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Domingo 04 de Septiembre de 2011 - 21:36 hs
Se agudiza en todo el mundo la epidemia de obesidad
En el mundo actual, el número de adultos con obesidad o sobrepeso ha aumentado un 25 por ciento durante los últimos ocho años, de 1.454 millones en 2002 a 1.943 millones en 2010.
La División de Población de Naciones Unidas señala que gran parte de este incremento se ha registrado en los países industrializados donde la multiplicación de la gente obesa ha significado también el auge de enfermedades usualmente evitables.
Por su parte, el investigador Richard Weil, en su informe “Signos Vitales", publicado por el Instituto Worldwatch de Washington, destaca que mientras la población global mayor de 15 años con obesidad sumaba un 23 por ciento en 2002, alcanzó 38 por ciento hacia 2010.
Indudablemente, los analistas no desconocen la existencia de áreas críticas, como el Cuerno de África, donde en la realidad cotidiana predominan las sequías y las hambrunas, y sencillamente han recopilado informaciones por sí solas elocuentes.
Las estadísticas reunidas abarcan a 177 países, donde el número total de adultos creció solamente en un 11 por ciento, y resaltan que en las naciones industrializadas la lista es encabezada por Estados Unidos con un 78,6 de su población con sobrepeso, seguido por Australia y Nueva Zelanda.
El concepto “sobrepeso” se aplica a los individuos que suman 25 puntos o más en una estimación denominada índice de masa corporal (BMI, por sus siglas en inglés), y que por encima de los 30 puntos los califica como obesos.
Los veinte puestos con los valores BMI más bajos pertenecen todos a países pobres de Asia y África, y si bien los informes no brindan cifras específicas, indican que hay un auge del sobrepeso en las naciones con mejor poder adquisitivo del Cono Sur latinoamericano.
Los especialistas en el tema comentan que durante la década pasada, en amplios grupos de todas las regiones, se ha producido un aumento de los ingresos personales, acompañado paralelamente por un aumento del peso corporal.
Por ejemplo, en la India entre 2002 y 2010, la gente con sobrepeso creció del 14 al 19 por ciento; y durante el mismo ciclo México tuvo un crecimiento de 8 puntos; de 7, Brasil y de 5, el Reino Unido.
A grandes rasgos, el análisis muestra que hay sobrepeso en alrededor del 75 por ciento de los habitantes de los diez países más ricos del planeta, mientras que en los diez países más pobres la proporción llega apenas al 18 por ciento.
En general, Europa tiene índices elevados, y más de la mitad de su población ostenta un prominente BMI, fenómeno verificable en naciones tan diversas como Mongolia, Bolivia y Egipto.
Los factores que inciden en tales incrementos son al mismo tiempo económicos, culturales y probablemente genéticos, y se afirma que la obesidad suele darse por familias, pues en algunas personas se da una tendencia genética a ganar peso con más facilidad que otras porque queman calorías más lentamente.
Algunos nutricionistas sostienen que cuando el alimento escaseaba eso suponía una ventaja, pero ahora que en la mayoría de países industrializados la comida está disponible las 24 horas del día, siete días a la semana, y el metabolismo eficaz que en el pasado garantizaba la supervivencia humana, ahora se ha vuelto en su contra.
Y remarcan que actualmente muchos individuos aumentan de peso debido a que efectúan elecciones alimentarias inconvenientes, como las comidas rápidas, también denominadas “comida chatarra”, y a rutinas familiares inadecuadas, como comer frente al televisor en vez de alrededor de la mesa.
Asimismo, aparecen como problemáticos entre los adolescentes los “snacks” industrializados y las gaseosas ricas en calorías y con escaso valor nutritivo, en tanto las raciones grandes y el estilo de vida sedentario también contribuyen a una denominada epidemia de obesidad actual.
Cuando la gente ingiere más calorías de las que quema, su cuerpo acumula el sobrante en forma de grasa y el sobrepeso resultante puede afectar las articulaciones, la respiración, el sueño, el estado de ánimo y los niveles de energía, es decir, puede repercutir negativamente sobre la calidad de vida general de una persona.
Recientes estudios efectuados en algunas naciones en vías de desarrollo, especialmente Sudáfrica, han verificado la presencia de altos índices de obesidad entre las mujeres, y los atribuyen a influjos psicológicos surgidos del hecho de haber pasado hambre durante la infancia.
La División de Población de Naciones Unidas señala que gran parte de este incremento se ha registrado en los países industrializados donde la multiplicación de la gente obesa ha significado también el auge de enfermedades usualmente evitables.
Por su parte, el investigador Richard Weil, en su informe “Signos Vitales", publicado por el Instituto Worldwatch de Washington, destaca que mientras la población global mayor de 15 años con obesidad sumaba un 23 por ciento en 2002, alcanzó 38 por ciento hacia 2010.
Indudablemente, los analistas no desconocen la existencia de áreas críticas, como el Cuerno de África, donde en la realidad cotidiana predominan las sequías y las hambrunas, y sencillamente han recopilado informaciones por sí solas elocuentes.
Las estadísticas reunidas abarcan a 177 países, donde el número total de adultos creció solamente en un 11 por ciento, y resaltan que en las naciones industrializadas la lista es encabezada por Estados Unidos con un 78,6 de su población con sobrepeso, seguido por Australia y Nueva Zelanda.
El concepto “sobrepeso” se aplica a los individuos que suman 25 puntos o más en una estimación denominada índice de masa corporal (BMI, por sus siglas en inglés), y que por encima de los 30 puntos los califica como obesos.
Los veinte puestos con los valores BMI más bajos pertenecen todos a países pobres de Asia y África, y si bien los informes no brindan cifras específicas, indican que hay un auge del sobrepeso en las naciones con mejor poder adquisitivo del Cono Sur latinoamericano.
Los especialistas en el tema comentan que durante la década pasada, en amplios grupos de todas las regiones, se ha producido un aumento de los ingresos personales, acompañado paralelamente por un aumento del peso corporal.
Por ejemplo, en la India entre 2002 y 2010, la gente con sobrepeso creció del 14 al 19 por ciento; y durante el mismo ciclo México tuvo un crecimiento de 8 puntos; de 7, Brasil y de 5, el Reino Unido.
A grandes rasgos, el análisis muestra que hay sobrepeso en alrededor del 75 por ciento de los habitantes de los diez países más ricos del planeta, mientras que en los diez países más pobres la proporción llega apenas al 18 por ciento.
En general, Europa tiene índices elevados, y más de la mitad de su población ostenta un prominente BMI, fenómeno verificable en naciones tan diversas como Mongolia, Bolivia y Egipto.
Los factores que inciden en tales incrementos son al mismo tiempo económicos, culturales y probablemente genéticos, y se afirma que la obesidad suele darse por familias, pues en algunas personas se da una tendencia genética a ganar peso con más facilidad que otras porque queman calorías más lentamente.
Algunos nutricionistas sostienen que cuando el alimento escaseaba eso suponía una ventaja, pero ahora que en la mayoría de países industrializados la comida está disponible las 24 horas del día, siete días a la semana, y el metabolismo eficaz que en el pasado garantizaba la supervivencia humana, ahora se ha vuelto en su contra.
Y remarcan que actualmente muchos individuos aumentan de peso debido a que efectúan elecciones alimentarias inconvenientes, como las comidas rápidas, también denominadas “comida chatarra”, y a rutinas familiares inadecuadas, como comer frente al televisor en vez de alrededor de la mesa.
Asimismo, aparecen como problemáticos entre los adolescentes los “snacks” industrializados y las gaseosas ricas en calorías y con escaso valor nutritivo, en tanto las raciones grandes y el estilo de vida sedentario también contribuyen a una denominada epidemia de obesidad actual.
Cuando la gente ingiere más calorías de las que quema, su cuerpo acumula el sobrante en forma de grasa y el sobrepeso resultante puede afectar las articulaciones, la respiración, el sueño, el estado de ánimo y los niveles de energía, es decir, puede repercutir negativamente sobre la calidad de vida general de una persona.
Recientes estudios efectuados en algunas naciones en vías de desarrollo, especialmente Sudáfrica, han verificado la presencia de altos índices de obesidad entre las mujeres, y los atribuyen a influjos psicológicos surgidos del hecho de haber pasado hambre durante la infancia.
Fuente: telam.com.ar
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