Habitualmente descartadas tras el uso, pueden convertirse en aliadas inesperadas del reciclaje doméstico
LT10 - 20 por cada millón
Lunes 14 de Enero de 2013 - 07:51 hs
Se detectan unos 50.000 billetes falsos por año en la Argentina
Los billetes que más se falsifican son los cien pesos con retrato de Roca pero ya aparecieron los de Eva falsos. En 2011 se detectaron 51.800 piezas truchas. Y hasta septiembre de 2012, 43.000, según el BCRA. La proporción con el circulante se mantiene estable a lo largo de los años
Mirar, tocar e inclinar el billete son las medidas de seguridad básicas para detectar las más de 50.000 unidades falsas que circulan por año. Dado que los principales afectados son los de nominación de $ 100 -los del retrato de Julio Argentino Roca son los más falsificados o adulterados, aunque los falsificadores ya se pusieron duchos con la nueva emisión con la cara de Eva Perón-, se estima que rondan en la calle unos $ 5 millones que no valen nada.
Quienes se toman el trabajo de producir billetes falsos siguen el fuerte ritmo de emisión del Banco Central (BCRA): en los últimos cinco años, la cantidad de piezas falsas que recibe la entidad monetaria se mantiene en torno a las 20 unidades cada millón que circula por la calle.
Según datos del BCRA, en 2008 la entidad recibió 37.700 billetes falsos (una relación de 24 cada millón en circulación). En 2009, 39.400 unidades (22). En 2010, 40.600 piezas (18). En 2011, 51.800 (20).
El último dato es a septiembre de 2012, con 43.000 billetes, pero el Central no informó la proporción con el circulante.
Son “cifras que se sitúan dentro de los estándares internacionales”, dijeron voceros del BCRA.
La entidad monetaria recibe los billetes presumiblemente falsos por parte de las entidades financieras o particulares que los detectan en cumplimiento de la normativa vigente. Confirma la falsedad, los saca de circulación y abre una causa en la Justicia. El Código Penal establece una pena de tres a quince años de prisión para quien falsifique moneda o la ponga en circulación.
“Nuestra percepción es que la proporción se mantiene estable”, coincidió el directivo de una transportadora de caudales que agrupa el 20% de mercado en el servicio de recuento y depuración del efectivo que le envían las entidades financieras y cadenas de retail, y que pidió no ser identificado. La empresa encuentra unos 100 billetes falsos en los 2,5 millones que procesa por día.
La razón es que “cada vez hay más técnicas de detección de los billetes en el mercado de retail”, explicó. “Algunos son rechazados en el punto de recepción, por parte de los cajeros de los clientes. A nosotros nos llegan los que nuestros clientes no detectaron”.
Las empresas como cobradoras de servicios, supermercados, cadenas de electrodomésticos o bancos invierten en capacitar a su personal para descubrir los billetes falsos en el momento que se entregan. También, en tecnología que detecte las unidades truchas.
En este mercado, el cepo cambiario tuvo un efecto positivo, ya que según explicaron técnicos de la transportadora es la razón por la cual “bajó rotundamente” la recepción de dólares falsos.
Se puede comprobar la autenticidad de los billetes que se reciben revisando los elementos de seguridad: la marca de agua del prócer (al mirar a trasluz), la tinta de variabilidad óptica sobre el valor del billete, el hilo de seguridad (también a trasluz), la impresión calcográfica (el retrato y otras impresiones presentan relieve perceptible al tacto), etc..
Según se advierte, la textura de los billetes falsos es más rugosa y el papel, opaco. La marca de agua es burda. El hilo de seguridad entra y sale del billete. Y cada pieza tiene un número de serie que, generalmente, se repite en las copias. Una una buena medida de control es comparar que la numeración de todos los billetes que se cobran sea diferente.
Quienes se toman el trabajo de producir billetes falsos siguen el fuerte ritmo de emisión del Banco Central (BCRA): en los últimos cinco años, la cantidad de piezas falsas que recibe la entidad monetaria se mantiene en torno a las 20 unidades cada millón que circula por la calle.
Según datos del BCRA, en 2008 la entidad recibió 37.700 billetes falsos (una relación de 24 cada millón en circulación). En 2009, 39.400 unidades (22). En 2010, 40.600 piezas (18). En 2011, 51.800 (20).
El último dato es a septiembre de 2012, con 43.000 billetes, pero el Central no informó la proporción con el circulante.
Son “cifras que se sitúan dentro de los estándares internacionales”, dijeron voceros del BCRA.
La entidad monetaria recibe los billetes presumiblemente falsos por parte de las entidades financieras o particulares que los detectan en cumplimiento de la normativa vigente. Confirma la falsedad, los saca de circulación y abre una causa en la Justicia. El Código Penal establece una pena de tres a quince años de prisión para quien falsifique moneda o la ponga en circulación.
“Nuestra percepción es que la proporción se mantiene estable”, coincidió el directivo de una transportadora de caudales que agrupa el 20% de mercado en el servicio de recuento y depuración del efectivo que le envían las entidades financieras y cadenas de retail, y que pidió no ser identificado. La empresa encuentra unos 100 billetes falsos en los 2,5 millones que procesa por día.
La razón es que “cada vez hay más técnicas de detección de los billetes en el mercado de retail”, explicó. “Algunos son rechazados en el punto de recepción, por parte de los cajeros de los clientes. A nosotros nos llegan los que nuestros clientes no detectaron”.
Las empresas como cobradoras de servicios, supermercados, cadenas de electrodomésticos o bancos invierten en capacitar a su personal para descubrir los billetes falsos en el momento que se entregan. También, en tecnología que detecte las unidades truchas.
En este mercado, el cepo cambiario tuvo un efecto positivo, ya que según explicaron técnicos de la transportadora es la razón por la cual “bajó rotundamente” la recepción de dólares falsos.
Se puede comprobar la autenticidad de los billetes que se reciben revisando los elementos de seguridad: la marca de agua del prócer (al mirar a trasluz), la tinta de variabilidad óptica sobre el valor del billete, el hilo de seguridad (también a trasluz), la impresión calcográfica (el retrato y otras impresiones presentan relieve perceptible al tacto), etc..
Según se advierte, la textura de los billetes falsos es más rugosa y el papel, opaco. La marca de agua es burda. El hilo de seguridad entra y sale del billete. Y cada pieza tiene un número de serie que, generalmente, se repite en las copias. Una una buena medida de control es comparar que la numeración de todos los billetes que se cobran sea diferente.
Fuente: cronista.com
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