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Viernes 22 de Junio de 2012 - 08:18 hs
El FMI presenta una enmienda a la totalidad a la política anti-crisis alemana
El Fondo Monetario Internacional (FMI) se juega su prestigio y sobre todo su dinero en la crisis europea. Y se declara harto de la pésima gestión en Berlín, en Fráncfort y en Bruselas: la directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde, presentó este jueves una batería de propuestas a largo -pero también a cortísimo plazo- que suponen una enmienda a la totalidad de la política anticrisis europea, con ese sello alemán que ha impuesto austeridad, recortes y reformas con celo mesiánico.
Con un mensaje directo muy crítico con el rescate a la banca española: a pesar de su tradicional ortodoxia, el FMI apuesta por recapitalizar los bancos débiles directamente con los fondos de rescate europeos, “sin pasar por los Gobiernos”, para romper el círculo vicioso entre la deuda soberana y la deuda bancaria. Berlín, más presionado que nunca, se niega en redondo a esa posibilidad.
Ante esa negativa, las ayudas a España —un préstamo del fondo de rescate europeo al Estado, a través del FROB— elevará así considerablemente la deuda pública y han provocado algo parecido a un ataque de pánico en los mercados, cada vez más preocupados por la posibilidad de que el agujero en los bancos provoque un boquete en la Hacienda española.
Frente a la sucesión inacabable de negativas de Berlín, el FMI emplaza a Europa a avanzar en la dirección contraria para combatir “la situación de estrés agudo en los bancos y en los Gobiernos”, dijo Lagarde. España está en el disparadero, pero también Italia: una crisis existencial del euro entra en su fase más aguda sin que la Unión, con el discutido liderazgo de Berlín, quiera darse por enterada.
El Fondo citó varios de los anatemas alemanes: Lagarde instó al Banco Central Europeo (BCE) a poner en marcha una política monetaria “creativa” ante la fase aguda de la crisis europea, tanto en el sistema financiero como en una economía maltrecha que camina hacia la recesión. El BCE tiene que activar “el programa de compra de bonos o soluciones políticas más tradicionales”, como una rebaja de los tipos de interés oficiales, espetó Lagarde en la rueda de prensa tras contar esa misma historia en la reunión, a la que asistió el presidente del Eurobanco, Mario Draghi.
Además, pidió a los países bajo presión de los mercados “consolidación presupuestaria decisiva y creíble” (es decir, recortes). Pero, eso sí, “centrándose en objetivos estructurales y no nominales”, dijo Lagarde. Traducción bastarda: la austeridad a rajatabla debe tener en cuenta las consecuencias de la recesión, que provoca una caída de los ingresos públicos y un repunte de ciertos gastos, como el relativo al subsidio de desempleo.
El Fondo tiene también recetas de largo alcance, que coinciden, a grandes rasgos, con el paquete que prepara la Comisión para la próxima cumbre. El FMI quiere acelerar la unión bancaria: un sistema de supervisión común (del agrado de Berlín), pero también un sistema de garantía de depósitos europeo y un fondo de resolución bancaria que se rechazan desde Alemania. Y una unión fiscal más integrada, en la que no puede faltar el demonio de todos los demonios alemanes: “Eurobonos, con un sistema de pasos intermedios, con controles y supervisiones, con reglas claras, pero con la vista puesta en compartir riesgos”, dijo Lagarde, consciente de las úlceras que eso puede provocar.
Con un mensaje directo muy crítico con el rescate a la banca española: a pesar de su tradicional ortodoxia, el FMI apuesta por recapitalizar los bancos débiles directamente con los fondos de rescate europeos, “sin pasar por los Gobiernos”, para romper el círculo vicioso entre la deuda soberana y la deuda bancaria. Berlín, más presionado que nunca, se niega en redondo a esa posibilidad.
Ante esa negativa, las ayudas a España —un préstamo del fondo de rescate europeo al Estado, a través del FROB— elevará así considerablemente la deuda pública y han provocado algo parecido a un ataque de pánico en los mercados, cada vez más preocupados por la posibilidad de que el agujero en los bancos provoque un boquete en la Hacienda española.
Frente a la sucesión inacabable de negativas de Berlín, el FMI emplaza a Europa a avanzar en la dirección contraria para combatir “la situación de estrés agudo en los bancos y en los Gobiernos”, dijo Lagarde. España está en el disparadero, pero también Italia: una crisis existencial del euro entra en su fase más aguda sin que la Unión, con el discutido liderazgo de Berlín, quiera darse por enterada.
El Fondo citó varios de los anatemas alemanes: Lagarde instó al Banco Central Europeo (BCE) a poner en marcha una política monetaria “creativa” ante la fase aguda de la crisis europea, tanto en el sistema financiero como en una economía maltrecha que camina hacia la recesión. El BCE tiene que activar “el programa de compra de bonos o soluciones políticas más tradicionales”, como una rebaja de los tipos de interés oficiales, espetó Lagarde en la rueda de prensa tras contar esa misma historia en la reunión, a la que asistió el presidente del Eurobanco, Mario Draghi.
Además, pidió a los países bajo presión de los mercados “consolidación presupuestaria decisiva y creíble” (es decir, recortes). Pero, eso sí, “centrándose en objetivos estructurales y no nominales”, dijo Lagarde. Traducción bastarda: la austeridad a rajatabla debe tener en cuenta las consecuencias de la recesión, que provoca una caída de los ingresos públicos y un repunte de ciertos gastos, como el relativo al subsidio de desempleo.
El Fondo tiene también recetas de largo alcance, que coinciden, a grandes rasgos, con el paquete que prepara la Comisión para la próxima cumbre. El FMI quiere acelerar la unión bancaria: un sistema de supervisión común (del agrado de Berlín), pero también un sistema de garantía de depósitos europeo y un fondo de resolución bancaria que se rechazan desde Alemania. Y una unión fiscal más integrada, en la que no puede faltar el demonio de todos los demonios alemanes: “Eurobonos, con un sistema de pasos intermedios, con controles y supervisiones, con reglas claras, pero con la vista puesta en compartir riesgos”, dijo Lagarde, consciente de las úlceras que eso puede provocar.
Fuente: elpais.com
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