La campaña de ataques con drones lanzada por Ucrania contra refinerías rusas comenzó a tener un fuerte impacto en el abastecimiento de combustible. En distintas regiones de Rusia, miles de conductores esperan durante horas e incluso días para cargar nafta o gasoil, mientras numerosas estaciones de servicio aplican restricciones o suspenden la venta por falta de stock.
Según estimaciones de analistas, los ataques alcanzaron al menos diez de las principales refinerías del país y dejaron fuera de funcionamiento cerca de un tercio de la capacidad de refinación. La situación ya repercute en el transporte, la actividad económica y la vida cotidiana de millones de personas.
Filas de hasta 36 horas y cambios en la vida cotidiana
Uno de los casos más críticos se registra en la ciudad de Chita, en la región de Transbaikalia, donde las filas para cargar combustible pueden extenderse por más de 36 horas. En algunos casos, los automovilistas se quedan sin nafta mientras esperan y deben empujar sus vehículos, mientras otros optan por dormir dentro de sus autos para no perder su lugar.
La escasez también modificó los hábitos de movilidad, especialmente en las zonas rurales. De acuerdo con datos de la plataforma CDEK.Shopping, las ventas de bicicletas aumentaron un 131 %, mientras que creció la demanda de caballos para tareas agrícolas y forestales ante las dificultades para conseguir gasoil.
El transporte público y los servicios de taxi también comenzaron a resentirse. Varias líneas de larga distancia redujeron o cancelaron recorridos y los viajes que continúan operando registran fuertes aumentos en sus tarifas.
Críticas al Gobierno y preocupación por la cosecha
La falta de combustible abrió un nuevo frente político dentro de Rusia. Legisladores de la Duma cuestionaron la respuesta del Gobierno y reclamaron explicaciones a los responsables del área energética y agrícola.
La diputada comunista Nina Ostanina advirtió que la escasez podría afectar el desarrollo de la cosecha y sostuvo: “El país podría quedarse sin granos, lo que, bajo las sanciones internacionales, equivaldría a una sentencia de muerte”.
Desde el Gobierno, en cambio, buscaron relativizar la situación. El viceprimer ministro Alexander Novak aseguró que no existe un colapso generalizado del sistema y atribuyó los problemas a situaciones puntuales, agravadas por compras de pánico y maniobras especulativas. Gobernadores de distintas regiones respaldaron esa postura.
El impacto también alcanza a Putin
La crisis ya comenzó a reflejarse en la imagen del presidente Vladimir Putin. Un sondeo de la Fundación Rusa de Opinión Pública (FOM) mostró que su nivel de aprobación cayó del 74 % al 69 % en apenas una semana, el registro más bajo desde el inicio de la ofensiva militar a gran escala sobre Ucrania.
Sin embargo, el deterioro económico no modificó el respaldo a la guerra. Según el Centro Levada, aumentó el porcentaje de ciudadanos que apoya la continuidad de las operaciones militares, mientras disminuyó el número de quienes consideran que Rusia debería avanzar en negociaciones de paz.