Leandro Monjo confirmó por LT10 que un comprador dejó una bala sobre un escritorio y lanzó amenazas tras no poder ingresar fuera del horario permitido. El hecho ocurrió en el Mercado de Productores de Santa Fe y ya interviene la Justicia.
Miércoles 25 de Enero de 2012 - 13:19 hs
Kustendorf, el festival de cine de Emir Kusturica premia al cine español
La actriz francesa Isabelle Huppert posa para los fotógrafos. A pocos metros de distancia, el director estadounidense Abel Ferrara llega en helicóptero mientras que el surcoreano Kim Ki-Duk bebe vino caliente para combatir el frío de la calle rodeado de estudiantes. Así se vive una jornada normal en el Festival de Cine y Música de Kustendorf. No ocurre en la Costa Azul francesa, ni entre góndolas, ni en el centro de una gran urbe europea. Ni falta que hace. Esa era la intención del director de cine Emir Kusturica cuando ideó hace cuatro años este certamen en el sudoeste de Serbia: rodearlo de montañas y forzar el encuentro entre sus participantes. En esta quinta edición el premio al mejor cortometraje ha ido a parar a España. Lo ha logrado Alto Sauce; sorprendente cine de género de Fernando Pomares nacido al cobijo de la ESCAC (Escuela de Cine de Catalunya) y rodado en Teruel y en el bosque de La Fageda d'en Jordà.
Promesas del cine conviven durante una semana con nombres consagrados en el pueblo de Drvengrad. Aislados del frío y la nieve, comparten comedor, conciertos y sesiones cinéfilas en una de las cabañas que configuran el irrepetible paisaje de la llamada ´ciudad de Kusturica´ (Kustendorf).
Son días de nieve y oro, el de los numerosos premios de Cannes, Venecia y Berlín que pisan la alfombra blanca de este diminuto pueblo de madera que nació como un decorado cinematográfico.
No hay camas voladoras ni burras con mal de amores, como ocurría en La vida es un milagro (2004), pero sí mucho cine en las esperanzas de los estudiantes. Han llegado con sus creaciones enlatadas bajo el brazo, para presentarlas en una gigantesca sala de proyección construida bajo tierra. El premio por el que compiten es simbólico, pero la máxima es la de "reivindicar la dignidad de un cine de autor que se enfrenta a un mercado hostil“, dice Kusutrica al inicio del certamen.
En Drvengrad se resumen algunas de sus obsesiones fílmicas, como el sentimiento nacional, o la pasión por la naturaleza y la música. Son elementos que en su cine ya resultaban repetitivos para la crítica, por lo que este pueblo le ayudó a que cobrarán nueva vida.
Los encuentros con el director turco Nuri Bilge Ceylan o los hermanos Dardenne, que han entusiasmado especialmente a los asistentes, se han sucedido en esta larga fiesta con cientos de invitados. Entre ellos periodistas, amigos de la familia e incluso fenómenos virales. Todos ellos giran en torno a la figura casi herócia del profesor Kusturica, venerado por las habitantes de la zona debido a sus marcadas tendencias políticas pro serbias y al impulso turístico que ha sabido dar al lugar.
El éxito de un proyecto de fin de carrera de la ESCAC como es Alto Sauce en un remoto festival hecho por cineastas muestra de nuevo el potencial de la Escuela de Barcelona como principal cantera de la industria española.
También pone de manifiesto las posibilidades de futuro de Pomares, quien se especializó en la rama de edición y ha convencido a un jurado entre los que se encontraba el productor francés Pierre Edelman, colaborador habitual de Pedro Almodóvar y Mike Leigh.
En Alto Sauce, Pomares emplea los códigos del cine de género para llevarlo un paso más lejos. Juega simultáneamente con presente y pasado para desgranar un crimen ocurrido hace dos décadas en un pueblo español imaginario.
La conversación, de Francis Ford Coppola (1974) y el documental La delgada línea azul, de Errol Morris (1988) han inspirado a uno de los participantes más cinéfilos de entre los que han competido en esta edición.
Sin tiempo para descansar, Pomares se prepara para presentar el cortometraje durante los próximos días en el Festival francés Premiers Plans y planea viajar con esta misma cinta hasta México, para abrir mercado en el Festival de Guadalajara.
Además busca distribuidor y coproductor para su primer largometraje, un filme sin diálogos y en blanco y negro protagonizado por la música de los hermanos Cubero. Quizá pronto se le vea presentándolo en un festival a la orilla del mar, o entre canales... o quizá algún mes de enero, entre montañas nevadas que recuerden a las del pueblo de Kusturica.
Promesas del cine conviven durante una semana con nombres consagrados en el pueblo de Drvengrad. Aislados del frío y la nieve, comparten comedor, conciertos y sesiones cinéfilas en una de las cabañas que configuran el irrepetible paisaje de la llamada ´ciudad de Kusturica´ (Kustendorf).
Son días de nieve y oro, el de los numerosos premios de Cannes, Venecia y Berlín que pisan la alfombra blanca de este diminuto pueblo de madera que nació como un decorado cinematográfico.
No hay camas voladoras ni burras con mal de amores, como ocurría en La vida es un milagro (2004), pero sí mucho cine en las esperanzas de los estudiantes. Han llegado con sus creaciones enlatadas bajo el brazo, para presentarlas en una gigantesca sala de proyección construida bajo tierra. El premio por el que compiten es simbólico, pero la máxima es la de "reivindicar la dignidad de un cine de autor que se enfrenta a un mercado hostil“, dice Kusutrica al inicio del certamen.
En Drvengrad se resumen algunas de sus obsesiones fílmicas, como el sentimiento nacional, o la pasión por la naturaleza y la música. Son elementos que en su cine ya resultaban repetitivos para la crítica, por lo que este pueblo le ayudó a que cobrarán nueva vida.
Los encuentros con el director turco Nuri Bilge Ceylan o los hermanos Dardenne, que han entusiasmado especialmente a los asistentes, se han sucedido en esta larga fiesta con cientos de invitados. Entre ellos periodistas, amigos de la familia e incluso fenómenos virales. Todos ellos giran en torno a la figura casi herócia del profesor Kusturica, venerado por las habitantes de la zona debido a sus marcadas tendencias políticas pro serbias y al impulso turístico que ha sabido dar al lugar.
El éxito de un proyecto de fin de carrera de la ESCAC como es Alto Sauce en un remoto festival hecho por cineastas muestra de nuevo el potencial de la Escuela de Barcelona como principal cantera de la industria española.
También pone de manifiesto las posibilidades de futuro de Pomares, quien se especializó en la rama de edición y ha convencido a un jurado entre los que se encontraba el productor francés Pierre Edelman, colaborador habitual de Pedro Almodóvar y Mike Leigh.
En Alto Sauce, Pomares emplea los códigos del cine de género para llevarlo un paso más lejos. Juega simultáneamente con presente y pasado para desgranar un crimen ocurrido hace dos décadas en un pueblo español imaginario.
La conversación, de Francis Ford Coppola (1974) y el documental La delgada línea azul, de Errol Morris (1988) han inspirado a uno de los participantes más cinéfilos de entre los que han competido en esta edición.
Sin tiempo para descansar, Pomares se prepara para presentar el cortometraje durante los próximos días en el Festival francés Premiers Plans y planea viajar con esta misma cinta hasta México, para abrir mercado en el Festival de Guadalajara.
Además busca distribuidor y coproductor para su primer largometraje, un filme sin diálogos y en blanco y negro protagonizado por la música de los hermanos Cubero. Quizá pronto se le vea presentándolo en un festival a la orilla del mar, o entre canales... o quizá algún mes de enero, entre montañas nevadas que recuerden a las del pueblo de Kusturica.
Fuente: elpais.com
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