El encuentro se extendió por más de dos horas y media en Casa Rosada. El Presidente abrió la reunión con un panorama general y luego el jefe de Gabinete repasó el plan de gestión 2026/27.
Hoy - En su mensaje semanal
Domingo 21 de Agosto de 2011 - 23:46 hs
Monseñor Arancedo saludó a los catequistas en su día
La celebración recuerda a san Pío X, patrono de esos servidores. El arzobispo santafesino dedicó su carta de este fin de semana a la tarea que realizan los católicos identificados con la palabra. Este es el texto:
Este domingo, 21 de Agosto, celebramos el Día del Catequista en recuerdo de san Pío X, su santo Patrono. La catequesis pertenece al ámbito de la Palabra de Dios, que es el primer lugar de encuentro con Jesucristo (cfr. Ap. 246). La Palabra tiene por finalidad ser camino de comunión de Dios con el hombre. En este marco la catequesis es: Anuncio y Transmisión, Celebración e inserción en la Iglesia.
Esto le da a la catequesis su significado en la vida de la Iglesia. Por ello, toda la Iglesia debe estar comprometida en la catequesis, porque es ella quién tiene la responsabilidad de iniciar al hijo de Dios en el encuentro con Jesucristo y llevarlo a su madurez religiosa. Esta Iglesia se hace presente al niño, ante todo, en la fe y responsabilidad de sus padres.
Creo que estas notas son útiles para definir al Catequista. Es ante todo un miembro de la Iglesia que vive su fe en lo concreto de una comunidad; en él la Iglesia cumple su misión. El anuncio es una noticia que tiene importancia para quién la recibe; es una palabra personal que busca entablar un diálogo que despierte en el otro escucha y compromiso.
No es algo meramente informativo. La catequesis participa de la fuerza del Kerygma, que es la persona de Jesucristo presentado desde la Iglesia. Esto requiere una intimidad con la Palabra anunciada, que hace del catequista un testigo. Esta vivencia le permitirá iluminar y valorar los medios y metodologías que utilice.
El anuncio tiene, además, un contenido. Dios habló, esta es la certeza y el camino de la fe. La fe no es un sentimiento vacío, necesita de un contenido que la alimente. La catequesis nos transmite una doctrina que tiene su fuente en Jesucristo, y nos llega a través de la mediación de la Iglesia asistida por el Espíritu Santo. Jesucristo, Iglesia y Catequesis no se pueden separar.
Como toda enseñanza tiene sus exigencias. Esta nota debe hacer comprender al catequista el significado eclesial de su misión, pero también la necesidad de su formación doctrinal, espiritual y pedagógica. No podemos improvisar en esta misión esencial de la Iglesia. Si por el anuncio el catequista es testigo, por la transmisión de la verdad del Evangelio es maestro.
La catequesis tiene por finalidad la comunión con Dios. Esto significa que no es algo escolar sino celebrativo. Desde la dinámica de la Palabra la catequesis debe conducir a la inserción en una comunidad eucarística. La catequesis se ordena a la Eucaristía que es culmen de la vida cristiana y anticipo del banquete celestial. Esta verdad hace de la catequesis un espacio celebrativo de la fe. Por ello, la oración y la liturgia deben estar presentes.
La catequesis, además, en cuánto inserción a una comunidad eucarística debe despertar el servicio de la caridad, como testimonio de “los sentimientos de Jesucristo” con el que sufre. No hay comunidad sin celebración eucarística, y no hay celebración eucarística que no se oriente a la caridad. Estas notas hacen del Catequista una privilegiada presencia eclesial y una referencia ejemplar en la comunidad.
Queridos Catequistas, quiero unir mi afecto, gratitud y oración por todos ustedes. Reciban de su Obispo, que los valora, necesita y alienta en esta misión que presido y compartimos, la bendición del Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe.
Esto le da a la catequesis su significado en la vida de la Iglesia. Por ello, toda la Iglesia debe estar comprometida en la catequesis, porque es ella quién tiene la responsabilidad de iniciar al hijo de Dios en el encuentro con Jesucristo y llevarlo a su madurez religiosa. Esta Iglesia se hace presente al niño, ante todo, en la fe y responsabilidad de sus padres.
Creo que estas notas son útiles para definir al Catequista. Es ante todo un miembro de la Iglesia que vive su fe en lo concreto de una comunidad; en él la Iglesia cumple su misión. El anuncio es una noticia que tiene importancia para quién la recibe; es una palabra personal que busca entablar un diálogo que despierte en el otro escucha y compromiso.
No es algo meramente informativo. La catequesis participa de la fuerza del Kerygma, que es la persona de Jesucristo presentado desde la Iglesia. Esto requiere una intimidad con la Palabra anunciada, que hace del catequista un testigo. Esta vivencia le permitirá iluminar y valorar los medios y metodologías que utilice.
El anuncio tiene, además, un contenido. Dios habló, esta es la certeza y el camino de la fe. La fe no es un sentimiento vacío, necesita de un contenido que la alimente. La catequesis nos transmite una doctrina que tiene su fuente en Jesucristo, y nos llega a través de la mediación de la Iglesia asistida por el Espíritu Santo. Jesucristo, Iglesia y Catequesis no se pueden separar.
Como toda enseñanza tiene sus exigencias. Esta nota debe hacer comprender al catequista el significado eclesial de su misión, pero también la necesidad de su formación doctrinal, espiritual y pedagógica. No podemos improvisar en esta misión esencial de la Iglesia. Si por el anuncio el catequista es testigo, por la transmisión de la verdad del Evangelio es maestro.
La catequesis tiene por finalidad la comunión con Dios. Esto significa que no es algo escolar sino celebrativo. Desde la dinámica de la Palabra la catequesis debe conducir a la inserción en una comunidad eucarística. La catequesis se ordena a la Eucaristía que es culmen de la vida cristiana y anticipo del banquete celestial. Esta verdad hace de la catequesis un espacio celebrativo de la fe. Por ello, la oración y la liturgia deben estar presentes.
La catequesis, además, en cuánto inserción a una comunidad eucarística debe despertar el servicio de la caridad, como testimonio de “los sentimientos de Jesucristo” con el que sufre. No hay comunidad sin celebración eucarística, y no hay celebración eucarística que no se oriente a la caridad. Estas notas hacen del Catequista una privilegiada presencia eclesial y una referencia ejemplar en la comunidad.
Queridos Catequistas, quiero unir mi afecto, gratitud y oración por todos ustedes. Reciban de su Obispo, que los valora, necesita y alienta en esta misión que presido y compartimos, la bendición del Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe.
Fuente: arzobispado de santa fe
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