Hay jugadores que necesitan tiempo. Julián Marcioni no. Su llegada a Colón tuvo impacto inmediato y su estreno fue toda una declaración de intenciones. En el arranque de la Primera Nacional, el Sabalero venció a Deportivo Madryn en Santa Fe y el su apellido quedó subrayado en rojo: gol, figura y una actuación que explicó gran parte del triunfo.
El segundo tanto del partido llevó su firma, pero su influencia fue mucho más amplia que ese grito. Marcioni jugó con una energía contagiosa, fue opción permanente, presionó, recuperó y también pensó el juego cuando hizo falta. Se movió con inteligencia entre líneas, aportó claridad en la distribución y se mostró siempre disponible, como si llevara años con la camiseta puesta.
Ese nivel no fue casualidad ni sorpresa para quienes conocen su recorrido. Detrás del debut soñado aparece un dato que potencia aún más su noche: Marcioni volvió a convertir en su estreno en la categoría por tercer año consecutivo. En 2024 lo hizo ante Patronato defendiendo los colores de Agropecuario; en 2025 repitió frente a Los Andes; y ahora, en 2026, lo volvió a hacer con Colón.
El campeonato recién empieza, pero el mensaje ya fue enviado. Marcioni llegó, jugó, convirtió y se adueñó del escenario. En un Colón que busca reconstruirse y volver a creer, su aparición no fue una anécdota: fue una señal.