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Hoy - Lo velaron en la Biblioteca Nacional
Domingo 04 de Septiembre de 2011 - 15:30 hs
A los 87 años, murió el filósofo y catedrático León Rozitchner
El reconocido intelectual y catedrático de la UBA estaba internado desde febrero. En el 2006 disertó en el auditorio de ATE Santa Fe, en el marco de conferencias que brindó la Facultad Libre de Rosario.
En una entrevista hecha en 2009, Osvaldo Bayer contó que, a la vuelta de sus exilios, se juntaba con David Viñas, Tito Cossa, Osvaldo Soriano y León Rozitchner a comer empanadas y tomar buen vino. Pero si se repasa la biografía de estos cinco hombres, queda claro que se juntaban a discutir. Cuenta Bayer que Rozitchner y Viñas eran los más vehementes. Y que los temas los planteaba Soriano.
Hijo de un matrimonio judío, nació el 24 de septiembre de 1924.
En la madrugada de ayer, 87 años después, moría en el hospital universitario del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas, donde estaba internado desde febrero. Durante la tarde de ayer, fue velado en la sala Cortázar de la Biblioteca Nacional y hoy será enterrado en un cementerio judío que se determinará.
De él se puede decir que trazó la línea de su vida junto a algunos hechos culturales que hoy son historia. A los 24 se fue a vivir a París. Antes le habían pasado muchas cosas: un comisario que lo expulsa de un cumpleaños infantil por ser judío, el ingreso al Club Infantil Socialista, el peronismo, las carreras sin terminar de Medicina y Filosofía, la amistad con el hombre con quien muchos años después se juntaría a discutir con la excusa de tomar vino, David Viñas.
En 1952, Rozitchner se doctoró en Humanidades en la Universidad de La Sorbona y estudió con maestros como Maurice Merleau Ponty y Claude Lévi-Strauss. De regreso al país fue docente y traductor, dio conferencias y participó de grupos fundacionales de la cultura argentina, como el que integró con Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Oscar Masotta y los hermanos Viñas, que generó la revista Contorno y salió entre 1953 y 1959. Después, desde Venezuela, donde debió exiliarse en 1976, participó de otra publicación que dio debates que aún perduran, como la lucha armada y la Guerra de Malvinas: Controversia , editada por un grupo de intelectuales argentinos desterrados en México.
“Yo creo que las cosas que uno puede contar de sí mismo tienen sentido en la medida que se refieren a los otros”, decía Rozitchner. Diferenciaba, siguiendo la “Etica” de Spinoza, los “escollos” de lo “esencial”. Y agregaba: “ Todo el mundo está queriendo hablar de sí mismo, esta autorreferencia continua para justificar la propia nadería ”.
La religión fue otro de sus objetos de estudio. En 1967, publicó el libro Ser judío , en el que planteaba el compromiso con los perseguidos, los reprimidos y los débiles como consecuencia de la ética del ser judío.
Rozitchner no se iba con chiquitas: trazó los vínculos entre marxismo y psicoanálisis y de ahí saltó a pensar el peronismo.
En las últimas entrevistas, dos de ellas en Revista Ñ , decía que, en la Argentina, la producción de ideas circulaba “por núcleos intelectuales más ligados a las revistas de cultura que a la Universidad”. Que los intelectuales eran culpables de “la carencia de reflexión sobre la política presente en este país”. En 2008 hizo un intervención pública, con otros intelectuales, en relación a la Resolución 125, que él mencionaba como “el (mal) llamado ‘conflicto del campo’”. Y aunque en algunos aspectos estuvo cercano al grupo de intelectuales kirchneristas de “Carta Abierta”, ayer sus allegados explicaban que no había sido un integrante orgánico.
Era muy crítico, agudo y por momentos, demoledor.
“El sentido de la nada, del morir, va a estar determinado por el sentido que para uno tuvo la propia vida (...) Por eso, cuando vaya a morir me gustaría decir como los franceses, chapeaux” . Llevarse la mano a la cabeza y sacarse el sombrero para anotar el respeto, para asentir y compartir que uno es una nadería. Chapeaux.
Hijo de un matrimonio judío, nació el 24 de septiembre de 1924.
En la madrugada de ayer, 87 años después, moría en el hospital universitario del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas, donde estaba internado desde febrero. Durante la tarde de ayer, fue velado en la sala Cortázar de la Biblioteca Nacional y hoy será enterrado en un cementerio judío que se determinará.
De él se puede decir que trazó la línea de su vida junto a algunos hechos culturales que hoy son historia. A los 24 se fue a vivir a París. Antes le habían pasado muchas cosas: un comisario que lo expulsa de un cumpleaños infantil por ser judío, el ingreso al Club Infantil Socialista, el peronismo, las carreras sin terminar de Medicina y Filosofía, la amistad con el hombre con quien muchos años después se juntaría a discutir con la excusa de tomar vino, David Viñas.
En 1952, Rozitchner se doctoró en Humanidades en la Universidad de La Sorbona y estudió con maestros como Maurice Merleau Ponty y Claude Lévi-Strauss. De regreso al país fue docente y traductor, dio conferencias y participó de grupos fundacionales de la cultura argentina, como el que integró con Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Oscar Masotta y los hermanos Viñas, que generó la revista Contorno y salió entre 1953 y 1959. Después, desde Venezuela, donde debió exiliarse en 1976, participó de otra publicación que dio debates que aún perduran, como la lucha armada y la Guerra de Malvinas: Controversia , editada por un grupo de intelectuales argentinos desterrados en México.
“Yo creo que las cosas que uno puede contar de sí mismo tienen sentido en la medida que se refieren a los otros”, decía Rozitchner. Diferenciaba, siguiendo la “Etica” de Spinoza, los “escollos” de lo “esencial”. Y agregaba: “ Todo el mundo está queriendo hablar de sí mismo, esta autorreferencia continua para justificar la propia nadería ”.
La religión fue otro de sus objetos de estudio. En 1967, publicó el libro Ser judío , en el que planteaba el compromiso con los perseguidos, los reprimidos y los débiles como consecuencia de la ética del ser judío.
Rozitchner no se iba con chiquitas: trazó los vínculos entre marxismo y psicoanálisis y de ahí saltó a pensar el peronismo.
En las últimas entrevistas, dos de ellas en Revista Ñ , decía que, en la Argentina, la producción de ideas circulaba “por núcleos intelectuales más ligados a las revistas de cultura que a la Universidad”. Que los intelectuales eran culpables de “la carencia de reflexión sobre la política presente en este país”. En 2008 hizo un intervención pública, con otros intelectuales, en relación a la Resolución 125, que él mencionaba como “el (mal) llamado ‘conflicto del campo’”. Y aunque en algunos aspectos estuvo cercano al grupo de intelectuales kirchneristas de “Carta Abierta”, ayer sus allegados explicaban que no había sido un integrante orgánico.
Era muy crítico, agudo y por momentos, demoledor.
“El sentido de la nada, del morir, va a estar determinado por el sentido que para uno tuvo la propia vida (...) Por eso, cuando vaya a morir me gustaría decir como los franceses, chapeaux” . Llevarse la mano a la cabeza y sacarse el sombrero para anotar el respeto, para asentir y compartir que uno es una nadería. Chapeaux.
Fuente: Perfil.com
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