El economista Rubén Lo Vuolo advierte que el crecimiento económico ilimitado es inviable en un planeta de recursos finitos y cuestiona la capacidad del mercado para liderar una transición ecológica voluntaria sin intervención estatal.
Miércoles 25 de Julio de 2012 - 08:39 hs
El uso de las cabinas de bronceado aumenta un 20% el riesgo de tumores de piel
La tentación es obvia: comparar la exposición a los rayos ultravioleta con el tabaco. Hay apenas un matiz: que algo de Sol es necesario —la vitamina D, ya se sabe—, lo que no se puede decir de los pitillos. Pero quitada la exposición que se puede considerar normal (es prácticamente imposible estar sin salir a la calle), los extras de radiación son todos malos. Y entre ellos, lo son especialmente las cabinas de bronceado o rayos UVA, según un estudio que publica el British Medical Journal, que ha determinado que de los 63.492 melanomas diagnosticados cada año en 18 países europeos (los Quince más Suiza, Noruega e Islandia), 3.438 se deben al uso de cabinas de rayos UVA. Solo en los Quince, 498 mujeres y 296 hombres fallecen al año por esta causa.
El estudio, que revisa 27 trabajos previos, es un intento de poner cifras a un problema creciente en los países ricos: el afán por el moreno tiene “una plétora de riesgos”, como indican los autores, del Instituto Internacional de Investigación sobre Prevención de Lyón (Francia) y del Instituto Europeo de Oncología. La tasa de melanomas aumenta un 20% con estos aparatos, y el daño se multiplica por dos en menores de 35 años, por lo que estos expertos proponen que, si el uso de estos dispositivos no se reduce, se prohíban. Ya lo hacen 11 países (España incluida) para menores. Brasil lo decretó para todos en 2009.
Si las cabinas son causa de este 5,4% de los cánceres de piel, el resto, por tanto, hay que atribuírselo casi por completo al Sol. La diferencia está en que evitar el segundo no es fácil —aunque hay muchos medios para reducir la exposición—, mientras que eludir las primeras es facilísimo: basta con no pisarlas.
Tampoco la radiación que se recibe es igual. La de los dispositivos de bronceado es hasta 20 veces más potente, por lo que el efecto se acumula. “Lo peligroso son los rayos UVA vengan de donde vengan, y si es una exposición violenta, eso aumenta el riesgo de melanomas”, afirma el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Juan Jesús Cruz. De hecho, los rayos UVA y UVB están considerados por el IARC (Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer), dependiente de la Organización Mundial de la Salud dentro de la categoría de máximo riesgo carcinogénico, el nivel 1. De ellos, los expertos consideran peor los B.
“La incidencia de cáncer de piel es España es menor que en el norte de Europa, EE UU y Australia, ya que en general nuestra población es de piel más morena. Pero ojo: en España, aunque parezca lo contrario, el 35% de la población tiene ojos claros y piel muy clara”, dice Julián Conejo-Mir, de la Academia Española de Dermatología. “En EE UU se observa un melanoma cada 40 habitantes, y en Australia, uno cada 25. En España es aproximadamente de 1 cada 140 habitantes”, añade.
Las posturas de los expertos ante esta situación difieren en su rotundidad. Ante la idea de prohibir los dispositivos, Cruz se muestra comedido —“es mejor informar”—, mientras que Conejo-Mir es más tajante: “Estoy totalmente de acuerdo”. Cada uno tiene sus argumentos. “Supongo que estará muy regulado, y prohibir siempre es difícil. Es como con el tabaco. Lo importante es advertir. Quizá haya que llegar a un etiquetado como el del tabaco”, dice Cruz. Mir-Cornejo admite que “es cierto que las cabinas solo tienen rayos UVA; no B y C, y por tanto, solo emiten una mínima fracción (los UVA son menos del 0,05% de la radiación solar) de lo que recibimos cuando se expone uno al Sol. Por tanto, la luz solar es mucho más agresiva, ya que tiene ultravioletas, infrarrojos, luz visible, y cada uno es capaz de dar cáncer. Pero tomar asiduamente rayos UVA pueden potenciar la dosis de radiación electromagnética que recibimos a diario del Sol, con lo cual se sumarían”. Su asociación ha pedido al Ministerio de Sanidad “que aparezca en cada cabina, bien visible, el anuncio de que ‘puede producir cancer”. En cualquier caso, “no hay que demonizarlas; es el exceso lo que está mal”, dice.
Incluso la Asociación Española del Bronceado admite los riesgos del producto, y en su web —no ha contestado a EL PAÍS— da consejos para un “bronceado responsable”. Estos se resumen en usar gafas, adaptar el tiempo de uso al tipo de piel, tener cuidado con las interacciones con medicamentos y darse un reposo entre sesión y sesión. Claro que advierte que lo mismo debe hacerse para tomar el Sol, salvo que en ese caso hay que usar protección, algo que en la cabina no hace falta.
El estudio, que revisa 27 trabajos previos, es un intento de poner cifras a un problema creciente en los países ricos: el afán por el moreno tiene “una plétora de riesgos”, como indican los autores, del Instituto Internacional de Investigación sobre Prevención de Lyón (Francia) y del Instituto Europeo de Oncología. La tasa de melanomas aumenta un 20% con estos aparatos, y el daño se multiplica por dos en menores de 35 años, por lo que estos expertos proponen que, si el uso de estos dispositivos no se reduce, se prohíban. Ya lo hacen 11 países (España incluida) para menores. Brasil lo decretó para todos en 2009.
Si las cabinas son causa de este 5,4% de los cánceres de piel, el resto, por tanto, hay que atribuírselo casi por completo al Sol. La diferencia está en que evitar el segundo no es fácil —aunque hay muchos medios para reducir la exposición—, mientras que eludir las primeras es facilísimo: basta con no pisarlas.
Tampoco la radiación que se recibe es igual. La de los dispositivos de bronceado es hasta 20 veces más potente, por lo que el efecto se acumula. “Lo peligroso son los rayos UVA vengan de donde vengan, y si es una exposición violenta, eso aumenta el riesgo de melanomas”, afirma el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Juan Jesús Cruz. De hecho, los rayos UVA y UVB están considerados por el IARC (Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer), dependiente de la Organización Mundial de la Salud dentro de la categoría de máximo riesgo carcinogénico, el nivel 1. De ellos, los expertos consideran peor los B.
“La incidencia de cáncer de piel es España es menor que en el norte de Europa, EE UU y Australia, ya que en general nuestra población es de piel más morena. Pero ojo: en España, aunque parezca lo contrario, el 35% de la población tiene ojos claros y piel muy clara”, dice Julián Conejo-Mir, de la Academia Española de Dermatología. “En EE UU se observa un melanoma cada 40 habitantes, y en Australia, uno cada 25. En España es aproximadamente de 1 cada 140 habitantes”, añade.
Las posturas de los expertos ante esta situación difieren en su rotundidad. Ante la idea de prohibir los dispositivos, Cruz se muestra comedido —“es mejor informar”—, mientras que Conejo-Mir es más tajante: “Estoy totalmente de acuerdo”. Cada uno tiene sus argumentos. “Supongo que estará muy regulado, y prohibir siempre es difícil. Es como con el tabaco. Lo importante es advertir. Quizá haya que llegar a un etiquetado como el del tabaco”, dice Cruz. Mir-Cornejo admite que “es cierto que las cabinas solo tienen rayos UVA; no B y C, y por tanto, solo emiten una mínima fracción (los UVA son menos del 0,05% de la radiación solar) de lo que recibimos cuando se expone uno al Sol. Por tanto, la luz solar es mucho más agresiva, ya que tiene ultravioletas, infrarrojos, luz visible, y cada uno es capaz de dar cáncer. Pero tomar asiduamente rayos UVA pueden potenciar la dosis de radiación electromagnética que recibimos a diario del Sol, con lo cual se sumarían”. Su asociación ha pedido al Ministerio de Sanidad “que aparezca en cada cabina, bien visible, el anuncio de que ‘puede producir cancer”. En cualquier caso, “no hay que demonizarlas; es el exceso lo que está mal”, dice.
Incluso la Asociación Española del Bronceado admite los riesgos del producto, y en su web —no ha contestado a EL PAÍS— da consejos para un “bronceado responsable”. Estos se resumen en usar gafas, adaptar el tiempo de uso al tipo de piel, tener cuidado con las interacciones con medicamentos y darse un reposo entre sesión y sesión. Claro que advierte que lo mismo debe hacerse para tomar el Sol, salvo que en ese caso hay que usar protección, algo que en la cabina no hace falta.
Fuente: elpais.com
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