asfalto, y otro miembro de la familia que mantenía una relación con un hombre que operaba en la zona de villa Corea, en el partido de San Martín, acusado en varias causas por narcotráfico.
En la historia policial reciente sobran ejemplos contundentes de hechos en los que los autores de secuestros y asesinatos "movieron" a las víctimas con absoluta impunidad y sembraron pistas falsas para desviar las investigaciones.
Esa lista va desde la banda de secuestradores VIP, que tomaba a sus víctimas en ambos lados de la avenida General Paz y pagaba coimas a policías bonaerenses para que no los detuvieran, hasta la organización que mató en Quilmes a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, y abandonó sus cuerpos en un zanjón en General Rodríguez.
También en los casos de trata de personas aparece la corrupción policial. En la justicia bonaerense existen varios expedientes en los que se determinó que los dueños de prostíbulos pagaban coimas a la policía para poder funcionar.
Hasta anoche, ningún responsable de la policía bonaerense pudo explicar qué pasó con Candela. Ningún jefe policial informó si la niña fue secuestrada por una organización de trata de personas o por una banda de piratas del asfalto o por un grupo de narcotraficantes que tomó a la pequeña como moneda de cambio para cobrarse una deuda de un integrante del entorno familiar.
Tampoco nadie explicó cómo pudo ser que una niña sea secuestrada a plena luz, a la vuelta de su casa y pueda estar cautiva durante nueve días a pocas cuadras de su hogar.
O bien la búsqueda falló por la inoperancia de algunos de los investigadores o porque los que secuestraron a Candela contaron con una estructura importante que les permitió moverse impunemente entre los más de 2000 policías que pugnaban por hallar a la pequeña.
Desde que Candela desapareció, los responsables de la investigación establecieron un blindaje en derredor de Carola, la madre de la niña, para evitar que, en sus declaraciones, aportara algún dato que pudiera alertar a los secuestradores sobre los indicios que tenía la policía.
Los hechos demostraron que de nada sirvió esa medida. El grupo que tenía cautiva a Candela asesinó a la niña. De nada sirvieron los rastrillajes montados para reflejar en los medios los esfuerzos volcados a la búsqueda de la pequeña. El cadáver de Candela fue abandonado en pleno día con la misma tranquilidad e impunidad con la que fue secuestrada.
DESORIENTACIÓN
Estos detalles abonan la presunción de que el rastreo de Candela estuvo dominado por la desorientación de aquellos que debían conducir la investigación.
También prevaleció la falta de información. Los responsables de la pesquisa negaron hasta el cansancio la existencia del llamado extorsivo en el que se pedía rescate por la niña y una prueba de vida. Ambas comunicaciones se habían recibido al día siguiente de la desaparición de la menor.
El sábado pasado, uno de los responsables del caso afirmó que investigaban la desaparición de Candela como si fuera un secuestro extorsivo. Fuentes policiales negaron esa afirmación y aclararon que, en realidad, el representante del Ministerio Público se refería a que se designaron los mismos recursos humanos y materiales a la búsqueda de Candela como si se tratara de un secuestro extorsivo.
Para que un delito sea considerado un secuestro extorsivo deben darse tres presupuestos: una víctima que es privada de su libertad, el llamado extorsivo y la prueba de vida. Durante la semana pasada, tanto desde la familia como desde el Ministerio de Seguridad se negó la existencia de la prueba de vida y del llamado extorsivo. Sin embargo, ayer trascendió que hubo una comunicación pidiendo un rescate.
Dos de las líneas de investigación indicaban que, posiblemente, Candela fue secuestrada a raíz de un ajuste de cuentas contra el padre de la niña, preso porque integraba una banda de piratas del asfalto, o bien contra otro integrante del entorno familiar relacionado con un personaje de la denominada villa Corea, en el partido de San Martín, que tiene varias causas por narcotráfico.
Al principio de la búsqueda, a los responsables de la pesquisa les convenía apuntar a que la desaparición de Candela estuviera vinculada con las relaciones del entorno familiar. Pero, cuando el cuerpo de la niña apareció, algunos jefes policiales intentaron minimizar el hecho y afirmar que se trató de un episodio más de inseguridad.
Fuente: La Nación
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