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Miércoles 04 de Julio de 2012 - 20:32 hs
Perpetua por violar y matar a su hijastra
Un peón de albañil de 21 años fue condenado ayer a la pena de prisión perpetua, por violar y matar a golpes a la hija de su concubina de apenas 2 años de vida. El crimen ocurrido el 19 de noviembre del año pasado, en la localidad de Guadalupe Norte, recibió sentencia siete meses después en los Tribunales de Vera.
Tras una semana de juicio, el presidente del tribunal pluripersonal, Nicolás Muse Chemes, junto con los jueces Jorge Fernández y Jorge Galbusera, convocaron a las partes este martes a las 10.30 de la mañana, para dar a conocer la sentencia por el crimen de la pequeña Keila Geraldine Rojas.
Por unanimidad el tribunal resolvió condenar a Rolando Fabián Ramírez, como “autor penalmente responsable de los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por su condición de guardador y homicidio calificado por ser cometido con alevosía todo en concurso real”.
El fallo, en consonancia con el pedido realizado por el Ministerio Público Fiscal durante los alegatos, rechazó de plano los argumentos invocados por la defensa técnica, que propició la inimputabilidad de Ramírez.
Habló la mamá
Las audiencias se desarrollaron la semana pasada, entre el 26 y el 28 de junio, y en total fueron 24 los testigos que se presentaron. Declararon los policías y médicos que intervinieron aquel 19 de noviembre en Guadalupe Norte, y los peritos forenses que detallaron las causas de la muerte de la menor.
Entre esos testimonios habló Ana María Guzmán, madre de la víctima, que viajó desde un pueblito de la provincia de Buenos Aires donde está viviendo desde entonces.
El domingo 19 de noviembre pasado, la pequeña Keila había quedado al cuidado de su padrastro, ya que el resto de la familia había ido a la casa de unos parientes “a jugar a las cartas”. Entre ellos estaba la madre de la nena, que al regresar se encontró con su concubino desencajado, fuera de sí.
En el campo
“Me mandé una macana”, le habría dicho anticipándole el cuadro de horror que encontraría en la casa. “La maté, perdoname, me equivoqué”, habrían sido sus últimas palabras antes de caer en manos de la policía.
Ramírez se fugó del lugar y fue atrapado mientras escapaba campo traviesa por un sembradío de girasol.
No hubo confesión de parte del acusado durante el juicio; y luego de escuchar a todos los testigos dijo que no se acordaba de nada porque estaba ebrio.
No obstante, el médico que lo revisó tras el arresto recordó que no tenía signos de ebriedad a simple vista y lo mismo dijeron los policías que lo detuvieron.
Tampoco mostró arrepentimiento, ni pidió disculpas por el atroz crimen que se le endilga.
Alegatos
En base a indicios, periciales, la confesión de su mujer y posterior fuga, el tribunal optó por considerarlo culpable.
Durante los alegatos el fiscal N° 1 de Vera, Gustavo Gon, solicitó pena de prisión perpetua; en tanto el defensor general, José María Quiroga, reclamó la absolución de su defendido por causal de inimputabilidad por no comprender la criminalidad del acto por el estado de ebriedad.
Subsidiariamente, Quiroga pidió que se lo condene por “homicidio preterintencional”, solicitando una pena cercana al mínimo legal, que en estos casos oscila entre los tres a cinco años de prisión.
Ayer, el tribunal consideró probado que fue Ramírez quien el 19 de noviembre de 2011 violó a la hija de su concubina, Keila Geraldine Rojas de dos años y ocho meses, ocasionándole heridas mediante golpes de puños y patadas que provocaron la muerte inmediata.
Tras una semana de juicio, el presidente del tribunal pluripersonal, Nicolás Muse Chemes, junto con los jueces Jorge Fernández y Jorge Galbusera, convocaron a las partes este martes a las 10.30 de la mañana, para dar a conocer la sentencia por el crimen de la pequeña Keila Geraldine Rojas.
Por unanimidad el tribunal resolvió condenar a Rolando Fabián Ramírez, como “autor penalmente responsable de los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por su condición de guardador y homicidio calificado por ser cometido con alevosía todo en concurso real”.
El fallo, en consonancia con el pedido realizado por el Ministerio Público Fiscal durante los alegatos, rechazó de plano los argumentos invocados por la defensa técnica, que propició la inimputabilidad de Ramírez.
Habló la mamá
Las audiencias se desarrollaron la semana pasada, entre el 26 y el 28 de junio, y en total fueron 24 los testigos que se presentaron. Declararon los policías y médicos que intervinieron aquel 19 de noviembre en Guadalupe Norte, y los peritos forenses que detallaron las causas de la muerte de la menor.
Entre esos testimonios habló Ana María Guzmán, madre de la víctima, que viajó desde un pueblito de la provincia de Buenos Aires donde está viviendo desde entonces.
El domingo 19 de noviembre pasado, la pequeña Keila había quedado al cuidado de su padrastro, ya que el resto de la familia había ido a la casa de unos parientes “a jugar a las cartas”. Entre ellos estaba la madre de la nena, que al regresar se encontró con su concubino desencajado, fuera de sí.
En el campo
“Me mandé una macana”, le habría dicho anticipándole el cuadro de horror que encontraría en la casa. “La maté, perdoname, me equivoqué”, habrían sido sus últimas palabras antes de caer en manos de la policía.
Ramírez se fugó del lugar y fue atrapado mientras escapaba campo traviesa por un sembradío de girasol.
No hubo confesión de parte del acusado durante el juicio; y luego de escuchar a todos los testigos dijo que no se acordaba de nada porque estaba ebrio.
No obstante, el médico que lo revisó tras el arresto recordó que no tenía signos de ebriedad a simple vista y lo mismo dijeron los policías que lo detuvieron.
Tampoco mostró arrepentimiento, ni pidió disculpas por el atroz crimen que se le endilga.
Alegatos
En base a indicios, periciales, la confesión de su mujer y posterior fuga, el tribunal optó por considerarlo culpable.
Durante los alegatos el fiscal N° 1 de Vera, Gustavo Gon, solicitó pena de prisión perpetua; en tanto el defensor general, José María Quiroga, reclamó la absolución de su defendido por causal de inimputabilidad por no comprender la criminalidad del acto por el estado de ebriedad.
Subsidiariamente, Quiroga pidió que se lo condene por “homicidio preterintencional”, solicitando una pena cercana al mínimo legal, que en estos casos oscila entre los tres a cinco años de prisión.
Ayer, el tribunal consideró probado que fue Ramírez quien el 19 de noviembre de 2011 violó a la hija de su concubina, Keila Geraldine Rojas de dos años y ocho meses, ocasionándole heridas mediante golpes de puños y patadas que provocaron la muerte inmediata.
Fuente: El Litoral
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