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Lunes 17 de Marzo de 2014 - 16:52 hs
La música activa el placer por medio de circuitos neuronales específicos
Un estudio liderado por investigadores de Barcelona revela que existen personas que no sienten nada al escuchar el Nessun Dorma y, sin embargo, sí liberan dopamina, la ‘hormona de la felicidad’, ante la posibilidad de ganar dinero. El trabajo sugiere que la relación entre la música y el placer se establece por vías diferenciadas.
Actualizado: Jueves 10 de Marzo de 2016 - 07:15 hs
La comida, el dinero, el sexo, las drogas y el rock and roll estimulan la liberación de dopamina en distintas áreas del cerebro, lo que provoca sensación de placer. A este circuito se le llama sistema de recompensa.
Desde hace tiempo se conoce la anhedonia, un trastorno en estas vías que impide sentir placer.
Ahora, la revista Current Biology publica una investigación que muestra la existencia de unas vías nerviosas únicas para la música en este sistema de recompensa. Con este estudio se demuestra que pueden haber vías específicas para sentir el placer de la música, diferentes al de otro tipo de estímulos.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), en colaboración con el Instituto Neurológico de Montreal (Canadá), analiza la anhedonia musical en personas que no disfrutan con la música.
Para identificar a estos voluntarios que no se emocionaban con la música aunque la percibieran bien, los científicos diseñaron un cuestionario que se puede responder en esta web.
Además, los autores llevaron a cabo una serie de ejercicios para estudiar si su sistema de recompensa se activaba ante otro tipo de estímulos como el de recibir dinero.
Nessun dorma para investigar
El primero de los ejercicios consistía en escuchar trece piezas musicales como el Nessun dorma de Puccini, Las cuatro estaciones de Vivaldi o Barcelona –canción de los Juegos Olímpicos de 1992–, generalmente sin letra, para no alterar el contenido de la música.
Los voluntarios incorporaron tres canciones con las que \\'disfrutaban\\' personalmente. “Algunos de los pacientes con anhedonia musical pedían consejo a amigos o a familiares para escoger las piezas”, explica a Sinc Josep Marco, uno de los autores.
En el segundo ejercicio, los participantes debían responder rápidamente ante estímulos visuales si querían ganar un dinero o evitaban perderlo.
Los resultados indican que aunque las personas con anhedonia musical no disfrutaban con Vivaldi, su fisiología y sus corazones se aceleraban cuando podían ganar dinero extra.
“Dada la naturaleza abstracta y compleja del sistema de recompensa musical, las emociones evocadas por la música no solo se procesan en este sistema sino que también intervienen otras áreas cerebrales relacionadas con la percepción musical” añade Marco.
Música triste para el cerebro
Un año más tarde, los investigadores volvieron a reunir a la mayoría de voluntarios para estudiar la consistencia del experimento realizado. En esta ocasión, se les pidió que asociaran la música que escuchaban a cuatro tipos de sentimientos: felicidad, miedo, tristeza o paz.
Todos los voluntarios, incluidos los que padecían anhedonia musical, supieron reconocer estas emociones en las piezas.
“Aunque sintamos tristeza, nuestro sistema de recompensa se activa”, añade Marco. “No solo pasa con la música. De hecho, una de las razones por la cual nos gustan las películas de miedo o los dramas es porque nos evocan emociones, y todo el circuito emocional está conectado con el sistema de recompensa”.
Desde hace tiempo se conoce la anhedonia, un trastorno en estas vías que impide sentir placer.
Ahora, la revista Current Biology publica una investigación que muestra la existencia de unas vías nerviosas únicas para la música en este sistema de recompensa. Con este estudio se demuestra que pueden haber vías específicas para sentir el placer de la música, diferentes al de otro tipo de estímulos.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), en colaboración con el Instituto Neurológico de Montreal (Canadá), analiza la anhedonia musical en personas que no disfrutan con la música.
Para identificar a estos voluntarios que no se emocionaban con la música aunque la percibieran bien, los científicos diseñaron un cuestionario que se puede responder en esta web.
Además, los autores llevaron a cabo una serie de ejercicios para estudiar si su sistema de recompensa se activaba ante otro tipo de estímulos como el de recibir dinero.
Nessun dorma para investigar
El primero de los ejercicios consistía en escuchar trece piezas musicales como el Nessun dorma de Puccini, Las cuatro estaciones de Vivaldi o Barcelona –canción de los Juegos Olímpicos de 1992–, generalmente sin letra, para no alterar el contenido de la música.
Los voluntarios incorporaron tres canciones con las que \\'disfrutaban\\' personalmente. “Algunos de los pacientes con anhedonia musical pedían consejo a amigos o a familiares para escoger las piezas”, explica a Sinc Josep Marco, uno de los autores.
En el segundo ejercicio, los participantes debían responder rápidamente ante estímulos visuales si querían ganar un dinero o evitaban perderlo.
Los resultados indican que aunque las personas con anhedonia musical no disfrutaban con Vivaldi, su fisiología y sus corazones se aceleraban cuando podían ganar dinero extra.
“Dada la naturaleza abstracta y compleja del sistema de recompensa musical, las emociones evocadas por la música no solo se procesan en este sistema sino que también intervienen otras áreas cerebrales relacionadas con la percepción musical” añade Marco.
Música triste para el cerebro
Un año más tarde, los investigadores volvieron a reunir a la mayoría de voluntarios para estudiar la consistencia del experimento realizado. En esta ocasión, se les pidió que asociaran la música que escuchaban a cuatro tipos de sentimientos: felicidad, miedo, tristeza o paz.
Todos los voluntarios, incluidos los que padecían anhedonia musical, supieron reconocer estas emociones en las piezas.
“Aunque sintamos tristeza, nuestro sistema de recompensa se activa”, añade Marco. “No solo pasa con la música. De hecho, una de las razones por la cual nos gustan las películas de miedo o los dramas es porque nos evocan emociones, y todo el circuito emocional está conectado con el sistema de recompensa”.
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