El economista Rubén Lo Vuolo advierte que el crecimiento económico ilimitado es inviable en un planeta de recursos finitos y cuestiona la capacidad del mercado para liderar una transición ecológica voluntaria sin intervención estatal.
Martes 30 de Octubre de 2012 - 22:05 hs
El radicalismo santafesino recordó el triunfo de Alfonsín
El comité provincial de la UCR entregó el siguiente documento acerca de los 29 años del triunfo de Raúl Alfonsín en las elecciones presidenciales en 1983
Se cumplen hoy 29 años del triunfo del radicalismo en la elección que marcara el final de la última dictadura militar. Fue una campaña histórica, con todo el pueblo en la calle acompañando esperanzada a los candidatos y sumándose masivamente a los partidos políticos.
Quiso la voluntad popular que sea Raúl Alfonsín, el abanderado de los valores fundacionales del radicalismo, el responsable de conducir la transición y garantizar la democracia después de 50 años de interrupciones militares.
Ese era su mandato. Y lo cumplió con creces. Fue el primer Presidente que llegó a transferir su mando a otro electo por otro partido político. Alfonsín puso la piedra basal de una democracia que, con sus idas y vueltas, nunca duró tanto como ahora.
Alfonsín refundó la democracia sobre la base de la justicia y la unión nacional. Conjugando sus valores y su responsabilidad hacia el futuro ordenó la derogación de la autoamnistía militar aceptada por el PJ, creó la CONADEP, dispuso el Juicio a las Juntas Militares y los procesos judiciales a los líderes de la guerrilla y las fuerzas paraestatales de la derecha. Tuvo también, por su responsabilidad para los tiempos, que limitar esos juicios. Pero hay una realidad que ningún relato puede ocultar: el día que Alfonsín terminó su mandato había mas de 300 represores presos, entre ellos los jefes de las tres juntas militares y los responsables de la guerra de Malvinas, estaban presos jerarcas de la guerrilla y otros, como José López Rega, murieron en prisión. A los que estaban presos, los indultó Carlos Menem, con la oposición de la UCR y el silencio de muchos que hoy se rasgan las vestiduras en nombre de los derechos humanos.
Durante su gobierno, Alfonsín modernizó y abrió la conciencia asustada de la sociedad con leyes como la de Divorcio (ochenta años después de que el batllismo la sancionara en Uruguay), la Patria Potestad Compartida, equiparó el delito de torturas al de homicidio. Convocó a la participación con organismos como el Consejo para la Consolidación de la Democracia y en convocatorias masivas, sin digitar desde el gobierno sus resultados, como el Congreso Pedagógico Nacional. Puso en marcha un proyecto solidario de país: el Programa Alimentario Nacional alcanzó a cinco millones de personas. Pero no se entendió la solidaridad sólo como la entrega de 14 kilos de alimentos mensualmente, se promovió la construcción comunitaria de viviendas, se estimularon nuevas pautas alimentarias, se llevaron adelante tareas permanentes de educación para la salud y control del crecimiento y el desarrollo de los chicos, y en los casos de desnutrición hubo ayuda suplementaria en alimentos e indumentaria. A través del PAN se desarrollaron obras de saneamiento ambiental, se promovieron las compras comunitarias. Con ese espíritu nació el Pro Huerta en el INTA. Nunca antes y nunca después el movimiento cooperativista tuvo un impulso tan fuerte. Se expandió a cientos de miles de familias el crédito hipotecario y el acceso a la vivienda.
Quedaron cuentas pendientes, sin duda. Pero Alfonsín dejó una huella imborrable y una lección para la historia. Se puede ser estadista, corajudo, honesto y, a su vez, masivo y popular. Fue el último Presidente que enorgulleció al país ante el mundo.
Se cumplen hoy 29 años del triunfo del radicalismo en la elección que marcara el final de la última dictadura militar. Fue una campaña histórica, con todo el pueblo en la calle acompañando esperanzada a los candidatos y sumándose masivamente a los partidos políticos.
Quiso la voluntad popular que sea Raúl Alfonsín, el abanderado de los valores fundacionales del radicalismo, el responsable de conducir la transición y garantizar la democracia después de 50 años de interrupciones militares.
Ese era su mandato. Y lo cumplió con creces. Fue el primer Presidente que llegó a transferir su mando a otro electo por otro partido político. Alfonsín puso la piedra basal de una democracia que, con sus idas y vueltas, nunca duró tanto como ahora.
Alfonsín refundó la democracia sobre la base de la justicia y la unión nacional. Conjugando sus valores y su responsabilidad hacia el futuro ordenó la derogación de la autoamnistía militar aceptada por el PJ, creó la CONADEP, dispuso el Juicio a las Juntas Militares y los procesos judiciales a los líderes de la guerrilla y las fuerzas paraestatales de la derecha. Tuvo también, por su responsabilidad para los tiempos, que limitar esos juicios. Pero hay una realidad que ningún relato puede ocultar: el día que Alfonsín terminó su mandato había mas de 300 represores presos, entre ellos los jefes de las tres juntas militares y los responsables de la guerra de Malvinas, estaban presos jerarcas de la guerrilla y otros, como José López Rega, murieron en prisión. A los que estaban presos, los indultó Carlos Menem, con la oposición de la UCR y el silencio de muchos que hoy se rasgan las vestiduras en nombre de los derechos humanos.
Durante su gobierno, Alfonsín modernizó y abrió la conciencia asustada de la sociedad con leyes como la de Divorcio (ochenta años después de que el batllismo la sancionara en Uruguay), la Patria Potestad Compartida, equiparó el delito de torturas al de homicidio. Convocó a la participación con organismos como el Consejo para la Consolidación de la Democracia y en convocatorias masivas, sin digitar desde el gobierno sus resultados, como el Congreso Pedagógico Nacional. Puso en marcha un proyecto solidario de país: el Programa Alimentario Nacional alcanzó a cinco millones de personas. Pero no se entendió la solidaridad sólo como la entrega de 14 kilos de alimentos mensualmente, se promovió la construcción comunitaria de viviendas, se estimularon nuevas pautas alimentarias, se llevaron adelante tareas permanentes de educación para la salud y control del crecimiento y el desarrollo de los chicos, y en los casos de desnutrición hubo ayuda suplementaria en alimentos e indumentaria. A través del PAN se desarrollaron obras de saneamiento ambiental, se promovieron las compras comunitarias. Con ese espíritu nació el Pro Huerta en el INTA. Nunca antes y nunca después el movimiento cooperativista tuvo un impulso tan fuerte. Se expandió a cientos de miles de familias el crédito hipotecario y el acceso a la vivienda.
Quedaron cuentas pendientes, sin duda. Pero Alfonsín dejó una huella imborrable y una lección para la historia. Se puede ser estadista, corajudo, honesto y, a su vez, masivo y popular. Fue el último Presidente que enorgulleció al país ante el mundo.
Fuente: ucr
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