Sociedad - Nutrición

Lunes 20 de Abril de 2026 - 12:04 hs

Por qué el frío aumenta el hambre y qué comer para frenarlo

El organismo gasta más energía para mantener la temperatura corporal, lo que altera el apetito. Los alimentos de "quema lenta" ayudan a sentirse saciado por más tiempo y evitan los picos de hambre constante.

El cuerpo no siente el frío de la misma manera que el resto del año. Cuando las temperaturas bajan, el organismo se vuelve más demandante: necesita más energía para sostener el calor interno, y esa exigencia se traduce en una sola señal: hambre.

No es una cuestión de voluntad ni un simple antojo. Detrás del aumento del apetito en invierno hay una explicación biológica con varios factores encadenados. El principal es la menor exposición a la luz solar, que desordena el reloj interno y afecta directamente a las hormonas que regulan la saciedad. A eso se suma que el cerebro, ante la falta de luz y el posible cansancio, busca compensar con alimentos de energía rápida, especialmente carbohidratos.

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El problema es que no todo lo que calma el hambre al instante funciona igual a largo plazo. Allí aparecen los llamados alimentos de "quema lenta": carbohidratos complejos que el cuerpo procesa de manera gradual. A diferencia de los productos refinados, estos liberan energía de forma sostenida, evitan los picos de glucosa y reducen la sensación de hambre poco después de comer.

¿Qué entra en esta categoría? Alimentos como la avena, el arroz integral, las legumbres, las verduras, las frutas enteras, los frutos secos y las semillas. Todos ellos tienen una estructura más compleja que demanda mayor tiempo de digestión, lo que genera saciedad prolongada y ayuda a controlar las porciones sin necesidad de estar comiendo a cada rato.

Incorporarlos durante la temporada de frío es más sencillo de lo que parece. Un desayuno caliente con avena, frutas y frutos secos es un buen punto de partida. Para el almuerzo o la cena, los platos de cuchara como guisos de legumbres, sopas espesas o cremas de verduras aportan nutrientes, mantienen la temperatura corporal y evitan el hambre temprana.

También funciona reemplazar las versiones refinadas por integrales: arroz, pastas o pan de grano entero suman fibra y mejoran la respuesta del organismo frente a la comida. Y si se combinan con proteínas magras, huevo o pescado, el efecto saciador se potencia aún más.
Un dato clave que muchas personas pasan por alto: con frío disminuye la sensación de sed, pero el cuerpo sigue necesitando agua. En varios casos, esa falta de hidratación se interpreta erróneamente como hambre, lo que lleva a comer de más sin necesidad. Mantenerse hidratado es tan importante como elegir bien los alimentos.
 

Fuente: LT10 - AMBITO

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