Las ventas por el Día del Niño volvieron a mostrar las dificultades que atraviesa el consumo. A pesar de las promociones, descuentos y alternativas de financiación desplegadas por los comercios, la actividad registró una caída interanual del 2,5% a precios constantes y ninguno de los rubros relevados logró terminar con números positivos.
El dato surge del relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que también mostró un gasto promedio de $45.892 por operación. Aunque el monto nominal fue superior a los $33.736 registrados un año atrás, una vez descontada la inflación la mejora real fue de apenas 0,8%.
En diálogo con LT10, Roberto Slobodianiuk, integrante del Consejo Directivo de CAME, señaló que el resultado de esta fecha se inscribe dentro de una tendencia más amplia de retracción. “No escapa esta fecha a la general de la ley”, sostuvo, y recordó que las ventas de julio también habían mostrado una caída luego de la mejora puntual registrada en junio.
Para el dirigente, el retroceso adquiere mayor relevancia por tratarse de una de las fechas comerciales más importantes del año. “Un 2,5% no es poco, teniendo en cuenta que es una fecha muy emblemática”, afirmó.
Las promociones tampoco alcanzaron para revertir el escenario. Según el relevamiento, el 81,2% de los comercios recurrió a algún tipo de incentivo para atraer compradores. La financiación con tarjetas tuvo una participación importante y también se utilizaron descuentos por pago en efectivo.
Slobodianiuk remarcó que, pese a ese despliegue, el consumidor mantuvo una conducta prudente. “Ha habido promociones de todos los colores, pero no fueron suficientes”, señaló.
Compras sobre la hora y un bolsillo más limitado
Una de las características que volvió a repetirse fue la postergación de las decisiones. Según explicó el referente de CAME, buena parte de las operaciones se concentró durante las últimas jornadas previas a la celebración.
“Como está pasando últimamente, las ventas son compulsivas y de último momento”, describió. En ese sentido, indicó que muchos consumidores “esperaron al viernes, sábado y algunos hasta el domingo a la mañana como para hacer compras y ver cómo se podía llegar a darle algo a un niño”.
Ese comportamiento permitió mejorar parcialmente un escenario que, durante los días anteriores, mostraba números todavía más débiles. Sin embargo, no alcanzó para evitar el resultado negativo.
Las expectativas de los propios comerciantes también reflejaron ese panorama: el 43,6% señaló que logró resultados similares a los previstos, mientras que el 41,7% terminó por debajo de sus proyecciones. Apenas el 14,7% consiguió un desempeño mejor al esperado.
Para Slobodianiuk, el problema central no estuvo necesariamente en el aumento de los productos. “Eso hace más grave todavía el asunto, porque no es que fue una cuestión de precio, sino de disponibilidad de bolsillo o de poder acceder a un regalo acorde a lo que uno siempre, con el cariño, quiere dar a sus niños”, sostuvo.
Jugueterías, el rubro más golpeado
Todos los sectores analizados por CAME cerraron con caídas interanuales. El mayor retroceso correspondió precisamente a las jugueterías, uno de los rubros tradicionalmente más beneficiados por la fecha.
“Fíjense cuál es el rubro que más cayó en las ventas: juguetería, casi un 5%”, destacó Slobodianiuk.
El sector registró una baja del 4,8%, seguido por indumentaria y accesorios, con una caída del 4,1%, y calzado y marroquinería, con un 3,1%. Las librerías retrocedieron 1,8%, mientras que los equipos de audio y video, celulares y accesorios tuvieron la baja más moderada, del 1%.
También hubo diferencias en los montos desembolsados. El ticket promedio más alto estuvo en equipos electrónicos, con $51.136, seguido por calzado y marroquinería, con $50.680. En jugueterías llegó a $45.038; en indumentaria, a $42.344; y en librerías fue de $38.279.
Del juguete al regalo útil
La restricción presupuestaria también modificó el tipo de compra. Slobodianiuk explicó que, a medida que los chicos crecen, las familias tienden cada vez más a combinar el regalo con una necesidad concreta.
“Hoy por hoy está orientado a eso”, afirmó al referirse a la búsqueda de productos que tengan una utilidad posterior.
Según explicó, en los niños más pequeños todavía se mantiene con mayor fuerza el juguete tradicional. “No podemos poner nada por encima del placer del niño de recibir un juguete”, dijo, y mencionó ejemplos como “la muñeca, la pelota, el auto” o algún robot.
Pero a partir de determinada edad empiezan a ganar espacio otros artículos. “Entran a tallar elementos para la escuela o el zapato, ya que estamos a mitad de año y seguramente necesita un recambio o porque le creció el pie”, explicó.
El integrante de CAME describió incluso una adaptación dentro de las propias familias ante la falta de recursos: “Hay como un preamoldamiento de los niños al decirles: ‘Bueno, no hay tanto, te hace falta esto’. Y bueno, este va a ser el regalo”.
Qué lugar ocupa la compra online
El comercio electrónico también formó parte del análisis. Slobodianiuk señaló que muchos consumidores utilizan internet para comparar precios y anticipar compras, especialmente cuando existe riesgo de demoras en los envíos.
“Hoy se navega mucho, se navega mucho, y seguramente esas compras fueron adelantadas hasta en 30 días”, sostuvo.
Sin embargo, relativizó el peso que todavía tienen las ventas electrónicas sobre el conjunto del comercio minorista. Según explicó durante la entrevista por LT10, tomando datos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), su incidencia todavía no llega al 18% del universo total de ventas minoristas.
Además, diferenció el avance de las grandes plataformas del proceso de digitalización de los propios comercios tradicionales. “Muchos comercios minoristas ya están utilizando la venta electrónica”, remarcó.
Menos salidas y entretenimiento
La retracción no se limitó a la compra de regalos. Slobodianiuk señaló que también se observa un recorte en actividades asociadas a la celebración, como salidas gastronómicas o espectáculos para chicos.
“Una cosa que también sufrió mucho, que no lo alcanzamos a evaluar, fue el divertimento”, explicó. Entre los ejemplos mencionó salir a comer hamburguesas, participar de festivales o ir al teatro.
Según planteó, este tipo de consumo tiene una dificultad adicional para las familias: “El niño no puede ir solo. Decidido así con un adulto, entonces el gasto se multiplica por dos, como mínimo”.