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Miércoles 14 de Noviembre de 2012 - 08:30 hs
Hollande defiende un pacto histórico frente a la crisis
Convencido de que su política económica es “justa, coherente y eficaz”, y remarcando que sus grandes prioridades son el crecimiento y el empleo, François Hollande, llamó este martes a los agentes sociales y a los ciudadanos franceses a sellar “un compromiso histórico” para “reconquistar el futuro”.
En su primera rueda de prensa semestral, dos horas y media de preguntas y respuestas sobre todos los temas posibles, el presidente francés aseguró a Europa que Francia cumplirá su objetivo de déficit del 3% el año próximo, y envió un mensaje a los economistas, analistas, países y fondos de inversión que alertan de que Francia será el próximo país enfermo de la Unión Europea: “A algunos les gustaría mucho que los mercados nos atacaran, pero haremos cuanto podamos para evitarlo”, ironizó.
Ante más de 250 periodistas y el Gobierno en pleno, Hollande se mostró suelto y seguro en los temas económicos, y trató de asegurar a los franceses, que le han dado la espalda en las encuestas, que su “estrategia” dará frutos al final de su mandato, dentro de cuatro años y medio.
Contra los dogmáticos del credo neoliberal, Hollande presumió de modelo socialdemócrata: “Estamos en pleno diálogo social para reformar nuestro mercado de trabajo y nuestra competitividad. Pero la competitividad no es solo innovación y reducción de costes laborales, es también concertación y progreso. Necesitamos más seguridad, más protección, menos despidos colectivos, menos deslocalizaciones, más industria. Si hay un acuerdo social, sería histórico y permitiría a la economía encontrar un nuevo espíritu, una nueva colaboración entre todas las fuerzas productivas”. Y remachó: “Soy responsable del futuro de Francia, y no actúo para preparar la próxima elección sino la próxima generación. Ese es mi deber, los franceses debemos hacer nación, hacer bloque para reconquistar el futuro”.
Aun asegurando que Francia cumplirá los objetivos de déficit y deuda, Hollande volvió a condenar las políticas de austeridad. Explicó que “si Francia no crece es porque hay recesión en Italia y en España”, y que esa situación se debe, dijo, “a las políticas de una sola dirección”. “Hay que equilibrar la austeridad impulsando el crecimiento”, reiteró, antes de recurrir a otra ironía: “Muchos Gobiernos no socialistas vieron con alivio mi llegada hace seis meses, y hoy al hablar con ellos parece que fueran socialistas. Muchos pensamos que necesitamos más crecimiento. Cuando Grecia y España se recuperen del todo será diferente. Queremos arreglar esos problemas antes de fin de año”.
El mensaje político crucial, en un momento de desconfianza creciente, paro muy elevado, balanza comercial deficitaria, fue que Europa necesita a una Francia potente. “La decadencia no es nuestro destino. Entiendo el sufrimiento de los franceses porque la situación es grave. Vivimos, más que una crisis, un cambio de mundo. La recuperación tardará, pero vamos a conseguirlo”.
En un momento en que Berlín duda de la capacidad reformista de Hollande —el primer ministro Jean-Marc Ayrault visitará el jueves a Angela Merkel para explicarle en su propia lengua las principales medidas que está aprobando su Gobierno—, el presidente afirmó que los rumores sobre su relación personal con la canciller no son importantes. “La realidad es que la canciller y yo tenemos una responsabilidad: hacer avanzar a Europa. Y, por lo tanto, no se debe hacer nada para debilitar esta relación. Lo que importa no es lo que se diga, sino lo que nosotros decimos”.
Sobre el futuro de Europa, el jefe del Estado volvió a mostrarse a favor de “varias velocidades, incluso dentro de la zona euro”, y anunció que, “después de la unión bancaria, vendrá otra gran etapa y habrá que dar vida a la Europa política”. Según recordó, la tasa Tobin entrará en vigor a principios del año próximo. Sobre Grecia, llamó a Europa a apoyar el nuevo plan de rigor “para despejar de una vez las dudas sobre la integridad de Europa”.
Hollande también se defendió de las acusaciones de los millonarios, y tendió una mano a todos los agentes económicos para mejorar la competitividad de la industria. “La justicia fiscal no es una acusación a los que más tienen ni tampoco un expolio. Es lo que nos permite unirnos para recuperar el país. Emprendedores, jóvenes, funcionarios, sindicalistas… La única causa que vale es el futuro”.
Con tono solemne y la convicción tranquila de siempre, Hollande defendió su plan de competitividad como “una forma rápida y eficaz de cambiar el país”. “Dicen que el pacto no es chic, que necesitábamos un choque de competitividad. Pero la economía no necesita choques, sino pactos”.
Para concluir, echó un jarro de agua fría a la promesa de dar el voto a los extranjeros en las elecciones municipales –“no es la prioridad y lo que se nos pide en este momento”-, y afirmó que Francia reconoce a la nueva coalición nacional opositora Siria como el único representante legal de ese país.
Y bromeó sobre el deporte de moda en Francia, el Hollande bashing (en castellano, poner a caldo a alguien). “Lo podríamos traducir al francés con otra palabra inglesa, punching ball. Forma parte de la democracia. Y no creo que los franceses hagan mucho caso”.
En su primera rueda de prensa semestral, dos horas y media de preguntas y respuestas sobre todos los temas posibles, el presidente francés aseguró a Europa que Francia cumplirá su objetivo de déficit del 3% el año próximo, y envió un mensaje a los economistas, analistas, países y fondos de inversión que alertan de que Francia será el próximo país enfermo de la Unión Europea: “A algunos les gustaría mucho que los mercados nos atacaran, pero haremos cuanto podamos para evitarlo”, ironizó.
Ante más de 250 periodistas y el Gobierno en pleno, Hollande se mostró suelto y seguro en los temas económicos, y trató de asegurar a los franceses, que le han dado la espalda en las encuestas, que su “estrategia” dará frutos al final de su mandato, dentro de cuatro años y medio.
Contra los dogmáticos del credo neoliberal, Hollande presumió de modelo socialdemócrata: “Estamos en pleno diálogo social para reformar nuestro mercado de trabajo y nuestra competitividad. Pero la competitividad no es solo innovación y reducción de costes laborales, es también concertación y progreso. Necesitamos más seguridad, más protección, menos despidos colectivos, menos deslocalizaciones, más industria. Si hay un acuerdo social, sería histórico y permitiría a la economía encontrar un nuevo espíritu, una nueva colaboración entre todas las fuerzas productivas”. Y remachó: “Soy responsable del futuro de Francia, y no actúo para preparar la próxima elección sino la próxima generación. Ese es mi deber, los franceses debemos hacer nación, hacer bloque para reconquistar el futuro”.
Aun asegurando que Francia cumplirá los objetivos de déficit y deuda, Hollande volvió a condenar las políticas de austeridad. Explicó que “si Francia no crece es porque hay recesión en Italia y en España”, y que esa situación se debe, dijo, “a las políticas de una sola dirección”. “Hay que equilibrar la austeridad impulsando el crecimiento”, reiteró, antes de recurrir a otra ironía: “Muchos Gobiernos no socialistas vieron con alivio mi llegada hace seis meses, y hoy al hablar con ellos parece que fueran socialistas. Muchos pensamos que necesitamos más crecimiento. Cuando Grecia y España se recuperen del todo será diferente. Queremos arreglar esos problemas antes de fin de año”.
El mensaje político crucial, en un momento de desconfianza creciente, paro muy elevado, balanza comercial deficitaria, fue que Europa necesita a una Francia potente. “La decadencia no es nuestro destino. Entiendo el sufrimiento de los franceses porque la situación es grave. Vivimos, más que una crisis, un cambio de mundo. La recuperación tardará, pero vamos a conseguirlo”.
En un momento en que Berlín duda de la capacidad reformista de Hollande —el primer ministro Jean-Marc Ayrault visitará el jueves a Angela Merkel para explicarle en su propia lengua las principales medidas que está aprobando su Gobierno—, el presidente afirmó que los rumores sobre su relación personal con la canciller no son importantes. “La realidad es que la canciller y yo tenemos una responsabilidad: hacer avanzar a Europa. Y, por lo tanto, no se debe hacer nada para debilitar esta relación. Lo que importa no es lo que se diga, sino lo que nosotros decimos”.
Sobre el futuro de Europa, el jefe del Estado volvió a mostrarse a favor de “varias velocidades, incluso dentro de la zona euro”, y anunció que, “después de la unión bancaria, vendrá otra gran etapa y habrá que dar vida a la Europa política”. Según recordó, la tasa Tobin entrará en vigor a principios del año próximo. Sobre Grecia, llamó a Europa a apoyar el nuevo plan de rigor “para despejar de una vez las dudas sobre la integridad de Europa”.
Hollande también se defendió de las acusaciones de los millonarios, y tendió una mano a todos los agentes económicos para mejorar la competitividad de la industria. “La justicia fiscal no es una acusación a los que más tienen ni tampoco un expolio. Es lo que nos permite unirnos para recuperar el país. Emprendedores, jóvenes, funcionarios, sindicalistas… La única causa que vale es el futuro”.
Con tono solemne y la convicción tranquila de siempre, Hollande defendió su plan de competitividad como “una forma rápida y eficaz de cambiar el país”. “Dicen que el pacto no es chic, que necesitábamos un choque de competitividad. Pero la economía no necesita choques, sino pactos”.
Para concluir, echó un jarro de agua fría a la promesa de dar el voto a los extranjeros en las elecciones municipales –“no es la prioridad y lo que se nos pide en este momento”-, y afirmó que Francia reconoce a la nueva coalición nacional opositora Siria como el único representante legal de ese país.
Y bromeó sobre el deporte de moda en Francia, el Hollande bashing (en castellano, poner a caldo a alguien). “Lo podríamos traducir al francés con otra palabra inglesa, punching ball. Forma parte de la democracia. Y no creo que los franceses hagan mucho caso”.
Fuente: elpais.com
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