Los equipos nuevos sufrieron un desperfecto y debieron recurrir a estufas eléctricas. Esperan que la solución llegue en el transcurso de la jornada.
Miércoles 15 de Agosto de 2012 - 21:01 hs
Brasil invertirá 53.500 millones de euros en trenes y carreteras en 25 años
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha anunciado este miércoles un plan de inversiones para construir carreteras y ferrocarriles por valor de 133.000 millones de reales (53.520 millones de euros) en todo el país.
El plan de estímulo económico se desarrollará durante los próximos 25 años -aunque la mitad del presupuesto total se desembolsará en el lustro que viene- y las concesiones a las empresas encargadas de la construcción deberán haber concluido en septiembre de 2013. El plan contempla el trazado de 7.500 kilómetros de carreteras y 10.000 kilómetros de red ferroviaria, incluido el proyectado y polémico tren alta velocidad entre Río de Janeiro y São Paulo. Se prevé que el Gobierno de Brasilia anuncie también en los próximos días nuevas inversiones en puertos y aeropuertos.
“Para continuar siendo un país justo, Brasil debe tener una economía cada día más competitiva, con buenas infraestructuras”, ha afirmado hoy la presidenta Dilma Rousseff al anunciar el programa.
La iniciativa de Brasilia ha sido enseguida aplaudida por el sector privado, pero también por la opinión pública, ya que el talón de Aquiles del país son las infraestructuras, consideradas tercermundistas. Pero las inversiones suponen también un espaldarazo económico, ya que se prevé que la economía brasileña crezca este año menos del 2%, el registro anual más flojo desde 2009 (y una marcada caída desde el 7,5% de 2010).
El crecimiento de los últimos años se basó fundamentalmente en la expansión del crédito y en el consumo. Otras medidas adoptadas en los últimos meses por el Gobierno, como la reciente devaluación del real y la progresiva reducción de las tasas de interés, no habían logrado del todo favorecer el crecimiento.
El empresario más rico de Brasil y uno de los más ricos del planeta, Eike Batista, ha calificado el proyecto del Gobierno de Rousseff de “kit felicidad”. Según el magnate, se trata de una “iniciativa audaz”, pues "en los últimos 20 años hemos invertido muy poco en infraestructuras en relación al PIB. Me atrevo a decir que estamos con un déficit de 300.000 millones de dólares. Por ello, esta megainiciativa es espectacular”.
El ministro de Transportes, Paulo Sérgio Passos, ha insistido en que la ampliación y la mejora de las infraestructuras son “condiciones imperativas” para reducir los costes de producción del país. Passos subrayó que las condiciones para la licitación de las obras serán inflexibles.
La única incógnita que plantean los expertos es si esta vez las obras serán realmente llevadas a cabo sin que se queden en un mero anuncio como ocurrió en 2007, durante el Gobierno del expresidente Lula da Silva, cuando se anunció una inversión de 1.200 millones de reales en carreteras. Las obras deberían concluir a principios del 2013 pero, según informa el diario Folha de Sâo Paulo, solo se habían gastado 100 millones de reales hasta febrero de este año. De los ocho proyectos previstos, cinco aún no han empezado.
El Gobierno actual arguye para justificar el retraso que se trataba de proyectos mal elaborados que obligaron a introducir cambios y modificaciones por indicación de los órganos de defensa del medio ambiente.
Con el macroprograma anunciado, Dilma Rousseff se juega mucho -puede que incluso la reelección en 2014- en el caso de un nuevo fracaso en las obras anunciadas, porque la apuesta es muy ambiciosa. Los expertos, no obstante, creen que los beneficios del plan en la economía brasileña no se notarán hasta dentro de unos años.
El plan de estímulo económico se desarrollará durante los próximos 25 años -aunque la mitad del presupuesto total se desembolsará en el lustro que viene- y las concesiones a las empresas encargadas de la construcción deberán haber concluido en septiembre de 2013. El plan contempla el trazado de 7.500 kilómetros de carreteras y 10.000 kilómetros de red ferroviaria, incluido el proyectado y polémico tren alta velocidad entre Río de Janeiro y São Paulo. Se prevé que el Gobierno de Brasilia anuncie también en los próximos días nuevas inversiones en puertos y aeropuertos.
“Para continuar siendo un país justo, Brasil debe tener una economía cada día más competitiva, con buenas infraestructuras”, ha afirmado hoy la presidenta Dilma Rousseff al anunciar el programa.
La iniciativa de Brasilia ha sido enseguida aplaudida por el sector privado, pero también por la opinión pública, ya que el talón de Aquiles del país son las infraestructuras, consideradas tercermundistas. Pero las inversiones suponen también un espaldarazo económico, ya que se prevé que la economía brasileña crezca este año menos del 2%, el registro anual más flojo desde 2009 (y una marcada caída desde el 7,5% de 2010).
El crecimiento de los últimos años se basó fundamentalmente en la expansión del crédito y en el consumo. Otras medidas adoptadas en los últimos meses por el Gobierno, como la reciente devaluación del real y la progresiva reducción de las tasas de interés, no habían logrado del todo favorecer el crecimiento.
El empresario más rico de Brasil y uno de los más ricos del planeta, Eike Batista, ha calificado el proyecto del Gobierno de Rousseff de “kit felicidad”. Según el magnate, se trata de una “iniciativa audaz”, pues "en los últimos 20 años hemos invertido muy poco en infraestructuras en relación al PIB. Me atrevo a decir que estamos con un déficit de 300.000 millones de dólares. Por ello, esta megainiciativa es espectacular”.
El ministro de Transportes, Paulo Sérgio Passos, ha insistido en que la ampliación y la mejora de las infraestructuras son “condiciones imperativas” para reducir los costes de producción del país. Passos subrayó que las condiciones para la licitación de las obras serán inflexibles.
La única incógnita que plantean los expertos es si esta vez las obras serán realmente llevadas a cabo sin que se queden en un mero anuncio como ocurrió en 2007, durante el Gobierno del expresidente Lula da Silva, cuando se anunció una inversión de 1.200 millones de reales en carreteras. Las obras deberían concluir a principios del 2013 pero, según informa el diario Folha de Sâo Paulo, solo se habían gastado 100 millones de reales hasta febrero de este año. De los ocho proyectos previstos, cinco aún no han empezado.
El Gobierno actual arguye para justificar el retraso que se trataba de proyectos mal elaborados que obligaron a introducir cambios y modificaciones por indicación de los órganos de defensa del medio ambiente.
Con el macroprograma anunciado, Dilma Rousseff se juega mucho -puede que incluso la reelección en 2014- en el caso de un nuevo fracaso en las obras anunciadas, porque la apuesta es muy ambiciosa. Los expertos, no obstante, creen que los beneficios del plan en la economía brasileña no se notarán hasta dentro de unos años.
Fuente: elpais.com
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