Colón - Por César Carignano

Sábado 09 de Abril de 2016 - 11:35 hs

"Un resultado ajeno al trámite del partido"

Foto Télam

El empate en Lomas de Zamora frente a Banfield dejó detalles positivos en el barrio Centenario, entre ellos quizá el más destellante fue el cambio de características nacido a partir del ingreso de Bastia y su cuota de equilibrio, ese que tan complejo venía resultándole al sabalero encontrar. En frente se avizoraba un equipo sólido, en franco crecimiento y en el súmumm de su moral tras el histórico triunfo ante River.

Y el desarrollo no se alejó demasiado de lo imaginado. Tardaron un puñado de minutos en poner de manifiesto, ambos, sus ideas demostrando que los dibujos tácticos dependen de las aptitudes de los intérpretes más que de la apatía que deja ver una planilla. Con idénticos esquemas uno expresó sus deseos de dominar el esférico y hacerlo el eje de su juego; y el otro, en cambio, se replegó con orden y sagacidad esperando el momento preciso para lastimar de contra.

El local se adueñó del terreno y la pelota casi de inmediato, desplegó la misma movilidad que la semana anterior, ocupando las bandas con jugadores ocasionales y no permanentes, descendiendo a Ruiz para generar superioridad en el medio campo y desde allí intentar progresar. Pero no le resultó fácil profundizar. Primero, porque sólo un jugador piensa en picar el vacío de vez en cuando, en lugar de retroceder para asociarse: Sperduti. Y segundo, porque el rival conoce el arma letal colonista y supo alejarlo del área para evitar los remates del falso nueve.

La visita se dignó a ser disciplinado, a cerrar los espacios cerca de su arco y a intentar acaparar alguna bajada de Quiroga, destinatario casi exclusivo de las salidas largas del fondo paranaense. Pero el ex Unión se encontró con un obstáculo infranqueable: Conti. Germán estuvo a la altura de las circunstancias, y más aún. No sólo anuló al centrodelantero rival por aire, por tierra también lo hizo y por si fuera poco, aportó salida criteriosa. Un nivel que lo acerca, y mucho, a su mejor versión. 

Hablar de merecimientos no es sencillo cuando los arcos sienten tan lejos el juego, pero el remate al palo de Telechea y la mala interpretación de una buena idea por parte del 18 sabalero, fundamentaban la paridad del primer capítulo.

Tras el descanso el rojinegro abrió el partido. La imposibilidad de poner hombres con opciones claras dentro del área potencia el valor del remate desde afuera. De un fuerte derechazo de Ledesma surgió el córner que encontró el gol en la cabeza de Barsotini. Los de Franco desamarraban el resultado como ante el taladro, a través de la pelota quieta. De aquí en más fue tan apabullante la tenencia localista, como los méritos para justificar la victoria. Muchos buenos remates de media distancia que encontraron respuestas jerarquizadas del rubio arquero del Patrón, y la más clara, de Conti, que por ironías del azar fue a parar justo al cuerpo del veterano cancerbero, tras otro peligroso tiro de esquina.

Forestello intentó adelantar a su equipo optando por el ingreso de jugadores más ofensivos y el de Donoso. Por él, tras un descuido del espigado central sabalero, el único en todo el match, llegó el empate. Sólo eso hizo Patronato hasta el penal que decretaría la igualdad final. Previo al doloroso gol sobre la hora, Colón siguió teniendo el bolo, apostando a ganador. Así encontró la diferencia parcial por intermedio de Lagos, y así se sostuvo sin sobresaltos hasta que el desgaste de tamaño esfuerzo en un campo complicado por la lluvia le sugirió retroceder un poco. Pero no encuentro una conexión inexorable entre esa decisión y el desolador final.

Los de Franco tuvieron equilibrio, paciencia para desatar la maraña entrerriana, y buen juego a partir de los espacios que aparecieron tras la primera conquista. Pero carecieron de contundencia, de eficacia, para trasladar al resultado el dominio absoluto que ostentaron largos minutos. No pudo marcar una distancia irreductible en el tanteador y por ello el adversario estuvo siempre en partido, desde lo numérico al menos. Cuando esto ocurre el margen de error disminuye, y la barrida del defensor llegado de Gimnasia toma otra notoriedad. La jugada pedía otra resolución, pero Osvaldo confió en sus dotes y terminó dándole la chance, a la figura de la cancha, de poner pardas.

La frustración de la gente es la misma que albergan los intérpretes que defendieron la divisa sangre y luto anoche, exactamente la misma. Es una herida molesta, fastidiosa, que privó al negro de un triunfo por el que bregó con sus intenciones y con sus fundamentos. Pero los méritos y la lógica suelen coquetear y burlarse en este deporte. Por ello, en medio de una llovizna insoportable el resultado de anoche estuvo lejos del trámite.

Fuente: LT10