Liliana Benítez, presidenta de la vecinal Loyola Sur -una de las jurisdicciones más grandes de la ciudad-, se refirió a los múltiples allanamientos por narcomenudeo realizados este martes en la zona norte de Santa Fe. La dirigente describió una realidad que, según remarcó, los vecinos padecen a diario.
“Hace mucho tiempo que la zona norte es tierra de nadie. Vivimos gestionando seguridad: corredores seguros para los chicos que van a la escuela, para las madres que salen a trabajar temprano y para los médicos que deben ingresar a los centros de salud”, señaló Benítez.
La vecinalista explicó que barrios como Loyola no cuentan con escuelas propias, lo que obliga a los alumnos a trasladarse a otras zonas. Esto los deja expuestos a robos de mochilas y celulares, especialmente en las paradas de colectivos. “Eso pasa todos los días, no es algo excepcional”, afirmó.
Crisis social y narcotráfico
Consultada sobre la venta de drogas en el sector, Benítez fue contundente: “Si el vecino común sabe quién vende, la Policía también tiene que saberlo. Nosotros muchas veces vivimos presos en nuestras propias casas”.
Desde la vecinal sostienen un comedor comunitario que entrega alrededor de 400 raciones diarias. “No son solo estadísticas, son personas. Hay 400 personas que todos los días vienen a buscar un plato de comida”, remarcó, vinculando la inseguridad con la profundidad de la crisis social.
La dirigente barrial puso el foco en el consumo problemático y la falta de oportunidades. “Los pibes no terminan la escuela; con suerte llegan a séptimo grado y después se quedan en la esquina. Y esa esquina es donde se pierden”, advirtió. En ese sentido, cuestionó la falta de seguimiento escolar y de programas sociales sostenidos en el tiempo.
Fallas en el sistema de salud
Si bien reconoció que tras hechos violentos recientes aumentó la presencia policial, señaló que la seguridad no se limita al patrullaje. “La falta de iluminación, las calles intransitables y la ausencia de talleres de contención también son parte del problema”, sostuvo, al tiempo que reclamó mayor compromiso de los estados municipal y provincial.
En materia de salud, Benítez describió un sistema colapsado: centros con pocos profesionales, ausencia de psicólogos y demoras de meses para acceder a un turno. “Los chicos vienen a pedir ayuda y las puertas del Estado están cerradas. Ahí le fallamos todos”, lamentó.
Finalmente, puso en duda que los operativos de saturación generen cambios duraderos. “Está bien que se actúe contra el delito, pero si no trabajamos de fondo con los jóvenes, en un mes el barrio va a estar igual. No se soluciona solo con detenciones”, concluyó.