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Lunes 31 de Diciembre de 2012 - 00:31 hs
Bellas Artes suma tres cuadros de Antonio Berni a su colección
El Año Nuevo trae una gran noticia para el arte argentino: el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) incorpora a su patrimonio tres importantes obras del maestro Antonio Berni . Ellas integrarán toda una sala dedicada especialmente a la obra del artista; sala que ya está casi completa: “sólo falta colocar las luces y el aire acondicionado”, comenta el director del museo, Guillermo Alonso.
Este nuevo espacio es parte de las reformas que se vienen realizando durante el último año en todo el primer piso de la institución y que cambiaron su guión curatorial –es decir, la “historia” del arte que se cuenta y la forma de hacerlo, la selección de las obras exhibidas y la arquitectura de las salas y de todo el piso— tal como lo adelantó en exclusiva Clarín en una nota especial, algunas semanas atrás.
Los trabajos de Berni que ahora se incorporan al patrimonio del MNBA son tres pinturas, La siesta (1943), El obrero encadenado (San Sebastián) de 1949 y Cristo en el departamento (1980-81). Los dos últimos muestran crucifixiones: en un caso, la de un obrero pobre vestido con mameluco y colgando de la cruz, y en otro, la de un Cristo raquítico, sufriente y doliente, en el living de un departamento sencillo de clase media con piso de baldosa. Al fondo de esta última pintura, se ve la puerta de calle abierta: a través, aparece una construcción antigua, quizás italiana, quizás de algún barrio fabril (podría ser Barracas).
Estos trabajos de Berni pertenecen a una época en que, a pesar de que el artista usaba una iconografía cristiana en sus pinturas, la situaba en preocupaciones contemporáneas. En ellas, un Cristo crucificado podría representar a aquellos trabajadores sacrificados por el sistema, o la crucifixión a cualquiera que se saliera de lo común, como por ejemplo, San Sebastián, que aunque era un soldado romano , ejercía el apostolado cristiano entre sus compañeros del ejército. El emperador Maximiano lo obligó a escoger entre el ejército o seguir a Jesucristo y San Sebastián eligió lo último, por eso fue asesinado.
Distinto es el caso de La siesta , que pertenece a otra época de Berni, con cierto espíritu metafísico —aprendido durante su estancia en Italia—, con foco en escenas de la vida cotidiana, pero raras, porque en ellas se yuxtaponen varios paisajes, eso sí, montados de manera armónica.
No está de más recordar que Berni era un artista con fuertes raíces en el arte social y un pasado surrealista, interesado en la justicia, y afiliado, durante un tiempo, al Partido Comunista. Tenía una poderosa habilidad narrativa y realista, y manifestaba a través de sus obras la tensión entre una cultura “baja” y otra “alta”. Fue, además, el primero que incorporó en sus trabajos el collage, —incluyendo materiales como chapas de la villa miseria, basura o plásticos— para hablar de la pobreza y la sociedad de consumo.
Las pinturas de los dos Cristos fueron donadas al MNBA por la hija del artista, Ana E. Berni, conocida por todos como “Lily”. Fuentes cercanas a ella señalaron que “la sala dedicada a Berni era un viejo sueño que la hija del maestro tenía, hacía treinta años”. Ahora, finalmente se logró.
La siesta fue comprada por el museo recientemente, en 2 millones y medio de pesos. “Tiene un valor mayor, unos 700 mil u 800 mil dólares, Lily decidió rebajarlo porque quería que estuviera en el MNBA”, explica Alonso.
Las obras donadas y el resto de los trabajos de Berni que pertenecen al MNBA son en total veinticuatro, y ya están montados en el espacio, que será inaugurado antes del próximo mes de marzo.
Este nuevo espacio es parte de las reformas que se vienen realizando durante el último año en todo el primer piso de la institución y que cambiaron su guión curatorial –es decir, la “historia” del arte que se cuenta y la forma de hacerlo, la selección de las obras exhibidas y la arquitectura de las salas y de todo el piso— tal como lo adelantó en exclusiva Clarín en una nota especial, algunas semanas atrás.
Los trabajos de Berni que ahora se incorporan al patrimonio del MNBA son tres pinturas, La siesta (1943), El obrero encadenado (San Sebastián) de 1949 y Cristo en el departamento (1980-81). Los dos últimos muestran crucifixiones: en un caso, la de un obrero pobre vestido con mameluco y colgando de la cruz, y en otro, la de un Cristo raquítico, sufriente y doliente, en el living de un departamento sencillo de clase media con piso de baldosa. Al fondo de esta última pintura, se ve la puerta de calle abierta: a través, aparece una construcción antigua, quizás italiana, quizás de algún barrio fabril (podría ser Barracas).
Estos trabajos de Berni pertenecen a una época en que, a pesar de que el artista usaba una iconografía cristiana en sus pinturas, la situaba en preocupaciones contemporáneas. En ellas, un Cristo crucificado podría representar a aquellos trabajadores sacrificados por el sistema, o la crucifixión a cualquiera que se saliera de lo común, como por ejemplo, San Sebastián, que aunque era un soldado romano , ejercía el apostolado cristiano entre sus compañeros del ejército. El emperador Maximiano lo obligó a escoger entre el ejército o seguir a Jesucristo y San Sebastián eligió lo último, por eso fue asesinado.
Distinto es el caso de La siesta , que pertenece a otra época de Berni, con cierto espíritu metafísico —aprendido durante su estancia en Italia—, con foco en escenas de la vida cotidiana, pero raras, porque en ellas se yuxtaponen varios paisajes, eso sí, montados de manera armónica.
No está de más recordar que Berni era un artista con fuertes raíces en el arte social y un pasado surrealista, interesado en la justicia, y afiliado, durante un tiempo, al Partido Comunista. Tenía una poderosa habilidad narrativa y realista, y manifestaba a través de sus obras la tensión entre una cultura “baja” y otra “alta”. Fue, además, el primero que incorporó en sus trabajos el collage, —incluyendo materiales como chapas de la villa miseria, basura o plásticos— para hablar de la pobreza y la sociedad de consumo.
Las pinturas de los dos Cristos fueron donadas al MNBA por la hija del artista, Ana E. Berni, conocida por todos como “Lily”. Fuentes cercanas a ella señalaron que “la sala dedicada a Berni era un viejo sueño que la hija del maestro tenía, hacía treinta años”. Ahora, finalmente se logró.
La siesta fue comprada por el museo recientemente, en 2 millones y medio de pesos. “Tiene un valor mayor, unos 700 mil u 800 mil dólares, Lily decidió rebajarlo porque quería que estuviera en el MNBA”, explica Alonso.
Las obras donadas y el resto de los trabajos de Berni que pertenecen al MNBA son en total veinticuatro, y ya están montados en el espacio, que será inaugurado antes del próximo mes de marzo.
Fuente: clarin.com
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