La pobreza infantil volvió a situarse en el centro del debate tras un nuevo relevamiento del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). El informe advierte sobre una crisis estructural que afecta a más de la mitad de los niños y adolescentes del país: a la falta de ingresos se suman carencias en alimentación, educación, salud y vínculos sociales que configuran un escenario complejo y persistente.
En este contexto, la investigadora del Observatorio de la UCA, Valentina González Sisto, analizó los datos en diálogo con LT10, donde expuso el alcance real de los indicadores y sus consecuencias en la vida cotidiana de los menores.
“Estamos viendo niveles de pobreza aún muy elevados; afectan a más del 50 % de los niños y niñas en el país que viven en hogares por debajo de la línea de pobreza”, explicó. Si bien señaló una leve mejoría respecto a 2024, aclaró que la cifra “marca un problema estructural” que se mantiene desde hace al menos 15 años sin perforar el piso del 40 %.
Uno de los datos más sensibles del estudio está vinculado a la seguridad alimentaria. “Son chicos que directamente no reciben una alimentación apropiada; a su vez, sus padres enfrentan esas mismas dificultades”, señaló González Sisto, y advirtió que estas condiciones comprometen tanto el crecimiento físico como el desarrollo cognitivo.
Brecha educativa y sanitaria
El informe también evidencia fuertes desigualdades en el acceso a la educación desde edades tempranas. “El 40 % de los niños del nivel socioeconómico muy bajo no asiste a centros educativos formales de nivel inicial”, detalló, mientras que en sectores con mayores ingresos esa cifra cae al 5,4 %. Esta brecha, explicó, condiciona toda la trayectoria posterior: “Tienen muchas más dificultades en su escolaridad y son los más expuestos a la sobreedad”.
En materia de salud, los indicadores también muestran retrocesos. “Durante el 2025, el 61,2 % de los chicos tenía únicamente cobertura pública de salud”, indicó la especialista, en un fenómeno vinculado al aumento de la informalidad laboral. A esto se suma la falta de controles preventivos: “El 15,7 % no consultó a un médico y alrededor del 35 % no fue al odontólogo durante el último año”.
El impacto emocional de la crisis
El deterioro no se limita a lo material. El estudio incorpora nuevas variables que reflejan el impacto en la vida emocional. “El 20,1 % de los chicos del estrato muy bajo se viste distinto de sus pares por problemas económicos”, explicó González Sisto, y advirtió que esto influye en la construcción de la identidad y la autoestima.
En esa línea, también aparecen señales de aislamiento social. “El 27,3 % de los niños tiene dificultades para entablar o mantener amistades”, indicó, un dato que consideró preocupante y poco visibilizado. “Es muy probable que sientan que no están a la altura”, agregó, vinculando este fenómeno con las desigualdades sociales.
De cara al futuro, la investigadora planteó que revertir esta situación requiere políticas más específicas y sostenidas. “Hay muchos datos nuevos para establecer políticas públicas más dirigidas”, sostuvo en LT10, y destacó la importancia de fortalecer las herramientas estatales para atender un problema que, lejos de ser coyuntural, se mantiene como uno de los principales desafíos estructurales de la Argentina.