El accidente fatal ocurrió durante la madrugada de este viernes en el norte de la ciudad de Santa Fe. La víctima tenía 47 años y, por causas que se investigan, colisionó contra un poste de iluminación.
Jueves 13 de Diciembre de 2012 - 08:22 hs
Una alianza de un centenar de países sella la legitimidad de la oposición siria
Más de 21 meses de revolución y guerra abierta ha necesitado la oposición política al régimen sirio dirigido por Bachar el Asad para, primero, juntarse y, segundo, recibir el espaldarazo de la comunidad internacional a un matrimonio bien avenido. Un centenar de países del grupo de Amigos de Siria citados en la ciudad marroquí de Marraquech firmaron ayer una declaración en la que reconocen a la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición y de la Revolución Siria (CNFORS), nacida hace un mes en Catar, como “el representante legítimo del pueblo sirio” y “paraguas” bajo el que se reúnen las diferentes organizaciones anti-Asad. Palabras que el terreno traduce del lenguaje diplomático del siguiente modo: la CNFORS será el único interlocutor válido en la trinchera política —salvo para potencias regionales como Rusia, China o Irán, que no participaron en el cónclave de Marruecos—; será el órgano que reciba y gestione las aportaciones financieras; el que ponga las bases de un posible Gobierno transitorio, y, como elemento más espinoso, será el que trate de hacer fluir y controlar las armas que puedan llegar al frente rebelde.
“Bachar el Asad ha perdido legitimidad”, continúa el texto pactado en Marraquech, “y debe hacerse a un lado para permitir una transición política sostenible”. Pero la transición vendrá después de la guerra —o cuando la contienda se decante— y, por ahora, tras más de 40.000 víctimas mortales según los cálculos de los grupos activistas, el conflicto no ceja de abrir nuevas brechas en el oeste y noroeste del país, con la ciudad de Alepo instalada en la guerra diaria, Damasco, sacudida por los atentados y bombardeos cada vez más próximos al centro de la capital, y toda una franja oriental en torno a la principal autopista del país, la que usa el régimen para el movimiento de tropas, cortada por una batalla sin cuartel entre el Ejército Libre de Siria (ELS) y las fuerzas leales.
“El reconocimiento a la coalición es muy importante”, señala en conversación telefónica desde Estambul Abdo Husameddin, político desertor sirio y exasesor del Ministerio del Petróleo, “porque la gente de dentro necesita ese apoyo”. Pero el espaldarazo internacional por sí mismo no acaba con la violencia. “Ahora que tenemos el reconocimiento de más de 100 países”, relata Husameddin, miembro también de la CNFORS, “lo siguiente es crear un Gobierno provisional que organice la revolución tanto dentro como fuera del país”. Ese es el objetivo: la oposición quiere poner un pie en tierra en el noroeste de Siria, controlado en gran medida por el ELS, para empezar a gestionar el día a día de las zonas liberadas. Para eso, el dinero llegado de fuera es clave. Y el grifo se abrió ayer un poco más en Marraquech. “Sin financiación, la coalición no sobreviviría”, añade Husameddin.
La cumbre de Marruecos selló el mayor consenso en torno a la legitimidad de un grupo opositor desde el inicio de la revuelta en marzo de 2011. Esas fueron las letras mayúsculas. En minúscula, pero con más intención, la reunión de los Amigos de Siria sirvió para tomar el pulso al posible tráfico de armas hacia los rebeldes. Y los ánimos aún están fríos, al menos entre las potencias occidentales. Más si cabe tras la inclusión el martes del grupo islamista radical sirio Jabat al Nusra en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos por sus vínculos con la rama iraquí de Al Qaeda, una decisión que la oposición no ha tardado en criticar. Primero desde dentro, en boca del jefe rebelde en Alepo Abdel Jabbar al Oqadi, quien, como recoge France Presse, manifestó que Al Nusra “no ha hecho nada ilegal o condenable”; luego, desde fuera, a través de los Hermanos Musulmanes, con una fuerte presencia en los grupos de oposición, y en declaración oficial del máximo representante del CNFORS, el religioso Moaz al Jatib, que instó a Washington a recapacitar.
Si Jabat al Nusra, que ha asumido la autoría de decenas de atentados en Siria, pero participa también en la guerra de guerrillas, forma parte de la lista negra del Departamento de Estado —que defiende que ha “acelerado sus esfuerzos para infiltrarse entre los grupos de oposición”—, el riesgo de sanciones de EE UU complica el envío de armas a diestro y siniestro del bando rebelde. Nadie quiere que se repita el descontrol que se vivió en Libia tras la caída de Muamar el Gadafi. Para cubrirse las espaldas y entonar sus críticas, Al Jatib afirmó desde Marruecos que “todas las armas en poder de los rebeldes tienen como objetivo hacer caer al régimen”. De eso, del uso final de los fusiles, munición y misiles tierra-aire que lleguen en el futuro a los alzados —eso es lo que al menos reclaman— tendrá que encargarse el Consejo Militar rebelde formado por militares desertores y que trabaja ya con la nueva coalición opositora.
Para templar un poco más las aguas, el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, aclaró que París, a la cabeza de los países occidentales en el apoyo de la revolución contra El Asad, no está aún listo para hacer llegar armas al ELS. Los Gobiernos francés y británico, como ocurriera durante la temprana transición libia, han liderado los esfuerzos en la Unión Europea para mantener el embargo a la venta de armas en Siria, prorrogado recientemente por otros tres meses.
La declaración de Marraquech puso también sobre la mesa la alerta lanzada por Estados Unidos sobre el posible uso de armas de destrucción masiva por parte del régimen, algo que, según reza el texto, “sería detestable y obligaría a una seria respuesta de la comunidad internacional”. El centenar de países miembros del grupo de Amigos de Siria consensuaron también en Marruecos la creación de un fondo “para apoyar al pueblo sirio” e instaron al Consejo de Seguridad de la ONU a adoptar una postura contundente en la crisis siria y a aquellos que todavía hacen buenas migas con El Asad, en clara referencia a Rusia y China, ausentes en la ciudad marroquí, a reconsiderar sus amistades. Sin ellos, el espaldarazo a la oposición se queda cojo.
“Bachar el Asad ha perdido legitimidad”, continúa el texto pactado en Marraquech, “y debe hacerse a un lado para permitir una transición política sostenible”. Pero la transición vendrá después de la guerra —o cuando la contienda se decante— y, por ahora, tras más de 40.000 víctimas mortales según los cálculos de los grupos activistas, el conflicto no ceja de abrir nuevas brechas en el oeste y noroeste del país, con la ciudad de Alepo instalada en la guerra diaria, Damasco, sacudida por los atentados y bombardeos cada vez más próximos al centro de la capital, y toda una franja oriental en torno a la principal autopista del país, la que usa el régimen para el movimiento de tropas, cortada por una batalla sin cuartel entre el Ejército Libre de Siria (ELS) y las fuerzas leales.
“El reconocimiento a la coalición es muy importante”, señala en conversación telefónica desde Estambul Abdo Husameddin, político desertor sirio y exasesor del Ministerio del Petróleo, “porque la gente de dentro necesita ese apoyo”. Pero el espaldarazo internacional por sí mismo no acaba con la violencia. “Ahora que tenemos el reconocimiento de más de 100 países”, relata Husameddin, miembro también de la CNFORS, “lo siguiente es crear un Gobierno provisional que organice la revolución tanto dentro como fuera del país”. Ese es el objetivo: la oposición quiere poner un pie en tierra en el noroeste de Siria, controlado en gran medida por el ELS, para empezar a gestionar el día a día de las zonas liberadas. Para eso, el dinero llegado de fuera es clave. Y el grifo se abrió ayer un poco más en Marraquech. “Sin financiación, la coalición no sobreviviría”, añade Husameddin.
La cumbre de Marruecos selló el mayor consenso en torno a la legitimidad de un grupo opositor desde el inicio de la revuelta en marzo de 2011. Esas fueron las letras mayúsculas. En minúscula, pero con más intención, la reunión de los Amigos de Siria sirvió para tomar el pulso al posible tráfico de armas hacia los rebeldes. Y los ánimos aún están fríos, al menos entre las potencias occidentales. Más si cabe tras la inclusión el martes del grupo islamista radical sirio Jabat al Nusra en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos por sus vínculos con la rama iraquí de Al Qaeda, una decisión que la oposición no ha tardado en criticar. Primero desde dentro, en boca del jefe rebelde en Alepo Abdel Jabbar al Oqadi, quien, como recoge France Presse, manifestó que Al Nusra “no ha hecho nada ilegal o condenable”; luego, desde fuera, a través de los Hermanos Musulmanes, con una fuerte presencia en los grupos de oposición, y en declaración oficial del máximo representante del CNFORS, el religioso Moaz al Jatib, que instó a Washington a recapacitar.
Si Jabat al Nusra, que ha asumido la autoría de decenas de atentados en Siria, pero participa también en la guerra de guerrillas, forma parte de la lista negra del Departamento de Estado —que defiende que ha “acelerado sus esfuerzos para infiltrarse entre los grupos de oposición”—, el riesgo de sanciones de EE UU complica el envío de armas a diestro y siniestro del bando rebelde. Nadie quiere que se repita el descontrol que se vivió en Libia tras la caída de Muamar el Gadafi. Para cubrirse las espaldas y entonar sus críticas, Al Jatib afirmó desde Marruecos que “todas las armas en poder de los rebeldes tienen como objetivo hacer caer al régimen”. De eso, del uso final de los fusiles, munición y misiles tierra-aire que lleguen en el futuro a los alzados —eso es lo que al menos reclaman— tendrá que encargarse el Consejo Militar rebelde formado por militares desertores y que trabaja ya con la nueva coalición opositora.
Para templar un poco más las aguas, el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, aclaró que París, a la cabeza de los países occidentales en el apoyo de la revolución contra El Asad, no está aún listo para hacer llegar armas al ELS. Los Gobiernos francés y británico, como ocurriera durante la temprana transición libia, han liderado los esfuerzos en la Unión Europea para mantener el embargo a la venta de armas en Siria, prorrogado recientemente por otros tres meses.
La declaración de Marraquech puso también sobre la mesa la alerta lanzada por Estados Unidos sobre el posible uso de armas de destrucción masiva por parte del régimen, algo que, según reza el texto, “sería detestable y obligaría a una seria respuesta de la comunidad internacional”. El centenar de países miembros del grupo de Amigos de Siria consensuaron también en Marruecos la creación de un fondo “para apoyar al pueblo sirio” e instaron al Consejo de Seguridad de la ONU a adoptar una postura contundente en la crisis siria y a aquellos que todavía hacen buenas migas con El Asad, en clara referencia a Rusia y China, ausentes en la ciudad marroquí, a reconsiderar sus amistades. Sin ellos, el espaldarazo a la oposición se queda cojo.
Fuente: elpais.com
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