El ayuno intermitente, que tiene como característica central dejar de comer por espacios de 8, 12 o 16 horas, se puso de moda en los últimos años y pasó a ser una estrategia muy utilizada cuando se busca bajar de peso. La propuesta no sólo "explotó" en las redes sociales como una alternativa para perder kilos sino que los especialistas en nutrición la sumaron como una herramienta eficaz "siempre en el marco de un tratamiento", aclaran. Ahora, una revisión realizada por expertos de distintos países, entre ellos un equipo del Hospital Italiano de Buenos Aires, que analizó 22 estudios sobre este tema, muestra que es "poco probable" que el ayuno intermitente sea mejor que otros "caminos" para adelgazar, en personas adultas con sobrepeso u obesidad.
La denominada "revisión Cochrane", un análisis sistemático sobre diferentes estrategias de salud, puso el foco en este modo de encarar un plan alimentario y destacó que "la evidencia detrás del ayuno intermitente para bajar de peso no coincide con las expectativas".
Los investigadores analizaron 22 ensayos clínicos aleatorizados con 1995 adultos en América del Norte, Europa, China, Australia y Sudamérica. Los ensayos examinaron diversas formas de ayuno intermitente, como el ayuno en días alternos, el ayuno periódico y la alimentación con restricción de tiempo. Las conclusiones fueron publicadas en febrero de 2026. La mayoría de los estudios realizaron un seguimiento de los participantes durante un máximo de 12 meses.
La revisión comparó el ayuno intermitente con el asesoramiento dietético tradicional y con la ausencia de intervención. El ayuno intermitente no pareció tener un efecto clínicamente significativo en la pérdida de peso en comparación con el asesoramiento dietético estándar o indicación especial.
Un análisis más profundo
La Capital habló con la licenciada en nutrición Eliana Salazar, quien trabaja haciendo foco en la autorregulación biológica. La profesional rosarina ofreció su punto de vista sobre el tema. ¿Sigue siendo el ayuno intermitente una alternativa que los pacientes solicitan o pasó "la moda"? ¿La usan los nutricionistas en el marco de un plan alimentario para bajar de peso?
"Hay mucha evidencia científica a favor del ayuno intermitente. El error es considerarlo una solución por sí misma o principal, creyendo que con hacer ayuno y nada más se pierde grasa", señaló la especialista.
La obesidad "es una enfermedad metabólica crónica y requiere de muchos abordajes para lograr la construcción de salud", enfatizó la licenciada, quien trabaja en el Sanatorio Británico, en Pami y en otros centros de salud privados de la ciudad, y es miembro del consejo directivo del Colegio de Nutricionistas de Rosario.
Una herramienta que sigue en auge
El ayuno intermitente "nos permite regular el metabolismo, reducir la inflamación y hasta mejorar la claridad mental en muchos casos. Cuando dejamos de comer por un período de tiempo determinado el cuerpo entra en una limpieza celular llamada autofagia, que interactúa con nuestros sensores biológicos de hambre y saciedad. Entendemos, entonces, que colabora con la pérdida de grasa, pero para tomar la decisión de implementarlo, y cómo hacerlo, es necesario evaluar caso por caso", dijo Salazar.
"El ayuno intermitente ayuda a perder grasa si se logra mantener el déficit calórico sin activar una fuerte respuesta compensatoria del hambre", detalló. Para ello debe ser guiado siempre por un profesional dedicado a la nutrición.
"La pérdida de grasa sostenida depende a su vez del estado inflamatorio del metabolismo, del estrés, de sacar el cuerpo del estado de alarma, de la buena calidad nutricional, considerando, por ejemplo, cantidad suficiente de ingesta de proteína, entrenamiento de fuerza y buen descanso, entre otros factores", expresó la nutricionista.
No hay que pasar hambre
"Debe ser una herramienta flexible, guiada por un profesional y no una imposición", señaló Salazar y agregó que "puede ser muy interesante esta metodología en cuanto al aprendizaje: no se trata de pasar hambre sino de aprender a censar cuando el cuerpo necesita nutrirse, es decir, cuándo comer y cómo salir de ese período de ayuno (no se puede cortar con cualquier tipo de comida). También nos ayuda a no caer en ese automatismo de comer de acuerdo a conductas implantadas socialmente, a elegir de acuerdo a las señales fisiológicas internas e individuales y regularlas según el ritmo circadiano y los tiempos digestivos, entre otras cosas".
"Sigue siendo una herramienta maravillosa, pero siempre en conjunto con otras", remarcó.
A partir de la pandemia, comentó la nutricionista, "se empezó a dar valor a la nutrición como verdadero combustible y se puso el acento en los nutrientes: comenzamos a entender mucho más que la pérdida de grasa sostenida no solo depende del déficit calórico sino de muchas otras variables, como mencioné".
"No hay magia ni fórmulas rápidas y esto es algo que las personas van comprendiendo cada vez más. Se trata de cambiar patrones nocivos para la biología, se trata de construir salud y ese es un proceso que lleva su tiempo", mencionó la experta.
"Creo que es muy importante que quienes trabajamos en nutrición lleguemos a la gente con mensajes claros. Afortunadamente las personas que vienen al consultorio están muy atentas, quieren aprender, cuidar su salud y optimizarla", puntualizó Salazar.