El último episodio violento se produjo en la noche del domingo cuando atacaron a un vecino para robarle.
LT10 - Manipulación de datos
Domingo 31 de Marzo de 2013 - 00:34 hs
Las estadísticas ocultan a casi nueve millones de pobres
Según un relevamiento de la Universidad Católica, a finales de 2012 la pobreza alcanzaba a unos 11 millones de personas, el 26,9% de la población. Para el INDEC llega apenas a 2,2 millones, el 5,5%
Actualizado: Sábado 12 de Marzo de 2016 - 12:33 hs
¿Las estadísticas del INDEC ocultan casi 9 millones de pobres y que hay más pobres que un año atrás? Es lo que se desprende de la última Encuesta del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Según el estudio, a fines de 2012 la pobreza golpeaba al 26,9% de la población. Proyectado a todo el país arroja casi 11 millones de pobres.
En cambio, según los datos del INDEC de la segunda mitad de 2012, adelantados días atrás por la Presidenta Cristina Kirchner, la pobreza se redujo al 5,4% de las personas. Eso equivale a 2,2 millones de pobres.
La diferencia, en más o menos, es enorme: las cifras de la UCA quintuplican las del INDEC.
Pero hay más.
Mientras para la UCA el año pasado creció la pobreza, para el INDEC se redujo.
Con relación a 2011, para la UCA la pobreza pasó del 21,9 al 26,9%.
Son 2 millones de pobres más.
Para el INDEC disminuyó del 6,5 al 5,4% (unos 400.000 pobres menos).
Con la indigencia pasó algo parecido porque para el INDEC la indigencia golpearía al 1,5% de la población –unos 600.000 indigentes– y para la UCA es del 5,5% (2,2 millones). Y mientras para el INDEC, en un año, se redujo del 1,7 al 1,5%, para la UCA subió del 5,4 al 5,5%.
Las diferencias no son, por cierto, menores y en relación, nada más ni nada menos, que con indicadores socioeconómicos clave.
Así de estas cifras se desprenden diagnósticos más que divergentes sobre la realidad social.
Las cifras difieren no por razones metodológicas. Tanto el INDEC como la UCA calculan la indigencia y la pobreza comparando los ingresos de las personas y las familias con relación a los valores de las canastas alimentaria y total. ¿Entonces donde está el problema?
En el cálculo de los precios de los alimentos y demás bienes que componen las canastas.
Es más que sabido que desde hace 6 años los índices de precios del INDEC están cuestionados a nivel nacional e internacional porque están “manipulados” y no reflejarían los valores que pagan los consumidores.
Para el INDEC, a fines de 2012, con ingresos de $ 714 o más una familia tipo (matrimonio y 2 chicos) dejaba de ser indigente . Son los “famosos” $ 6 por día por persona para acceder a las 4 comidas.
Para la UCA, con los precios promedio de las estadísticas provinciales y centros académicos, la misma canasta de alimentos costaba más del doble: $ 1.449. En consecuencia, todas las familias que para el INDEC no eran indigentes porque ganaban más de 714 pesos, para la UCA sí lo eran si percibían ingresos inferiores a $ 1.449. Lo mismo pasa con la pobreza. Para el INDEC, una familia tipo no era pobre si disponía de 1.588 pesos mensuales. Para la UCA, bien valorizada, la canasta de pobreza ascendía a $ 3.226 por mes, más del doble.
En la vasta franja de pobres no indigentes hay jubilados y pensiones pero también un gran sector que trabaja. La última Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de fines de 2012 admite que la mitad de las personas que trabaja – 8 millones– gana menos de $ 3.500 mensuales, en tanto hay 1.114.000 desocupados que no tienen ningún ingreso. En el conurbano y en provincias del Norte la pirámide de ingresos es más dramática ya que la mitad de la gente percibe menos de $ 2.500 por mes.
Buena parte de esa gente está al frente de su hogar o familia.
Según el informe de la UCA, “a pesar de los enormes esfuerzos en materia de gasto social, incluyendo los programas de transferencia de ingresos -20% de los hogares reciben algún programa social-, la marginalidad estructural continúa presente en nuestro sistema social y esto se refleja tanto en la existencia de un núcleo duro que permanece en la indigencia, como a través del incremento evidenciado en las tasas de hogares y de población en situación de pobreza”.
En cambio, según los datos del INDEC de la segunda mitad de 2012, adelantados días atrás por la Presidenta Cristina Kirchner, la pobreza se redujo al 5,4% de las personas. Eso equivale a 2,2 millones de pobres.
La diferencia, en más o menos, es enorme: las cifras de la UCA quintuplican las del INDEC.
Pero hay más.
Mientras para la UCA el año pasado creció la pobreza, para el INDEC se redujo.
Con relación a 2011, para la UCA la pobreza pasó del 21,9 al 26,9%.
Son 2 millones de pobres más.
Para el INDEC disminuyó del 6,5 al 5,4% (unos 400.000 pobres menos).
Con la indigencia pasó algo parecido porque para el INDEC la indigencia golpearía al 1,5% de la población –unos 600.000 indigentes– y para la UCA es del 5,5% (2,2 millones). Y mientras para el INDEC, en un año, se redujo del 1,7 al 1,5%, para la UCA subió del 5,4 al 5,5%.
Las diferencias no son, por cierto, menores y en relación, nada más ni nada menos, que con indicadores socioeconómicos clave.
Así de estas cifras se desprenden diagnósticos más que divergentes sobre la realidad social.
Las cifras difieren no por razones metodológicas. Tanto el INDEC como la UCA calculan la indigencia y la pobreza comparando los ingresos de las personas y las familias con relación a los valores de las canastas alimentaria y total. ¿Entonces donde está el problema?
En el cálculo de los precios de los alimentos y demás bienes que componen las canastas.
Es más que sabido que desde hace 6 años los índices de precios del INDEC están cuestionados a nivel nacional e internacional porque están “manipulados” y no reflejarían los valores que pagan los consumidores.
Para el INDEC, a fines de 2012, con ingresos de $ 714 o más una familia tipo (matrimonio y 2 chicos) dejaba de ser indigente . Son los “famosos” $ 6 por día por persona para acceder a las 4 comidas.
Para la UCA, con los precios promedio de las estadísticas provinciales y centros académicos, la misma canasta de alimentos costaba más del doble: $ 1.449. En consecuencia, todas las familias que para el INDEC no eran indigentes porque ganaban más de 714 pesos, para la UCA sí lo eran si percibían ingresos inferiores a $ 1.449. Lo mismo pasa con la pobreza. Para el INDEC, una familia tipo no era pobre si disponía de 1.588 pesos mensuales. Para la UCA, bien valorizada, la canasta de pobreza ascendía a $ 3.226 por mes, más del doble.
En la vasta franja de pobres no indigentes hay jubilados y pensiones pero también un gran sector que trabaja. La última Encuesta Permanente de Hogares del INDEC de fines de 2012 admite que la mitad de las personas que trabaja – 8 millones– gana menos de $ 3.500 mensuales, en tanto hay 1.114.000 desocupados que no tienen ningún ingreso. En el conurbano y en provincias del Norte la pirámide de ingresos es más dramática ya que la mitad de la gente percibe menos de $ 2.500 por mes.
Buena parte de esa gente está al frente de su hogar o familia.
Según el informe de la UCA, “a pesar de los enormes esfuerzos en materia de gasto social, incluyendo los programas de transferencia de ingresos -20% de los hogares reciben algún programa social-, la marginalidad estructural continúa presente en nuestro sistema social y esto se refleja tanto en la existencia de un núcleo duro que permanece en la indigencia, como a través del incremento evidenciado en las tasas de hogares y de población en situación de pobreza”.
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