La aventura de una primera ilusión amorosa que nadie parece escuchar y la desesperación absurda de un argentino que no encuentra fuego para cebar un mate. Estas dos historias pequeñas, profundamente humanas y atravesadas por una mirada autoral nacida en Santa Fe, hoy recorren festivales y pantallas de distintos rincones del mundo.
Los cortometrajes Corazón, de Guillermo Voos, y Matafuegos, de Julien Arias Barbagallo, surgidos del histórico Taller de Cine de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), siguen ampliando su recorrido internacional. Mientras el primero fue seleccionado para el Ischia Global Film Festival de Italia, el segundo continúa sumando participaciones en espacios de exhibición y reflexión audiovisual dentro y fuera del país.
Invitados a los estudios de LT10, Julien Arias Barbagallo, directora de Matafuegos, y Tomás Mendoza, integrante del equipo de Corazón en diseño de sonido y dirección de arte, compartieron detalles sobre las obras y lo que significa ver producciones santafesinas dialogando con públicos de otras culturas.
El primer amor y la crisis cotidiana
Corazón se adentra en un territorio tan universal como delicado: el primer amor. Mendoza explicó que la historia gira en torno a un niño que intenta compartir su primer enamoramiento con sus padres. Sin embargo, ellos no le dan importancia, por lo que el protagonista atraviesa esa experiencia a través del juego y de lo que tiene a su alrededor.
En la vereda opuesta, aunque también anclado en situaciones reconocibles, Matafuegos convierte una escena doméstica en una tragicomedia cargada de tensión. "Trata sobre la crisis de una persona, de un argentino", resumió Arias Barbagallo. El personaje necesita encender el fuego para preparar el mate, pero nada funciona dentro de su departamento, lo que desencadena una crisis por una situación completamente cotidiana.
Lo que para cualquier espectador podría parecer una anécdota mínima, en el corto se transforma en una metáfora absurda y reconocible de ciertas frustraciones contemporáneas.
Fronteras superadas
El viaje de ambas producciones ya superó largamente las fronteras locales. En el caso de Corazón, la llegada al festival italiano representa una experiencia difícil de dimensionar para quienes comenzaron filmando en Santa Fe. Mendoza destacó que se trata de un espacio donde en otras ediciones participaron figuras internacionales de enorme prestigio: "Es un gran honor para nosotros", resumió.
Por su parte, Arias Barbagallo recordó la experiencia de ver Matafuegos proyectado en México y su posterior participación en el X Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Estudios sobre Cine y Audiovisual (AsAECA), realizado en Chaco. Allí compartió jornadas con investigadores, realizadores y estudiantes de distintas universidades del continente. "La experiencia estuvo muy rica; hubo mucho intercambio entre quienes producen y quienes investigan", contó.
El factor humano frente a los algoritmos
La conversación derivó inevitablemente hacia uno de los debates que atraviesan hoy al mundo audiovisual: la inteligencia artificial. Lejos de los discursos apocalípticos, ambos apostaron por una mirada crítica pero reflexiva.
Arias Barbagallo sostuvo que el valor diferencial del cine sigue estando en la capacidad humana de interpretar el mundo. "Creo que lo rico de las películas y de las producciones audiovisuales humanas está en reinterpretar también la realidad", afirmó.
Mendoza coincidió y remarcó la importancia de comprender no solo cómo se utilizan estas tecnologías, sino también de dónde obtienen la información con la que trabajan. "Debemos ser conscientes no solo de cómo lo podemos utilizar, sino también de qué saca para darnos algo", señaló.
Mientras los algoritmos avanzan y las plataformas modifican permanentemente las formas de consumo, ambos encuentran refugio en espacios como el Taller de Cine de la UNL, semillero de generaciones de realizadores santafesinos desde hace más de cuatro décadas.
Allí, entre debates, rodajes, cables, ideas y películas compartidas, siguen naciendo historias capaces de viajar miles de kilómetros sin perder su identidad. Historias que parten de un barrio, de una casa o de un mate que no puede encenderse, pero que terminan dialogando con espectadores de Italia, México o cualquier otro lugar donde alguien todavía esté dispuesto a detenerse unos minutos para mirar una película.