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Lunes 13 de Agosto de 2012 - 21:07 hs

Sentido homenaje a Leda Valladares 30 días de su muerte

Sin el apuro que impone la noticia y salvando las limitaciones de lo coyuntural, a un mes de la muerte de Leda Valladares, las artistas Suna Rocha y Miriam García deciden rendirle tributo a la inmensa obra y a la intensa vida de la creadora fallecida a sus 93 años.

Actualizado: Viernes 11 de Marzo de 2016 - 15:45 hs

 "Era un ser único", definen Rocha y García a Leda desde la admiración profunda y sincera al ser reunidas por Télam para repasar los aspectos más salientes de una vida dedicada a la difusión de la música anónima, creada por los demás.

Su generosidad, su forma metafórica de describir las situaciones, su humor, su agudeza, su espíritu visionario, su determinación por llevar sus ideas a la práctica y su apuro por terminar el "Mapa Musical Argentino", fueron algunos de los rasgos en los que ambas cantoras hicieron hincapié en torno a la artista nacida el 21 de diciembre de 1919.

Reflexiones sentidas sobrevuelan la charla capaz de subrayar el aporte de Valladares para poner en superficie disciplinas como el canto con caja (tonadas, bagualas y vidalas), una música que a pesar de la pelea que dio Leda, sigue siendo marginal y marginada, aún dentro de la música de raíz.

"Leda hizo un trabajo extraordinario que denota su poco egoísmo porque ella era autora, compositora, cantaba, abordaba otro paisaje musical que era el de la ciudad, el jazz y de pronto escucha estas canciones y se queda enloquecida y en vez de hacer lo fácil, que es grabar lo de uno, dedica su vida a grabar lo anónimo, lo del pueblo", la presenta Suna Rocha.

La cantante que desde hace tres décadas es la referencia de un folclore vigoroso y comprometido destaca que gracias a Leda, a quien conoció en 1977, "la gente de la provincianía dejó de tener vergüenza de tocar su música y se dio cuenta que su cultura era importante".

"Leda -insiste- hurgó en el fondo de la Pachamama, de la tierra, lo más primigenio para ponerlo en un disco para que la gente lo tenga, lo consuma, para que eso se salve del anonimato".

La cantante, música, actriz y educadora popular García, que fue elegida por Valladares como su heredera y discípula cuenta que para su maestra el acto de cantar es como "arrancarse los costados, es entrar para afuera y salir para adentro. Es como darse vuelta es un canto desnudo".

En relación a su modo su encarar este canto -al que Leda definía como "cósmico, de abismo, de tripa"-, Miriam recuerda que "era muy exigente en la melodía, exigía un respeto porque en realidad la particularidad del canto está en la rareza de la melodía y uno, que tiene el oído acostumbrado a las melodías más llanas de acá, de la urbe, de lo que se escucha en el mercado, trataba de simplificarlo porque uno opera con lo que viene escuchando".

"Ella te decía acá hay un semitono, y tal vez a uno le sonaba disonante, pero esa disonancia es la que le daba a la particularidad a la vidala", puntualiza.

"Era muy guardiana de la melodía -abunda- hay gente del folclore que piensa que para que una baguala o una vidala suene autóctona hay que desafinarla. Leda decía `hay que pisar todas las notas porque si simplificás la melodía y encima la desafinás es un híbrido".

Dueña de un perfil bajo y a partir de un trabajo de hormiga, García viene siguiendo la huella de Valladares desde 1983, hoy continúa difundiendo esa obra y tributando la valiosa luminosidad de esa vida en los talleres y seminarios de canto con caja que ofrece en el Rojas desde hace más de una década y en seminarios que dicta en el Espacio Ecléctico.

Al cumplirse un mes de su deceso y entre la indignación y el deseo por reivindicar su labor esencial, tanto Rocha como García, dos artistas que la conocieron de cerca y saben mantener una conducta a la hora de asumir la canción, repasan la escasa repercusión que tuvo semejante pérdida.

"Su muerte pasó casi inadvertida. En un país donde está tan `tinellizado` y que interesan otras cuestiones como que la hija de un ex jugador de fútbol diga que no va a salir con un pobre y toda esa estupidez, mirá si la gente se va a detener en una baguala de Leda", ejemplifica Suna, autora de álbumes imprescindibles como "Perfume de carnaval", "Madre tierra", "Rosa de los vientos", "Maldición de Malinche" y el más reciente "S.O.S. agua".

Leda fue profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación, además de poetisa, cantora, compositora y musicóloga que dedicó la vida al conocimiento, el resguardo y la difusión de la música originaria argentina.

Trabajó junto a María Elena Walsh y escribió varios libros, entre ellos "Cantando las raíces" en el que volcó reflexiones como que "cuando alguien echa a rodar una canción en el mundo agreste, su aliento regará generaciones y será tocada y retocada a través de legiones de cantores".

"Cantar no es gobernar un caudal aéreo o melódico. Es algo profuso y subterráneo. Caer en concavidades desconocidas y volver a la superficie con fuegos y metales, con picos y planicies, con savias y arenas. Cuando el canto pierde rugidos y lamentos, magia y sabiduría ancestral, se perfeccionan proezas, la voz se decolora y se convierte en un juego estético o simple pasatiempo", señaló allí.

También en ese volumen, escribió: "Las triviales modas de lo popular, la solapada búsqueda de agradar al soberano y adormecer el gusto propalan todos los vicios del cantor aceitado y bucodental, así pasamos al canturreo híbrido que nos inunda y anestesia".

Como otro dato acerca del olvido, ese compadre de la muerte, Miriam apunta que "en la última parte de su vida cuando todavía estaba bien, fue muy abandonada por la década menemista porque al neoliberalismo no le interesaban este tipo de manifestaciones y su trabajo quedó muy oculto, nadie la llamaba, nadie nada".

"Ahí -continuó- fue cuando le empezó a agarrar la urgencia para que quede todo publicado. Esto fue cuando ella tenía entre 70 y 80 años, porque cuando cumple los 80 en 1999, ahí ya su Alzheimer estaba muy avanzado".

Fuente: Telam

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