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Lunes 10 de Diciembre de 2012 - 16:54 hs

Tres avances argentinos en vacunas

Investigadores del Conicet trabajan en el desarrollo de vacunas contra el VPH, VIH y la giardiasis.

Gonzalo Prat Gay y Leonardo Alonso, investigadores del Conicet en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA - Instituto Leloir), desarrollaron una tecnología alternativa para producir una vacuna contra el VPH, que actualmente se encuentra en etapa preclínica.

“Históricamente, la gran mayoría de las vacunas se obtuvieron a partir del virus inactivado. Esto significa que estadísticamente el 99.99 por ciento de los virus están ‘muertos’, pero el 0,01 restante puede resultar en una cantidad significativa de personas infectadas en una población de 40 millones de habitantes”, explica Prat Gay.

La tecnología desarrollada por los investigadores consiste en ensamblar un virus idéntico al patógeno pero ‘vacío’, es decir que no contiene la información genética, por lo cual no es infeccioso ni puede replicarse. Para crear este “pseudovirus”, que activará la respuesta inmune del sistema, se aíslan segmentos de la cubierta externa del virus llamada cápside.

Prat Gay explica que “en el caso del VPH, la cápside que protege al virus está formada casi exclusivamente por una proteína, llamada L1, y es a partir de este componente que logramos ensamblar el virus ‘vacío’”.

Cuando el sistema inmunológico humano detecta esta partícula actúa como si estuviera frente al virus y despliega los anticuerpos para que no pueda replicarse ni propagarse. “Esto sucede porque externamente es igual al VPH. Estamos ‘engañando’ al organismo para que cuando el virus real llegue ya esté inmunizado”, explica Alonso.

Esta vacuna preventiva fue la primera desarrollada en el país, y podría llegar a ser la primera en producirse localmente. El uso de esta tecnología alternativa permitiría reducir los costos de producción: según los investigadores, las bacterias son un vehículo de producción muy sencillo y económico, a diferencia de la técnica de inactivación, que se emplea en las vacunas tradicionales. Según Alonso, a partir de un fermentador con tres litros de cultivo bacteriano se pueden obtener hasta trecientas dosis.

La vacuna, que actualmente se encuentra en fase de desarrollo, tiene la ventaja de cubrir tanto las cepas de VPH de “alto riesgo” de cáncer como las de “bajo riesgo”, que causan lesiones benignas. Además, Prat Gay destaca que desarrollar esta tecnología base abre la posibilidad de usar la partícula pseudoviral de VPH como vehículo de vacunas para otras enfermedades.

“Es el ideal de vacuna porque es una de las más seguras que existen. Aunque muy pocos virus de importancia en salud tienen una cápside homogénea como el VPH, en el futuro gran parte de las vacunas serán producidas a partir de fragmentos proteicos de los virus, no de virus enteros”, concluye Prat Gay.

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