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Jueves 10 de Enero de 2013 - 08:24 hs
La Iglesia alemana tumba la investigación sobre abusos sexuales
Ha fracasado el proyecto para esclarecer los abusos sexuales a niños y menores en instituciones de la Iglesia católica en Alemania. El obispo de Tréveris, Stephan Ackermann, encargado por la Iglesia de responder al grave escándalo de abusos y encubrimiento sistemático que sacude a la institución desde 2010, explicó el miércoles que “se ha roto la confianza en el jefe del proyecto de investigación”. Se trata del criminólogo Christian Pfeiffer, quien por su parte acusa a los obispos de inmiscuirse en el desarrollo de sus pesquisas. La Conferencia Episcopal alemana comunicó que aspira a “proseguir con los análisis junto a otro colaborador” que sustituya a Pfeiffer, que dirige el Instituto de Investigación Criminológica de Baja Sajonia (KFN). Se espera una decisión definitiva para finales de semana. De momento, y según Pfeiffer, el plan anunciado por los obispos alemanes a bombo y platillo en 2011 como acto de contrición y promesa de enmienda ha encallado “en el afán de censura y control” de la Iglesia católica.
El obispo Ackermann no especificó los problemas que arruinaron su relación con los investigadores de Pfeiffer, pero aludió a su “conducta de comunicación”. El criminólogo explica que, tras una “buena colaboración inicial”, su trabajo tropezó con dificultades serias en la archidiócesis de Múnich-Freising (Frisinga). La Iglesia solicitaba sus textos para revisarlos antes de su publicación. Pfeiffer protestó contra este imprimatur eclesiástico. Según aclara, “una parte de la Iglesia temía posibles daños a su reputación”. Los más dispuestos a colaborar con los investigadores, como el propio Ackermann, fueron perdiendo peso en la disputa hasta que primaron los “elementos más miedosos y obsesionados por la controversia”. Pfeiffer dice que le presentaron “cambios en el contrato [de investigación firmado en 2011] que no se pueden aceptar de ninguna manera”. Resume que “miembros aislados de la Iglesia se impusieron sobre el resto” hasta acabar con el trabajo conjunto.
En una entrevista emitida el hoy por la televisión pública, Pfeiffer expresó sus sospechas de que “no querían que viera el contenido de algunos expedientes que desvelan errores masivos de la Iglesia”. Por ejemplo, casos en los que “un cura obtenía un nuevo destino” pese a estar implicado en abusos sexuales a menores. Además, sostiene que diversas diócesis han destruido documentos sobre casos de pederastia en colegios y otras instituciones católicas. La Iglesia niega todo esto y alega necesidades de “protección de datos”. En una entrevista que publicará mañana el diario de Múnich Süddeutsche Zeitung, la ministra de Justicia, la liberal Sabine Leutheusser-Schnarrenberger (FDP), defiende al Instituto de Pfeiffer como “una de las principales instituciones para esclarecer científicamente” delitos cometidos en Alemania desde 1945.
Sus críticos exteriores y organizaciones de base como Somos Iglesia acusan a la jerarquía católica de haber encubierto y disimulado muchos delitos sexuales cometidos en sus instituciones. El proyecto ahora paralizado trataba de esclarecer los abusos a menores perpetrados por clérigos o empleados de la Iglesia entre 1950 y 1980.
En 2010 había saltado a las portadas de los diarios alemanes el escándalo del internado berlinés Canisius-Kolleg, de los jesuitas. Siguió una avalancha de nuevas revelaciones, acusaciones y controversias por todo el país. Todo ello desencadenó una oleada de apostasías, que en 2010 aumentaron un 40% respecto al año anterior y que llegaron a las decenas de miles.
El obispo Ackermann no especificó los problemas que arruinaron su relación con los investigadores de Pfeiffer, pero aludió a su “conducta de comunicación”. El criminólogo explica que, tras una “buena colaboración inicial”, su trabajo tropezó con dificultades serias en la archidiócesis de Múnich-Freising (Frisinga). La Iglesia solicitaba sus textos para revisarlos antes de su publicación. Pfeiffer protestó contra este imprimatur eclesiástico. Según aclara, “una parte de la Iglesia temía posibles daños a su reputación”. Los más dispuestos a colaborar con los investigadores, como el propio Ackermann, fueron perdiendo peso en la disputa hasta que primaron los “elementos más miedosos y obsesionados por la controversia”. Pfeiffer dice que le presentaron “cambios en el contrato [de investigación firmado en 2011] que no se pueden aceptar de ninguna manera”. Resume que “miembros aislados de la Iglesia se impusieron sobre el resto” hasta acabar con el trabajo conjunto.
En una entrevista emitida el hoy por la televisión pública, Pfeiffer expresó sus sospechas de que “no querían que viera el contenido de algunos expedientes que desvelan errores masivos de la Iglesia”. Por ejemplo, casos en los que “un cura obtenía un nuevo destino” pese a estar implicado en abusos sexuales a menores. Además, sostiene que diversas diócesis han destruido documentos sobre casos de pederastia en colegios y otras instituciones católicas. La Iglesia niega todo esto y alega necesidades de “protección de datos”. En una entrevista que publicará mañana el diario de Múnich Süddeutsche Zeitung, la ministra de Justicia, la liberal Sabine Leutheusser-Schnarrenberger (FDP), defiende al Instituto de Pfeiffer como “una de las principales instituciones para esclarecer científicamente” delitos cometidos en Alemania desde 1945.
Sus críticos exteriores y organizaciones de base como Somos Iglesia acusan a la jerarquía católica de haber encubierto y disimulado muchos delitos sexuales cometidos en sus instituciones. El proyecto ahora paralizado trataba de esclarecer los abusos a menores perpetrados por clérigos o empleados de la Iglesia entre 1950 y 1980.
En 2010 había saltado a las portadas de los diarios alemanes el escándalo del internado berlinés Canisius-Kolleg, de los jesuitas. Siguió una avalancha de nuevas revelaciones, acusaciones y controversias por todo el país. Todo ello desencadenó una oleada de apostasías, que en 2010 aumentaron un 40% respecto al año anterior y que llegaron a las decenas de miles.
Fuente: elpais.com
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