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Hoy - Salud pública
Viernes 05 de Octubre de 2012 - 10:15 hs
\\"Nos estamos quedando sin antibióticos\\"
Lo afirmó Emilce Méndez, investigadora de la UNL, en el último café científico. La especialista destacó la importancia de hacer un adecuado uso de antimicrobianos y los desafíos que representan las súperbacterias para la salud pública.
Usar antibióticos sólo cuando es necesario y de modo adecuado fue el mensaje que se ocupó de transmitir Emilce Méndez, docente e investigadora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en el café científico que se desarrolló en Chopería Santa Fe.
La venta libre de antibióticos, el hábito de los pacientes de solicitar antimicrobianos más fuertes de los necesarios para obtener un efecto más rápido y la necesidad de establecer conductas de control para que las bacterias resistentes no se diseminen fueron algunos de los temas que se debatieron con un numeroso público que se congregó ante la propuesta.
De esta forma continuó el ciclo organizado por la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de Santa Fe junto con la UNL, la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional (FRSF-UTN), la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) y el Centro Científico Tecnológico (CCT) CONICET Santa Fe.
Méndez, quien se desempeña como jefa del laboratorio central del Hospital José María Cullen de la capital santafesina, narró la lucha que desde hace décadas los microbiólogos mantienen con una bacteria: Staphylococcus aureus. Se trata de la responsable, por ejemplo, de las forunculitis.
Por los años 40 del siglo XX, apareció la penicilina y gracias a su llegada al mercado, los Staphylococcus desaparecieron porque todos eran sensibles a ese antimicrobiano. Pero diez años después ya el 80% ó 90% se hicieron resistentes a ese antibiótico, explicó.
Según contó, después aparecieron la cefalotina y el grupo de los aminoglucósidos y lograron combatir a los Staphylococcus, pero generaron la aparición de nuevas bacterias resistentes: Bacilos Gram negativos
Ya en el año 1960 apareció la meticilina para poder tratar los Staphylococcus. Pero al año siguiente ya se encontraron S. aureus resistentes a la meticilina en ámbitos hospitalarios. El problema de esta bacteria es que no la podemos tratar con ninguna penicilina y hay que recurrir a la vancomicina que es un buen antibiótico si lo cuidamos, pero algo nefrotóxico, señaló la especialista de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la UNL .
En los 90 apareció un S. aureus que ya mostraba una sensibilidad disminuida a la vancomicina. Además, por ese entonces se detectó infecciones provocadas por S. aureus resistente a la meticilina pero con la particularidad de que ya no se trataba de una infección hospitalaria sino adquirida en la comunidad. No se puede tratar con ninguna penicilina ni sus derivados y lo tenemos circulando en la comunidad, destacó Méndez.
En las primeras décadas de esta historia había pocas bacterias y pocas resistencias, y a partir de los años 80 tenemos muchos tipos de bacterias y altamente resistentes. Esto es lo alarmante y nos estamos quedando sin antibióticos, reflexionó.
Para saber cómo elegir un antimicrobiano, Méndez destacó distintos factores a tener en cuenta. En primer lugar, el individuo al que se está tratando no es lo mismo si está en condición ambulatoria o internado, si es un niño, una embarazada o una persona sana con sus sistema inmune intacto, ilustró.
En segunda instancia hay que tener en cuenta al organismo que se va a tratar. Siempre hay que usar un antibiótico de espectro corto, que actúe sobre el patógeno. Si usamos uno de amplio espectro también matamos a las bacterias que nos defienden, acotó.
Finalmente, es necesario tener en consideración la sensibilidad de esa bacteria frente al antibiótico.
De acuerdo a los relevamiento que mantienen los investigadores en la zona, las infecciones respiratorias por neumococo que se encuentran en la región son sensibles a la amoxicilina, por lo que ése es el tratamiento adecuado
Hay pacientes que piden a los médicos antibióticos más fuertes de los necesarios para curarse más rápido. Así estamos ejerciendo una presión selectiva, matando a los sensibles y generando resistencias, alertó Méndez.
No es fácil hacerse la idea de que el cuerpo de cada persona está habitado por millones de microorganismos. De hecho, hay diez veces más microorganismos que células propias en cada ser humano y conforman la microbiota habitual. Como se ocupó de detallar Méndez, el estudio de los elementos genéticos de esos microorganismos en un contexto particular -el microbioma- es único para cada uno. El genoma lo heredamos y el microbioma lo adquirimos y empieza por el canal de parto, sigue con la leche materna y con todos los microorganismos que nos rodean, narró.
No debemos agredir a nuestro microbioma porque nos defiende y es único. Si destruimos nuestra microbiota con drogas como antibióticos o agresiones por prácticas médicas y dejamos libres terminales receptores, se pueden instalar bacterias patógenas que desencadenan una serie de mecanismos que destruyen nuestras células y producen una infección, explicó.
La venta libre de antibióticos, el hábito de los pacientes de solicitar antimicrobianos más fuertes de los necesarios para obtener un efecto más rápido y la necesidad de establecer conductas de control para que las bacterias resistentes no se diseminen fueron algunos de los temas que se debatieron con un numeroso público que se congregó ante la propuesta.
De esta forma continuó el ciclo organizado por la Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de Santa Fe junto con la UNL, la Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional (FRSF-UTN), la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) y el Centro Científico Tecnológico (CCT) CONICET Santa Fe.
Méndez, quien se desempeña como jefa del laboratorio central del Hospital José María Cullen de la capital santafesina, narró la lucha que desde hace décadas los microbiólogos mantienen con una bacteria: Staphylococcus aureus. Se trata de la responsable, por ejemplo, de las forunculitis.
Por los años 40 del siglo XX, apareció la penicilina y gracias a su llegada al mercado, los Staphylococcus desaparecieron porque todos eran sensibles a ese antimicrobiano. Pero diez años después ya el 80% ó 90% se hicieron resistentes a ese antibiótico, explicó.
Según contó, después aparecieron la cefalotina y el grupo de los aminoglucósidos y lograron combatir a los Staphylococcus, pero generaron la aparición de nuevas bacterias resistentes: Bacilos Gram negativos
Ya en el año 1960 apareció la meticilina para poder tratar los Staphylococcus. Pero al año siguiente ya se encontraron S. aureus resistentes a la meticilina en ámbitos hospitalarios. El problema de esta bacteria es que no la podemos tratar con ninguna penicilina y hay que recurrir a la vancomicina que es un buen antibiótico si lo cuidamos, pero algo nefrotóxico, señaló la especialista de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la UNL .
En los 90 apareció un S. aureus que ya mostraba una sensibilidad disminuida a la vancomicina. Además, por ese entonces se detectó infecciones provocadas por S. aureus resistente a la meticilina pero con la particularidad de que ya no se trataba de una infección hospitalaria sino adquirida en la comunidad. No se puede tratar con ninguna penicilina ni sus derivados y lo tenemos circulando en la comunidad, destacó Méndez.
En las primeras décadas de esta historia había pocas bacterias y pocas resistencias, y a partir de los años 80 tenemos muchos tipos de bacterias y altamente resistentes. Esto es lo alarmante y nos estamos quedando sin antibióticos, reflexionó.
Para saber cómo elegir un antimicrobiano, Méndez destacó distintos factores a tener en cuenta. En primer lugar, el individuo al que se está tratando no es lo mismo si está en condición ambulatoria o internado, si es un niño, una embarazada o una persona sana con sus sistema inmune intacto, ilustró.
En segunda instancia hay que tener en cuenta al organismo que se va a tratar. Siempre hay que usar un antibiótico de espectro corto, que actúe sobre el patógeno. Si usamos uno de amplio espectro también matamos a las bacterias que nos defienden, acotó.
Finalmente, es necesario tener en consideración la sensibilidad de esa bacteria frente al antibiótico.
De acuerdo a los relevamiento que mantienen los investigadores en la zona, las infecciones respiratorias por neumococo que se encuentran en la región son sensibles a la amoxicilina, por lo que ése es el tratamiento adecuado
Hay pacientes que piden a los médicos antibióticos más fuertes de los necesarios para curarse más rápido. Así estamos ejerciendo una presión selectiva, matando a los sensibles y generando resistencias, alertó Méndez.
No es fácil hacerse la idea de que el cuerpo de cada persona está habitado por millones de microorganismos. De hecho, hay diez veces más microorganismos que células propias en cada ser humano y conforman la microbiota habitual. Como se ocupó de detallar Méndez, el estudio de los elementos genéticos de esos microorganismos en un contexto particular -el microbioma- es único para cada uno. El genoma lo heredamos y el microbioma lo adquirimos y empieza por el canal de parto, sigue con la leche materna y con todos los microorganismos que nos rodean, narró.
No debemos agredir a nuestro microbioma porque nos defiende y es único. Si destruimos nuestra microbiota con drogas como antibióticos o agresiones por prácticas médicas y dejamos libres terminales receptores, se pueden instalar bacterias patógenas que desencadenan una serie de mecanismos que destruyen nuestras células y producen una infección, explicó.
Fuente: unl
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