Se trata del tercer policía implicado en la causa. El acuerdo de juicio abreviado incluye una inhabilitación por seis años para ejercer cargos públicos y una multa de 2 000 000 de pesos.
Hoy - Abuso en Paraná
Jueves 27 de Septiembre de 2012 - 18:38 hs
“Para nosotros era como Messi, queríamos ser como él”
Lo dice el ex seminarista que denunció al cura Ilarraz. Asegura que en la Iglesia se sabía lo que ocurría. “Me saqué de encima una gran mochila, la Justicia tiene un efecto liberador”, apuntó.
“Cuando pasabas a la habitación del cura, uno sabía que ahí él se bañaba con sus ‘amigos’, que los acariciaba y que les tocaba los genitales.
Y eso lo sabían las autoridades de la Iglesia ”. Así lo aseguró en diálogo exclusivo con Clarín el primer testigo en la causa por “corrupción de menores agravada” en la que se investiga la conducta del sacerdote Justo Ilarraz, que fuera prefecto del Seminario Menor de Paraná entre 1984 y 1992.
En esa habitación, que estaba al final del pabellón donde dormían los adolescentes que estaban a su cargo, los seminaristas podían acceder a un televisor, cartas y un juego de ajedrez. “Si eras su amigo podías entrar y no sólo a hablar con él. Ahora eso puede parecer una estupidez, pero en aquel tiempo y para muchos de nosotros, que veníamos de pueblos chicos, eso era una atracción ”, detalló el ex seminarista S.D., que hoy tiene 37 años, y pidió preservar su identidad.
Acceder a esa habitación significaba la posibilidad de acostarse más tarde, ya que en el dormitorio de los internos la luz se apagaba entre las 22 y las 22.30. “Lo recuerdo caminando entre los pasillos del pabellón y sentándose en la cama del que escuchaba llorar o del que notaba angustiado”, dice.
Tiempo después comprendió que era la forma que tenía el sacerdote para captar a sus preferidos. “Ilarraz decidía quién entraba y a quién invitaba. Eso lo vi desde que llegué al Seminario: tenía amigos y predilectos, y los más cercanos eran todos rubios ”, precisa.
“Uno no pensaba que él pudiera hacer algo malo.
Para nosotros era como (Lionel) Messi. Todos lo imitábamos, copiábamos sus gestos, sus movimientos, y pensábamos que lo mejor que podía pasarnos era ser como él ”, indica S.D.
El ex seminarista advierte que “algunos compañeros fueron abusados, pero se niegan a hablar, supongo que por vergüenza”. Y en varios pasajes de la entrevista con Clarín asevera: “Yo hablo porque no fui penetrado”. Y decidió ir a la la Justicia cuando sintió que “era una obligación defender a quienes ni siquiera conozco, pero que pueden pasar por esta situación”.
Hasta hace dos semanas, cuando se conoció la denuncia en su contra, el padre Justo Ilarraz estuvo al frente de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en la localidad tucumana de Monteros. El ahora testigo S.D. ingresó al Seminario en 1989, con 13 años. Y se retiró en 1991, tras un campamento en Chile, donde compartió la carpa con Ilarraz y otros dos pupilos.
En 1993, lo convocaron desde la Iglesia para conocer su versión sobre la conducta del sacerdote y lo que le había provocado su accionar. “Me recibió (Juan) Puiggari, me pidió que escribiera y me dejó solo en una sala.
Pero nadie me explicó qué iban a hacer con eso ”, afirma. Puiggari, que por entonces era prefecto del Seminario Mayor y recibió las primeras denuncias contra Ilarraz, actualmente es el arzobispo de Paraná.
S.D. cuenta que junto a otro ex seminarista lo fueron a ver otras tres veces: dos en 2011 y la última en febrero pasado, para pedirle que apartara a Ilarraz y lo denunciara ante la Justicia. “Nos dijo que lo habían mandado a Roma como castigo, que había tenido un brote temporal y que ya no ocurriría más”, rememora.
Y eso lo sabían las autoridades de la Iglesia ”. Así lo aseguró en diálogo exclusivo con Clarín el primer testigo en la causa por “corrupción de menores agravada” en la que se investiga la conducta del sacerdote Justo Ilarraz, que fuera prefecto del Seminario Menor de Paraná entre 1984 y 1992.
En esa habitación, que estaba al final del pabellón donde dormían los adolescentes que estaban a su cargo, los seminaristas podían acceder a un televisor, cartas y un juego de ajedrez. “Si eras su amigo podías entrar y no sólo a hablar con él. Ahora eso puede parecer una estupidez, pero en aquel tiempo y para muchos de nosotros, que veníamos de pueblos chicos, eso era una atracción ”, detalló el ex seminarista S.D., que hoy tiene 37 años, y pidió preservar su identidad.
Acceder a esa habitación significaba la posibilidad de acostarse más tarde, ya que en el dormitorio de los internos la luz se apagaba entre las 22 y las 22.30. “Lo recuerdo caminando entre los pasillos del pabellón y sentándose en la cama del que escuchaba llorar o del que notaba angustiado”, dice.
Tiempo después comprendió que era la forma que tenía el sacerdote para captar a sus preferidos. “Ilarraz decidía quién entraba y a quién invitaba. Eso lo vi desde que llegué al Seminario: tenía amigos y predilectos, y los más cercanos eran todos rubios ”, precisa.
“Uno no pensaba que él pudiera hacer algo malo.
Para nosotros era como (Lionel) Messi. Todos lo imitábamos, copiábamos sus gestos, sus movimientos, y pensábamos que lo mejor que podía pasarnos era ser como él ”, indica S.D.
El ex seminarista advierte que “algunos compañeros fueron abusados, pero se niegan a hablar, supongo que por vergüenza”. Y en varios pasajes de la entrevista con Clarín asevera: “Yo hablo porque no fui penetrado”. Y decidió ir a la la Justicia cuando sintió que “era una obligación defender a quienes ni siquiera conozco, pero que pueden pasar por esta situación”.
Hasta hace dos semanas, cuando se conoció la denuncia en su contra, el padre Justo Ilarraz estuvo al frente de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en la localidad tucumana de Monteros. El ahora testigo S.D. ingresó al Seminario en 1989, con 13 años. Y se retiró en 1991, tras un campamento en Chile, donde compartió la carpa con Ilarraz y otros dos pupilos.
En 1993, lo convocaron desde la Iglesia para conocer su versión sobre la conducta del sacerdote y lo que le había provocado su accionar. “Me recibió (Juan) Puiggari, me pidió que escribiera y me dejó solo en una sala.
Pero nadie me explicó qué iban a hacer con eso ”, afirma. Puiggari, que por entonces era prefecto del Seminario Mayor y recibió las primeras denuncias contra Ilarraz, actualmente es el arzobispo de Paraná.
S.D. cuenta que junto a otro ex seminarista lo fueron a ver otras tres veces: dos en 2011 y la última en febrero pasado, para pedirle que apartara a Ilarraz y lo denunciara ante la Justicia. “Nos dijo que lo habían mandado a Roma como castigo, que había tenido un brote temporal y que ya no ocurriría más”, rememora.
Fuente: clarin.com
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