Sociedad - Salud y bienestar

Viernes 23 de Octubre de 2026 - 10:17 hs

Días nublados: cómo impacta la falta de sol en el cerebro y en el ánimo

El neurólogo Hugo Valderrama explicó por LT10 por qué la menor exposición a la luz natural puede provocar somnolencia y dificultad para levantarse.

Levantarse con más dificultad, sentir cansancio y tener sueño durante el día pueden ser algunas de las consecuencias de una sucesión de jornadas nubladas. La luz natural interviene en la regulación del reloj biológico, que organiza los períodos de sueño y vigilia.

Sin embargo, esos efectos no deben confundirse automáticamente con un trastorno del ánimo. En diálogo con LT10, el médico neurólogo y magíster en Neurociencias Hugo Valderrama explicó que el impacto más inmediato de la menor exposición a la luz se produce sobre el ritmo circadiano, mientras que los cambios emocionales asociados a períodos prolongados de oscuridad requieren otra evaluación.

“En los días nublados, lo que pasa es que al haber menos estimulación lumínica puede haber un desajuste”, señaló. Esa modificación, explicó, puede hacer que cueste más despertarse o que aparezca somnolencia durante las actividades cotidianas.

El especialista describió que la luz ingresa por los ojos y activa un grupo de neuronas que funciona como un reloj interno. Ese mecanismo participa en la regulación de la melatonina, una hormona vinculada con el sueño, y se sincroniza también con los horarios y las rutinas.

Por eso, la respuesta no es igual en todas las personas ni aparece necesariamente ante cada jornada gris. Según planteó Valderrama, la menor estimulación lumínica es un factor que puede predisponer a sentirse más adormecido.

La luz natural también cuenta cuando está nublado

Para favorecer la sincronización del reloj biológico, el neurólogo recomendó aprovechar la claridad del día, incluso cuando el sol está cubierto por las nubes. Según explicó, la iluminación exterior puede superar ampliamente a la que se recibe dentro de una oficina.

En ese sentido, propuso pasar entre 10 y 15 minutos afuera, aprovechando la luz natural del ambiente. La recomendación apunta a recibir claridad durante el día, sin mirar directamente al sol.

Valderrama también vinculó este mecanismo con los horarios escolares de invierno. Consideró que levantarse y comenzar las clases cuando todavía está oscuro puede dificultar la activación y la atención, porque el cerebro aún no recibió la señal de la luz diurna.

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El sueño y el ánimo tienen tiempos diferentes

Consultado sobre las consecuencias emocionales, el especialista diferenció una semana de mal tiempo de los períodos de oscuridad prolongada que atraviesan algunas regiones del mundo. “Estamos hablando generalmente de meses”, precisó sobre los escenarios en los que pueden aparecer cambios anímicos asociados a la falta de luz.

Mencionó como ejemplo los inviernos de los países nórdicos y los trastornos anímicos estacionales. Estos cuadros presentan un patrón relacionado con las estaciones y pueden incluir alteraciones del sueño, del ánimo y del comportamiento.

Valderrama señaló que los antecedentes de ansiedad o depresión son relevantes para evaluar esas situaciones. También diferenció la regulación del sueño de la producción de vitamina D, en la que interviene la radiación ultravioleta: son procesos distintos y no corresponde atribuir una deficiencia a unos pocos días nublados.

Cuando la lluvia suma incertidumbre

En la región, las jornadas de lluvia pueden incorporar otro componente: el temor a una inundación. Allí, explicó el médico, el malestar también responde a la amenaza sobre la vivienda, las pertenencias y la organización familiar.

“Es un estrés agudísimo”, describió. La incertidumbre sobre el avance del agua y la necesidad de decidir si evacuar o retirar los muebles pueden dificultar la concentración y sostener un estado de alerta.

El neurólogo recordó que su propia casa se inundó en Recreo y que atravesó una situación de incomunicación con su hermana. A partir de esa experiencia, remarcó que el impacto emocional puede persistir después de la emergencia y, en algunos casos, derivar en estrés postraumático.

Las pantallas pueden retrasar el descanso

Durante la entrevista, Valderrama también advirtió sobre el uso nocturno del celular. Explicó que, aunque su pantalla no tenga la potencia de otras fuentes de iluminación, la cercanía con los ojos puede interferir en las señales que preparan al organismo para dormir.

“Uno se acuesta tarde, el cerebro sigue activo”, señaló sobre ese hábito. Según describió, la exposición a la pantalla en el momento destinado al descanso puede alterar el ritmo circadiano y retrasar la aparición del sueño.

Finalmente, aclaró que la melatonina en comprimidos tiene indicaciones específicas y que su explicación sobre el reloj biológico no constituye una recomendación para tomarla: “Esto no es para que uno lo tome”.

Audio: Escuchá la entrevista con Hugo Valderrama

Fuente: LT10

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